Mundo de Dragones

Capítulo 10 — Promesa

Varios días habían pasado desde el ataque, y el castillo, poco a poco, comenzaba a recuperar algo parecido a la normalidad. Mis manos seguían envueltas en vendajes gruesos, inmovilizadas por orden expresa de la sanadora principal, quien había repetido la advertencia sobre el mes completo de reposo con una frecuencia que empezaba a resultarme personalmente ofensiva.

Marta se había tomado como misión personal alimentarme durante ese tiempo, insistiendo en cortarme la comida en trozos pequeños con una ternura que resultaba tan conmovedora como humillante a partes iguales. Lucius, por supuesto, no perdía oportunidad de recordarme lo gracioso que resultaba verme comer sopa con la dignidad de un bebé de dos años.

El soldado veloz que casi me arranca ambas manos de un solo golpe —cuyo nombre, según los registros que Sebastián compartió con nosotros a regañadientes, resultó ser Draven— seguía preso en las mazmorras más profundas del castillo. Lo que nadie esperaba, sin embargo, era la confirmación de lo que ya sospechábamos: Draven no era un simple mercenario contratado. Había sido, hasta hacía apenas unos meses, un soldado condecorado de nuestra propia guardia real, con un historial de servicio que incluía varias menciones honoríficas.

✦ ✦ ✦

—Un traidor dentro de nuestras propias filas —dijo mi padre, durante una de las reuniones que se habían vuelto casi diarias en la sala de estrategia—. Eso explica cómo supieron exactamente cuándo y dónde atacar.

—¿Cuánto tiempo llevaba trabajando para ellos? —pregunté, todavía procesando la traición con una mezcla de furia e incredulidad.

—Todavía no lo sabemos. Draven se niega a hablar.

—¿Se niega, o no puede? —intervino Sebastián, con una expresión seria que había aprendido a reconocer como señal de que algo particularmente inquietante estaba a punto de revelarse.

Nos explicó, entonces, lo que los sanadores e investigadores habían descubierto al examinar de cerca la marca tatuada en el cuello de Draven: justo debajo del toro rodeado de cinco estrellas, apenas visible a simple vista, había un segundo símbolo, mucho más pequeño, grabado con tinta que reaccionaba únicamente ante ciertos hechizos de detección específicos.

—Una maldición de silencio —confirmó Sebastián—. Cualquier intento de revelar información sobre la organización, ya sea voluntario o forzado mediante magia de interrogación, activa la maldición y le sella la garganta por completo. Literalmente no puede hablar sobre ellos, aunque quisiera.

—¿Se puede romper? —preguntó Lucius, con los brazos cruzados y una expresión que oscilaba entre la fascinación y la frustración.

—Estamos trabajando en ello —respondió Sebastián—. Este tipo de maldiciones suelen tener algún punto débil, alguna condición específica bajo la cual pierden su poder. El problema es encontrar cuál, sin arriesgarnos a que el intento mismo active alguna clase de mecanismo de defensa adicional que no hemos anticipado.

—Entonces por ahora estamos atascados.

—Por ahora, sí.

Alsfonso, apoyado contra la pared del fondo con los brazos cruzados, aportó su propia opinión sin que nadie se la pidiera.

—He visto maldiciones de silencio antes, en mis años de servicio. La mayoría se rompen solo con la muerte de quien las impuso, o con un ritual específico que normalmente solo conoce quien la lanzó originalmente. No son buenas noticias.

—Entonces tenemos que encontrar a quien se la puso —dijo Lucius.

—O esperar a que algo más lo delate —añadió Sebastián—. Los hombres como Draven rara vez son tan disciplinados como creen serlo.

La reunión se disolvió poco después, sin ninguna respuesta clara sobre cuánto tiempo tomaría desentrañar el misterio, ni sobre cuántos otros traidores podrían seguir ocultos entre nuestras propias filas sin que nadie lo supiera todavía.

✦ ✦ ✦

Con las investigaciones estancadas y mis propias manos todavía inútiles para cualquier cosa más allá de sostener torpemente una cuchara, Lucius decidió que ambos necesitábamos, en sus propias palabras, "dejar de pensar en toros y maldiciones por al menos una tarde entera".

—No estoy en condiciones de discutir contigo —admití, levantando ambas manos vendadas como prueba irrefutable.

—Por fin algo en lo que estamos de acuerdo.

Nos convertimos, durante los días siguientes, en visitantes frecuentes de los jardines del palacio: el mismo laberinto de senderos, fuentes, y árboles centenarios donde habíamos jugado de niños, mucho antes de que el bosque, el entrenamiento, y todo lo que había venido después se interpusiera entre nosotros y esa sencillez perdida.

Nos cruzamos con la princesa en uno de esos paseos, acompañada de sus damas de compañía, y aunque intercambiamos apenas un saludo cordial frente a testigos, la sonrisa breve que me dedicó antes de continuar su camino me acompañó el resto de la tarde de una forma que preferí no analizar frente a Lucius, que ya había desarrollado un talento particular para notar esa clase de cosas.

✦ ✦ ✦

Una tarde particularmente tranquila, sentados sobre el borde de piedra de la fuente central mientras Lucius alimentaba a los peces dorados con migajas de pan que había robado del comedor, me sorprendí a mí mismo reflexionando en voz alta sobre todo lo que había cambiado en las últimas semanas.



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En el texto hay: aventura, magia, dragones

Editado: 11.09.2026

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