Múndlua: El Abismo Lunar

CAPÍTULO 8

Tengo una incapacidad visual, o, ¿es mental? Hay un tipo de ingenio detallado en mi cabeza. Luz, Fuego, Obscuridad… ¿Qué más hay? El odio golpea en mi frente, arremete y se estrella en mis cienes, entre mis cejas y la nuca. Me he mantenido tratando de perpetuar un equilibrio entre quién era, y quien soy.

¿Qué soy?

—Durante el Luneel 10, los ojos comienzan a reflejar el poder de Ignoto —le dijo Landel a Zayra, escrutándola durante los primeros días de entrenamiento—. Un atisbo de llamarada en el iris.

Al amanecer de la tercera semana, la escasez de luz sobre el campamento se hizo demasiado notoria. A pesar de haber dormido lo suficiente, el día seguía sumido entre cenizas volcánicas, un aspecto que hacía parecer a la noche inmovible. La leve llama de Ignoto era apenas perceptible y las montañas repletas de cristales garantizaban una falsa protección, evitando que la luz penetrara hasta el campamento. Aquel nuevo día, los jóvenes se dispusieron a retomar su entrenamiento. Durante la primera hora matutina, los novatos levantaban sus tiendas y se congregaban en grupitos para iniciar el ascenso y descubrimiento de sus nuevos poderes Lunares. No había clases diferenciadas, se unían por afinidad o algunos buscaban consejos de aquellos que ya dominaban algún Luneel ascendente.

Como era de costumbre, Zayra avanzaba con extrema rapidez, su interacción con los líderes y la Luna de Ignoto era innata. Sin darse cuenta se volvía más y más el centro de atención. Los otros Canalizadores la detectaron y empezaron a llamarla en voz baja: la elegida. Aprendía y crecía de forma exponencial. Se esforzaba al igual que el resto y ese esfuerzo por lograr el mayor control y Canalizar la fuerza de la Luna tenía sus buenas cosechas. Nordan, cautivado por su latente habilidad, le prestaba mayor atención. Incluso durante las horas del desayuno le hacía una pequeña reverencia. Káer e Inny se burlaban porque pensaban que era un tipo de coquetería de alguien mucho mayor que ella. Pero no era eso. Zayra subía drásticamente de Luneel día tras día. No podía pasar desapercibida.

Káer se había acostumbrado a proteger a Inny, su interacción en las montañas Phagnu los había vuelto un poco más cercanos. En los últimos días había notado algo que le disgustaba. Un chico del campamento había comenzado a hablar de manera inusual y constante con Inny. Sus células interrogaban sin pensar claramente. ¿Por qué siento esto? Zet es increíble, ¿por qué parece que todo el tiempo quiere estar cerca de ella? Se giró para mirarlo con un grado despectivo. Un rayo en sus entrañas lo atravesaba cuando Inny se despedía de él por las noches.

Así que esto significa entrenar con verdaderos Canalizadores, pensó Inny. Se dirigía a darse un baño en regaderas indecentemente improvisadas. Cerró los ojos, suspiró y caminó decidida. No voy aminorar mi entusiasmo justo ahora. El alba ha tocado las puertas del día de hoy, debo continuar.

Parte del entrenamiento era calentar el agua antes de meterte a la ducha. Con sus pequeñas manos delicadas inició el proceso ardiente. Se concentró, tratando de irradiar el mayor calor posible a una especie de tambo del cual salía el agua que recogían de la montaña. Había llegado al Luneel 9 con esmero. Era capaz de irradiar calor a los objetos y controlar bastante bien su temperatura corporal. Se encontraba cerca de llegar al Luneel 10.

Tardó poco menos de seis minutos en ducharse, el agua había cedido en gran medida al calor, pero cada vez se sentía menos frío. Se vistió y salió de forma drástica. Afuera la esperaba Zet.

—Linda mañana Inny. Te ves radiante —le dijo con sonrisa coqueta mientras se ponía su playera de mangas largas con franjas rojas en los brazos—. ¿Lista para alcanzar el Luneel 10?

Inny alcanzó a ver su abdomen bien definido. Miró al suelo.

—Siento que me estoy quedando atrás. Káer y Zayra ya me llevan varios pasos por delante —contestó, terminando de acomodarse las hebras color avellana.

—Has hecho un excelente trabajo. Estoy seguro que en el día de ayer, un atisbo de llamas floreó en tu iris. No hay que aminorar el esfuerzo.

—No digas mentiras, Zet. Te agradezco de corazón todo lo que has hecho por mí, pero me está costando demasiado.

—Llevas poco. Te levantas antes que el resto, te estás sobre exigiendo porque los demás a tu alrededor van a ritmo acelerado. Pero debo admitir, que tu progreso es maravilloso. Te pido no compararte con alguien como la elegida. Viene de otro mundo. No me sorprendería que en nada se esté codeando conmigo o con Yédrix.

Inny lo miró. La profundidad en sus ojos era confusa. Podía meterse y perderse en la densa nebulosidad que le proporcionaban. Agradezco de verdad su ayuda, pero a veces, prefiero hacer las cosas sola. ¿Habrá alguna manera de pedirle que me deje? No quiero ser grosera.

A un costado, alguien se acercaba a ella.

—Inny, ¿te gustaría que entrenemos juntos el día de hoy? —preguntó Káer animoso.

—Eh… —Titubeó.

—Entrenará conmigo —respondió Zet, dándole una palmada en la espalda—. Descuida, yo cuido de ella. Tú preocúpate por expandir tus ondas de calor más allá de un metro. Experimenta sintiendo emociones fuertes. La ira podría servirte. —Le guiñó un ojo.

—Lo siento chicos, los dejo —Inny salió huyendo, no sin antes sonreírle a Káer.



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En el texto hay: oscuridad, darkfantasy, depresión ...

Editado: 22.06.2026

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