Mujer Virtuosa

Capítulo 8

INTERLUDIO A
Proverbios 31:18-19
"Ve que van bien sus negocios; su lámpara no se apaga de noche. Aplica su mano al huso, y sus manos a la rueca."
Interpretación de Jennifer Morrison
Plano, Texas | Entrada de diario recuperada y publicada en su blog "Luz Elegida" – 15 de enero de 2026
Hoy es la primera vez en meses que apago la lámpara de la cocina antes de medianoche. Voluntariamente.
En 2024 y 2025, leí este versículo como una acusación. "Su lámpara no se apaga de noche." Pensé: eso soy yo, lavando platos a las 9:47, doblando ropa a las 11, respondiendo correos de la escuela a la 1 a.m. porque si no lo hago yo, nadie lo hará. Mi marido dormía confiado; yo ardía por obligación. El burnout me consumió hasta que un día simplemente no pude más. Lloré en la consulta de la terapeuta hasta que no quedó nada seco.
Ella me preguntó: "¿Y si la lámpara no tiene que estar encendida siempre? ¿Y si eliges cuándo encenderla?" Al principio me enfurecí. ¿Elegir? ¿Cómo, si hay niños, casa, trabajo parcial, iglesia? Pero empecé pequeño: una noche dejé los platos en el fregadero. Mark los lavó al día siguiente sin drama. Otra noche apagué la luz a las 10 y leí un libro por placer. El mundo no se derrumbó.
En 2026, estoy aprendiendo que "no apaga su lámpara" no es mandato de agotamiento perpetuo. Dorcas no velaba por culpa; velaba porque su trabajo le daba vida. Yo estoy recuperándome del burnout eligiendo: hoy enciendo la lámpara para escribir este blog, para orar, para tejer un suéter para mi hija porque me nace del corazón. Mañana la apago temprano porque necesito dormir. Mis negocios —mi hogar, mi escritura, mi pequeño grupo de mujeres cristianas que hablan de límites— van bien precisamente porque ya no quemo todo en la misma vela.
A las mujeres cristianas que leen esto y sienten que fallan porque se cansan: no fallan. El versículo no dice "nunca duermas". Dice que cuando el trabajo se hace con deleite, la luz se sostiene sin destruirte. Estoy aprendiendo a elegir mi noche. Y por primera vez, la lámpara que enciendo es mía.
INTERLUDIO B
Proverbios 31:18-19
"Ve que van bien sus negocios; su lámpara no se apaga de noche. Aplica su mano al huso, y sus manos a la rueca."
Interpretación de Esther Cortés
Artista visual, Ciudad de México | Notas para taller "Hilvanar sin Romperse" – Galería Kurimanzutto, febrero 2026
El huso y la rueca no son herramientas de producción infinita. Son instrumentos de creación sostenida.
En hebreo, "aplica su mano al huso" (shalḥah yadeha bakishor) y "sus manos a la rueca" (vekapeha tamku falej) evocan movimiento rítmico, casi meditativo. El huso gira entre los dedos; la rueca responde al pie. No es máquina industrial; es danza corporal. Cada vuelta es deliberada. Si fuerzas, la hebra se rompe. Si sueltas demasiado, se enreda. El deleite —chefetz— está en encontrar el ritmo exacto donde la mano y la herramienta conversan.
Dorcas no hilaba para cumplir cuotas. Hilaba porque el acto mismo la mantenía viva, conectada al mundo. Sus noches no eran de hustle culture; eran de presencia gozosa. En 2026, cuando tantas mujeres estamos exhaustas de la producción 24/7 —contenido, side hustles, listas interminables—, este versículo nos devuelve al placer físico del hacer lento.
En mi instalación actual ("Hilos que Respiran"), invito a las participantes a hilar lana real durante horas. No hay meta de metros hilados. Solo el giro del huso, el sonido de la rueca, la textura que cambia bajo los dedos. Muchas lloran al principio: "No tengo tiempo para esto". Luego, después de media hora, sus hombros bajan. Dicen: "Se siente como oración".
El negocio de Dorcas iba bien porque no era infinito. Era cíclico, como el huso: recoge, gira, suelta, recoge de nuevo. No producción lineal; creación que respira. En 2026, muchas mujeres buscan exactamente eso: trabajo con placer en vez de performance interminable. Apagar la lámpara no es fracaso; es sabiduría. Encenderla cuando el alma lo pide, hilvanar sin romperse.
Que el huso gire cuando deba girar.
Que la rueca descanse cuando el pie lo necesite.
Y que la lámpara arda porque queremos, no porque debemos.




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