Mundo de Dragones

Prologo – En algún lugar de la marcha

El galopar de los caballos era lo único que se escuchaba en aquella interminable llanura.

Aquel espacio, era tan grande, que por donde quiera que alzases la vista ni el más pequeño yerbajo hubiera sido visible con una simple mirada rápida, incluso concentrándose al máximo ni las ovejas más hambrientas podrían arrancar de dónde comer.

El buen clima que había simplemente era más que agradable, incluso cuando mirando para cualquiera de las cuatro direcciones que quisieras no había árbol alguno cerca.

Después de mucho andar un pequeño arrollo se hacía notar, había encontrado al fin el lugar.

Una única y pequeña colina se alzaba en aquellas interminables llanuras y en lo alto un pequeño manzano que era imposible de confundir con algún otro, frondoso y tan lleno de salud, que incluso, podría afirmar que nunca existiría otro igual.

De tamaño modesto reposaba en el un único fruto, que resplandecía al compás de la luz del sol que se filtraba a dura penas por las ramas de aquel árbol.

Dejando el caballo al pie de la montaña sin siquiera poder bien ponerse en pie, un hombre de aparente edad avanzada, ascendía por aquella pendiente cojeando bruscamente del pie derecho.

Su respiración era pesada, pero no se detenía. Al llegar ante el árbol, se quedó inmóvil, contemplándolo con reverencia.

El anciano se detuvo, intentando recuperar el aliento. Su pecho subía y bajaba con dificultad, su voz se resistía a salir. Con un hilo de aire, apenas audible, murmuró “Por fin ha acabado” costándole mucho poner palabra alguna en su boca.

Hablaba al árbol como si este pudiera escucharlo. La suave brisa jugaba con su cabello blanco, y sus ojos —ocultos en gran parte por cejas demasiado largas— brillaban con una alegría suave, casi invisible. Una tímida sonrisa se dibujó en su rostro mientras las lágrimas comenzaban a resbalar por sus mejillas.

Intentando a duras penas volver a vocalizar palabra alguna “Ya puedes ser libre” exclamo aun con esa dificultad visible para hablar.

Llevó una de sus manos aun temblorosas al rostro para secarse las lágrimas, pero sus fuerzas lo traicionaron. Cayó de rodillas frente al manzano y finalmente, se desplomó sobre la hierba. Solo entonces, la herida oculta en su estómago se reveló, teñida de un rojo intenso.

La sangre comenzó a extenderse lentamente, fundiéndose con el verde del pasto. Sus ojos, antes llenos de vida, empezaban a apagarse. Las pupilas se dilataban y en medio de esa oscuridad final, un pensamiento se abrió paso "Me pregunto qué habrá sido de aquellos tres niños…".

La brisa se volvió más fría, más brusca, mientras nubes negras se reunían sobre la montaña. El anciano apenas podía sostener el hilo de su conciencia. Entre las sombras de su memoria, otro recuerdo tomó forma "Espero que hayan encontrado también su camino” no pudiendo dejar de pensar en otra cosa.

La lluvia ya premeditada llego, golpeando la tierra con furia. La sangre al pie del árbol desapareció lentamente, absorbida por sus raíces. Y entonces, una nueva flor comenzó a formarse en la rama más alta, como si la vida respondiera a la muerte con un acto silencioso.

Un trueno retumbó, y el anciano, con las últimas fuerzas que le quedaban, sonrió levemente. Su voz se quebró en un ultimo susurro “Fue bueno mientras duró… Fue bueno ser parte de”

Y finalmente sus ojos al fin de apagaron, mientras la tormenta repentina arrasaba todo a su paso y la flor abría sus pétalos respondiendo al llamado de la vida aun teniendo todo en su contra.

El viento se llevó sus palabras y el silencio reinó bajo aquel pequeño árbol que, ahora, guardaba un nuevo secreto en su fruto.



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En el texto hay: aventura, magia, dragones

Editado: 27.07.2026

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