Mujer: Pensamientos de la vida de una mujer.

CAPÍTULO IV

DESCUBRIR TÚ PROPOSITO

CONFORMIDAD: CUANDO DEJAMOS DE PREGUNTARNOS QUÉ QUEREMOS.

¿Y si dejamos de conformarnos con el diario vivir?

¿Y si dejamos de aceptar la rutina simplemente porque es conocida?

¿Y si un día nos sentamos frente a nosotras mismas y nos preguntamos:

¿Qué estoy haciendo con mi vida?

¿Y si aquello que perseguía nunca fue realmente lo que quería?

Quizá algunas preguntas llegan para incomodarnos.

Pero también llegan para despertarnos.

Existe un momento en la vida en el que algo dentro de nosotras comienza a cuestionarlo todo.

La rutina.

El trabajo.

Las relaciones.

Los sueños.

Las decisiones.

El camino que hemos elegido.

Y aparece una pregunta que puede ser aterradora:

¿Realmente estoy viviendo la vida que quiero o simplemente estoy viviendo la vida que se supone que debo vivir?

A eso le llamo introspección.

Ese momento en el que dejamos de mirar hacia afuera y comenzamos a observarnos por dentro.

No para destruir lo que somos.

Sino para descubrir qué queremos conservar y qué necesitamos cambiar.

La introspección puede ser incómoda.

Porque cuando empiezas a preguntarte qué quieres realmente, también empiezas a descubrir cuántas cosas has hecho simplemente porque alguien te dijo que así debía ser.

Estudiar esto.

Trabajar en aquello.

Casarte a determinada edad.

Tener hijos.

Conseguir un empleo estable.

Comprar una casa.

Seguir una rutina.

Y un día puedes darte cuenta de que cumpliste muchas expectativas...

pero olvidaste preguntarte si eran las tuyas.

Y entonces comienza la transformación.

Transformarse significa comprender que no queremos limitar nuestra existencia a sobrevivir, cumplir expectativas y dejar que los días pasen.

Comenzamos a preguntarnos:

¿Qué quiero construir?

¿Qué quiero aprender?

¿Qué quiero aportar?

¿Qué clase de mujer quiero llegar a ser?

¿Qué propósito quiero darle a mi vida?

Y no siempre encontramos las respuestas inmediatamente.

A veces, primero encontramos confusión.

Y está bien.

Estar perdida también forma parte del camino.

Existe una etapa particularmente difícil:

ver cómo otras personas parecen avanzar mientras tú sientes que sigues exactamente en el mismo lugar.

Ves a alguien graduarse.

A otra persona comenzar un negocio.

A otra viajar.

A otra comprar una casa.

A otra alcanzar algo que tú llevas años deseando.

Y comienzas a pensar:

"¿Qué estoy haciendo mal?"

Pero quizá no hay nada malo contigo.

Quizá simplemente estás observando el capítulo de otra persona mientras todavía estás escribiendo el tuyo.

Y compararte constantemente puede hacerte olvidar que cada persona parte desde circunstancias diferentes.

También debemos aprender a identificar las ideas que nos limitan.

"Eso es para ricos."

"Para eso necesitas conexiones."

"Tú no das para eso."

"Eso es demasiado difícil."

"Eso no es para gente como nosotros."

"Mejor busca algo seguro."

A veces estas frases vienen de personas que nos quieren.

Y otras veces vienen de personas que tuvieron sueños, no pudieron alcanzarlos y terminaron convirtiendo su propia frustración en una regla para los demás.

Pero que alguien no haya podido hacerlo no significa que tú tampoco puedas.

Su límite no tiene por qué convertirse en el tuyo.

Debemos tener cuidado con algo:

No todo consejo es una limitación.

Existen realidades económicas.

Existen dificultades.

Existen obstáculos.

Existen cosas que requieren preparación, dinero, tiempo, educación y oportunidades.

Pensar en grande no significa ignorar la realidad.

Significa aprender a trabajar con ella sin permitir que se convierta en una sentencia.

Quizá hoy no puedas.

Pero eso no significa que nunca podrás.

Quizá hoy no tengas los recursos.

Entonces aprende.

Prepárate.

Ahorra.

Investiga.

Construye.

Busca alternativas.

Haz pequeñas cosas que te acerquen a aquello que hoy parece lejano.

Porque lo lejano puede comenzar a acercarse cuando dejamos de observarlo solamente como un sueño y empezamos a convertirlo en un proyecto.

El problema es que muchas veces queremos resultados inmediatos.

Queremos comenzar hoy y ver cambios mañana.

Y cuando no sucede, nos desesperamos.

Pensamos que no funciona.

Que no somos capaces.

Que quizá no era para nosotras.

Abandonamos.

Y volvemos a la misma rutina de siempre.

Pero algunas cosas necesitan tiempo.

Una carrera necesita tiempo.

Un negocio necesita tiempo.

Una transformación personal necesita tiempo.

Una vida diferente necesita tiempo.

No podemos plantar una semilla esta mañana y exigirle un árbol esta noche.

Hay procesos que ocurren debajo de la tierra antes de que alguien pueda ver una sola hoja.

También podemos estancarnos por nuestra propia mentalidad.

No siempre necesitamos que alguien nos limite.

A veces nos limitamos nosotras mismas.

Pensamos demasiado.

Tenemos miedo.

Nos comparamos.

Esperamos el momento perfecto.

Esperamos tener dinero.

Esperamos tener seguridad.

Esperamos dejar de sentir miedo.

Esperamos sentirnos preparadas.

Y mientras esperamos sentirnos listas, pasan los años.

Quizá nunca llegue el momento perfecto.

Quizá tengamos que comenzar con miedo.

Con dudas.

Con pocos recursos.

Con una idea imperfecta.

Pero comenzar.

Y entonces aparece una conclusión que puede cambiar nuestra manera de mirar la vida:




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