INTERLUDIO A
Proverbios 31:16-17
"Considera la heredad, y la compra, y planta viña del fruto de sus manos. Ciñe de fuerza sus lomos, y esfuerza sus brazos."
Interpretación de Sofia Ramírez
Emprendedora digital, Ciudad de México |
Okay, hermanas, hablemos claro porque ya estoy harta de las versiones romantizadas.
"Considera la heredad, y la compra."
Esto no es "ve de shopping y compra lo lindo que te llame la atención". Es evaluar riesgo, hacer números, invertir dinero que duele soltar, y luego trabajar la tierra hasta que sangre. Literalmente. La mujer de Proverbios 31 no está sentada esperando que Dios le mande un negocio por WhatsApp. Sale, mide, calcula, compra y después planta. Con sus propias manos.
En 2026, después de tres años de "carga mental invisible" —programar citas de los niños, pagar facturas, cocinar saludable mientras mi marido "ayudaba" cuando podía, manejar mi side hustle a las 2 a.m.— decidí que ya. Vendí mi carro viejo, junté lo que pude y compré un dominio + curso de marketing digital. Invertí en "tierra ajena": un nicho que nadie en mi círculo entendía (productos ecológicos para mamás cristianas). Me ciñe de fuerza los lomos (literal: empecé CrossFit porque necesitaba energía física para no colapsar), y esforcé mis brazos escribiendo contenido, editando videos, respondiendo DMs a las 3 a.m.
La gente dice: "Ay, Sofia, pero Proverbios 31 es sobre ser ama de casa perfecta". No. Es sobre ser emprendedora feroz. Romantizan el multitasking como virtud divina, pero eso es veneno. Yo reclamé este versículo como permiso: invertir en mí misma sin culpa. Si Dios multiplica lo poco de la viuda de Sarepta, también multiplica el tiempo y dinero que invierto en mi negocio cuando lo hago con sabiduría.
¿Saben qué? Mi negocio no es "para la familia" en el sentido de que todo va al hogar. Parte sí, pero parte es para mí: terapia, viajes con mis hijos, un fondo de emergencia que no dependa de nadie. Porque si colapso, ¿quién planta la viña?
En 2026, las mujeres cristianas estamos dejando de romantizar el agotamiento. Estamos comprando heredades —negocios, educación, salud mental— y plantando viñas que den fruto para generaciones. Sin pedir permiso. Porque el versículo no dice "pregúntale a tu marido primero". Dice: considera, compra, planta, esfuerza.
Y el fruto está saliendo. No perfecto, pero real.