Múndlua: El Abismo Lunar

CAPÍTULO 6

El corazón tiene una infinidad de maneras de romperse. Algunas son causa de un acuciante deseo de querer y amar. Otras, por sucesos imprevisibles. Estos suelen ser los más dolorosos. Perder a Meiden fue la causa de la primera grieta. La segunda se ha ido abriendo paso por mi alma. Debo admitir que no fue de inmediato, pero yo lo dejé pasar, gota a gota hasta llenarse. Mi cuerpo empieza a sentirse extraño, ya no sé si me pertenece. Mis venas han comenzado a sucumbir y mis ojos no paran de arder.

Cada nueva mañana, Azor despertaba con un sentimiento insaciable que arremolinaba su corazón. Deseaba saber que tanto había avanzado Inny, y, sobre todo, que estuviera bien. Con disimulo escondía esa inquietud que lo machacaba. He pasado todos los días de su vida junto a ella. Debo confiar en que Zayra y Káer la cuidarán muy bien, pero no entiendo este vacío en el pecho. Inny pudo hacer lo que yo no, y continuará logrando todo lo que un día soñé. Seguiré esforzándome. Sus propias palabras eran un empuje de ánimo.

Antes de salir, miró una foto que se encontraba sobre una remesa. En ella, una pequeñita Inny se colgaba de sus brazos con una radiante sonrisa. Una lagrima transitó su pómulo izquierdo, la cual desistió antes de llegar al labio y terminó por ser aniquilada con su dedo pulgar. Suspiró, dejó la fotografía en donde pertenecía, se puso su abrigo roto, tomó las llaves y salió rumbo a las fábricas mirando sus zapatos.

Los Anuluns no podemos moldear y darle significado a el mundo, no podemos hacerlo como los poderosos Canalizadores.

En su cotidianidad mundana, Azor se dirigía todos los días a las grandes industrias. Ahí llevaba a cabo trabajos insignificantes y monótonos. Se reunía con miles de habitantes que tampoco eran Canalizadores. La sociedad dominada y forjada por Canalizadores Lunares, apenas y los tomaban en cuenta para grandes decisiones y trabajos. En el transcurso del paso de los ciclos Lunares, los Canalizadores más fuertes se habían establecido como reyes soberanos, haciendo que sólo sus descendientes tomarán el control en cada ruptura Lunar. A los Anuluns les asignaban tareas simples: barrer la ceniza, picar las rocas volcánicas, recolectar flora que no fuera peligrosa, cazar pequeños animales (indefensos y en grupos de diez a veinte trabajadores) y en sí, pequeñas labores para mantener funcionando las grandes maquinarias de las industrias y las ciudades principales. Ninguna Luna y ningún rey se interesaba en ellos, no importaban.

Después de una larga jornada decidió visitar un bar local. Sentado, esperó su bebida girando el cuello con movimientos circulares. Con la mano izquierda tocó su hombro derecho y lo giró, buscando destensarlo. Entre risas y conversaciones casuales distinguió ciertas palabras que llamaron su atención de una mesa cercana: “poder Lunar”. Fingió hacer caso omiso y pretender darle un trago a su bebida, pero cambió de opinión, la tomó y se acercó a la barra. Desde ese lugar podría escuchar un poco mejor.

—Te digo que lo vi, estoy seguro, tienes que creerlo —murmuraba un hombre a su espalda, volteando a todos lados con recelo—. Hace un par de noches escuché pasos y susurros furtivos que me seguían en las sombras.

—Estabas ebrio, hombre —dijo otro de ellos entre risas y desparramando el líquido por las barbas enredadas.

—Allá tú si no me crees, pero pronto saldré de estas pocilgas y podré tener para mí el poder de alguna de las Lunas. Dejaré de servirle al Rey Icnag vigésimo segundo y yo mismo lo mataré con mis propias manos. —Se levantó enojado tirando la silla y salió balanceándose.

Un frío escalofrío quemó la piel de Azor. ¿Habré escuchado mal? ¿Qué tal si es una treta para robar el poco dinero que ganamos o hacernos algo extraño? En definitiva, no es posible. Escuché mal, eso debe ser. Pero no estaba del todo seguro. ¿Y si las palabras de aquel extraño trabajador fueran ciertas? ¿Y si hubiera otra manera de Canalizar el poder de las Lunas que no fuera a través de un fragmento para Canalizar? ¿En realidad podría tener el poder para derrocar a un rey? Eso cambiaría las cosas. Podría mejorar el sistema y ayudar a todos los que lo necesitan. Se imaginó en el trono, restaurando todo en MúndLua.

Sin pensarlo más de dos veces, dejó un billete que tenía pequeñas Lunas en cada esquina, lo colocó bajo su tarro y salió decidido.

Días y noches pasaron atormentándolo. Se lamentaba no haber visto con atención a aquel extraño, pues no recordaba su cara con exactitud. Todos los días miles y miles de trabajadores distintos con caras distintas, pero con los mismos ojos apagados. Muertos. Muertos en vida. Intentó escuchar conversaciones y voces por todos los medios posibles, pero nada. En una ocasión se atrevió a preguntarle a un compañero si sabía algo sobre formas diferentes de Canalizar. Aquel trabajador lo ignoró.

Cierta noche regresó rendido al bar. No había encontrado ningún indicio, ninguna pista que lo acercara a aquellos rumores escuchados. Sin embargo, sentía que algo dentro de él crecía sin permiso ni culpa. Una preocupación más había nacido dos días antes: un nuevo precepto emitido por el rey, el cual exhortaba a todas las mujeres que acababan de cumplir los quince años a dirigirse con él. Sin importar si eran Canalizadoras o no. Azor pasó las dos noches tratando de esclarecer aquel decreto, tratando de extraer algo que fuera útil para que Inny no tuviera que hacerlo, pero era irrefutable. El desquiciado rey podía hacer y pedir casi todo lo que quisiera, y pronto, Inny le pertenecería.



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En el texto hay: oscuridad, darkfantasy, depresión ...

Editado: 23.03.2026

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