Mundo de Dragones

Capítulo 9 — Juntos por siempre

(Esto pasa poco antes de completar la misión de rescate la mayoría de las cosas se narran desde la perspectiva de Elizabeth)

El calor del salón se había vuelto insoportable a esas alturas de la noche, entre la multitud de cuerpos, las lámparas mágicas trabajando a máxima capacidad, y el peso de la corona figurativa que sentía sobre los hombros incluso sin llevarla puesta todavía. Pedí un momento de aire fresco, y dos de mis damas de compañía me siguieron de cerca hacia el balcón del ala este, tal como Kael había insistido que hicieran durante toda la noche.

La ciudad se extendía iluminada más allá de la baranda de piedra, y por un momento breve, me permití simplemente respirar, lejos del bullicio y las miradas evaluadoras de la corte entera.

No esperaba que Lucius apareciera por el borde del balcón apenas un minuto después, todavía vestido con el uniforme de la guardia de retaguardia, con una expresión que no encajaba en absoluto con la sonrisa perpetua que solía llevar.

—Necesito que confíes en mí —dijo, sin ningún preámbulo, indicándoles con un gesto brusco a mis damas de compañía que se alejaran unos pasos—. Y necesito que lo hagas rápido, porque no tenemos mucho tiempo.

Lo escuché explicar su teoría —los dragones robados, la marca del toro, la sospecha creciente de que todo apuntaba hacia mí, confirmada apenas minutos antes por algo que había visto entre las sombras del jardín trasero mientras coordinaba la defensa— con una mezcla de incredulidad y un miedo que me costó bastante disimular frente a mis damas, todavía observando desde una distancia prudente.

—¿Y qué sugieres que hagamos? —pregunté, con el corazón empezando a acelerárseme.

Se quitó su propia capa de guardia y me la extendió, junto con una capucha que llevaba enrollada en el cinturón, aparentemente preparada de antemano por si acaso su corazonada resultaba cierta.

—Cambiamos de lugar. Ahora mismo, antes de que sea demasiado tarde.

—¿Aquí? ¿En medio del balcón?

—No hay tiempo para nada más elegante, alteza.

—¿Por qué haces esto? —le pregunté, aceptando la capa entre mis manos, todavía temblando—. Podrías simplemente advertirle a la guardia y dejar que ellos se encarguen.

—Porque si tengo razón, y esto va dirigido específicamente a ti, entonces cualquier plan que no incluya sacarte del objetivo por completo va a fallar. —Se encogió de hombros, con una simpleza que no encajaba con la gravedad de lo que estaba proponiendo—. Además, técnicamente eres mi hermana adoptiva también, aunque nunca actuemos como tal. Alguien tiene que cuidarte cuando Kael está demasiado ocupado sintiéndose culpable como para hacerlo bien.

No tuve más opción que confiar en él. Con las manos temblando, dejé que me ayudara a esconder mi cabello bajo la capucha, mientras una de mis damas —la más veterana, y evidentemente la única que entendía la gravedad de lo que estaba presenciando— se apresuraba a aplicarme un hechizo de ilusión menor que había traído consigo, alterando lo suficiente mis rasgos como para pasar, con suerte, por los de Lucius bajo una luz tenue y una mirada apresurada.

—Si esto sale mal —le dije, mientras ella trabajaba—, quiero que sepas que no te culpo por nada de lo que pase después.

—No va a salir mal —respondió Lucius, con una confianza que no supe si era genuina o simplemente practicada para tranquilizarme—. Y si sale mal de todas formas, al menos vamos a estar los dos ahí para lidiar con las consecuencias juntos.

—Vas a tener que caminar diferente —me advirtió Lucius, ya ajustándose mi propio vestido dorado sobre sus hombros considerablemente más anchos, luciendo genuinamente ridículo con las costuras tensándose peligrosamente—. Menos elegante. Más como si estuvieras a punto de pelear con alguien.

—No sé si eso es un insulto o un consejo.

—Ambas cosas, probablemente.

No tuve tiempo de replicar antes de que las lámparas del salón, en el interior, se apagaran de golpe, como si la misma oscuridad hubiera estado esperando la señal exacta de que el intercambio se había completado.

—Ve —me dijo, empujándome suavemente hacia la puerta lateral que conocía de memoria desde la infancia—. Busca a Kael. Ayúdalo a organizar la búsqueda. Yo me quedo aquí a esperar a que me encuentren.

—Cuídate —le susurré, antes de que la oscuridad nos separara por completo.

—Tú también, alteza.

Fue lo último que escuché de él antes de que el plan, oficialmente, comenzara a desarrollarse.

✦ ✦ ✦

Encontré a Kael apenas unos minutos después, en medio del caos que se había apoderado del salón principal, gritando órdenes junto a un grupo de guardias confundidos. Me acerqué con el andar torpe y desgarbado que Lucius me había recomendado, esperando genuinamente que la ilusión aguantara el escrutinio de mi propio... bueno, de la persona a quien más debería reconocer entre todo el castillo.

—¡Lucius! —Se giró hacia mí con alivio genuino en el rostro—. Menos mal. Necesito que ayudes a organizar la búsqueda mientras yo voy con padre a la sala de estrategia.

Asentí, imitando lo mejor que pude el gruñido característico de Lucius cuando estaba de mal humor, y lo seguí sin decir una palabra más de lo estrictamente necesario, consciente de que cada frase adicional era una oportunidad más para que mi voz me delatara.



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En el texto hay: aventura, magia, dragones

Editado: 11.09.2026

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