Múndlua: El Abismo Lunar

CAPÍTULO 3

Cabe repetir que no hay nada en el mundo más doloroso que perderte en el intento de no perder a alguien más. Comandar tus intentos fatídicos te envuelven en un bucle infernal. Un bucle del cual no puedes salir una vez que se ha incrustado dentro de ti.

¿Qué tan efímero podría ser lo eterno? Cada vez es más difícil reconocerme. ¿Acaso este es el precio por mantenerse en el camino de los que han perpetuado en la derrota? No lo sé, pero lo siento, cada día me alejo más. La vida en mis ojos decrece, el miedo se extiende. Las advertencias fueron claras. Ya no puedo.

Zayra recitaba mentalmente el tipo de puesto de Guerrera Lunar al que podía aspirar en la academia. Colocó en sus muñecas dos brazaletes de acero, y en el cuello, un lindo dije de un metal parecido a la obsidiana. Todavía se sentía aturdida, y no era para menos. Haberlo logrado, a sus diecinueve años y después de un fracaso previo, era una hazaña impresionante. El porcentaje de convertirte en un Caído Lunar aumentaba mientras menor edad tenías, pues tu corazón y mente eran demasiado inocentes, débiles y fáciles de corromper. Supo que el momento había llegado. Acostada sobre una choza trataba de comprender sus temores y los recientes sucesos.

Sus pensamientos se desmoronaron por unos segundos, volviendo a pensar en aquella chiquilla llamada “Inny”.

Le resultaba bastante intrigante saber por qué un padre le permitía Canalizar siendo tan joven. ¿Qué le había hecho falta a ella la primera vez? ¿Sería acaso la diferencia de edad? No, era más que eso.

Tengo que dirigirme a los cuarteles de Redash, pensó decidida. Mis padres no deben encontrarme, y una vez inscrita, nada podrán hacer al respecto.

Un par de semanas ocurrieron tras la Canalización y la aparición de la Luna de Ignoto. Sin prisa, pero ágil, se deslizó por el tejado cayendo en un montículo de arena y pequeñas rocas que habían depositado algunos trabajadores días previos. Levantaban nuevamente los senderos, restaurando los pueblos, las casas, las aldeas y las ciudades principales. El castillo del rey era el primero en recomponerse, protegido por sus caballeros más poderosos.

MúndLua no era el mismo que había conocido.

Los ojos de Zayra habían visto la transformación del planeta ya una primera vez. A sus nueve años, cuando emergió la Luna de Terra. La diferencia era que en aquella ocasión le habían prohibido presenciar todo el cambio.

Se giró hacia el nuevo sendero. Arriba, el cielo había cambiado, reflejaba un naranja intenso, muestra de que la temperatura de Ignoto había proliferado modificando MúndLua. Zayra no percibía el aumento drástico de calor. Su misma temperatura corporal ascendía con el paso del tiempo, haciéndose natural para ella.

La temperatura del fuego depende de diversas circunstancias. El color suele ser un indicio de a cuantos grados se encuentra de manera aproximada. Durante el ciclo de fuego, el oxígeno aumenta considerablemente, puesto que ello favorece una combustión más completa y, por lo tanto, una llama más ardiente, más poderosa y más destructiva. Por otra parte, los Canalizadores de la Luna de Aqulem, ven disminuido su poder en gran porcentaje. Algunas Lunas desfavorecen el poder de otro elemento. Ignoto disminuye el poder de Aqulem.

Zayra anduvo por el sendero, tenía que, atravesar primero un par de puestos improvisados, pero que contribuían al avance de la nueva ciudad. Un desconocido se acercó por la espalda y con cautela tocó su hombro.

—¿Puedo ayudarlo? —preguntó, desconcertada.

—Así es jovencita. Mire… —volteó de donde apenas hace unos segundos Zayra había andado—. Está estropeando todo el camino, además me da la sensación de que no es consciente, pero… —Se ruborizó un poco mientras se rascaba la nuca—. Se está quedando sin ropa señorita.

—¿Qué? —Zayra se observó rápidamente, presenciando la poca indumentaria que le quedaba, consumida lentamente. El calor de su cuerpo la quemaba. Levantó sus pies para mirar su elegante y refinado calzado. En su lugar tenía un hoyo y la planta de los pies negros. Posó los ojos por donde había andado, rastros de sus huellas que incineraban todo a su paso. ¿Qué diablos? Me estoy quedando desnuda. Ahora entiendo las miradas extrañas.

—Lo siento mucho señor, eh…

—Doroel, señorita, mucho gusto —hizo una reverencia educada, tratando de no mirarla de más.

—Señor Doroel, no fue mi intención. Me gustaría poder enmendarlo, pero no tengo tiempo —Zayra miró profundamente sus ojos. Dentro del iris, parecía librarse una lucha eterna entre el color verde y un blanco perlado. Era fuerte y le calculó haber vivido durante al menos cinco ciclos Lunares.

—Lo sé jovencita, no tiene de que preocuparse. Puedo ver que usted es una de las pocas jóvenes que ha logrado Canalizar a Ignoto. Muchas felicidades por ello, pero primero tiene que buscar una tienda de ropa —habló apresurado—. En cuanto al daño provocado, yo me encargaré, pero ya váyase.

Zayra agradeció y salió corriendo. Su blusa color blanco se chamuscaba, dejando al descubierto su ombligo y el abdomen al punto de comenzar a verse la parte inferior del sostén. Las mangas habían desaparecido casi por completo y en poco tiempo no habría tirante izquierdo. Su falda color beige, que en un inicio llegaba a las rodillas, había ascendido lo suficiente para que se asomase una parte de los glúteos. Se apresuró ignorando las miradas y los susurros a su espalda.



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En el texto hay: oscuridad, darkfantasy, depresión ...

Editado: 18.02.2026

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