Mundo de Dragones

Capítulo extra — Una cita con la princesa

✦ ✦ Parte 1: Kael✦✦

Habían pasado casi dos semanas desde nuestra llegada a la academia: dos semanas llenas de clases introductorias, patrullas discretas por los pasillos, y suficiente tarea como para hacerme añorar, contra todo pronóstico, los días de entrenamiento físico agotador con Sebastián. Fue durante uno de los escasos momentos de calma entre clases que finalmente reuní el valor suficiente para hacer algo que llevaba posponiendo desde mucho antes de que ninguno de los dos pisara aquel lugar.

—¿Quieres salir conmigo? —le pregunté, directamente, sin darme tiempo a acobardarme—. Una cita de verdad. Sin apagones, sin secuestros, sin nadie fingiendo ser otra persona.

Ella me miró con una sorpresa genuina que rápidamente se transformó en una sonrisa que llevaba semanas sin ver en su rostro completo.

—Pensé que nunca lo ibas a preguntar.

✦ ✦ ✦

Decidimos escaparnos el sábado siguiente, aprovechando que las clases de fin de semana eran opcionales y que, técnicamente, seguíamos teniendo cierta libertad de movimiento dentro del pueblo que rodeaba la academia, siempre que Lucius supiera dónde encontrarnos en caso de emergencia.

—¿Estás segura de que esto es buena idea? —le pregunté, mientras ambos nos escabullíamos por una puerta lateral poco vigilada, vestidos deliberadamente con ropa sencilla que no delatara nuestro estatus—. Si algo sale mal...

—Nada va a salir mal —me interrumpió, ajustándose una capucha ligera sobre el cabello—. Y si sale mal, ya hemos sobrevivido cosas peores que un mal día de compras.

No pude discutir esa lógica.

El pueblo que rodeaba la base de la montaña, aunque considerablemente más pequeño que la capital de Aldoria, tenía un encanto propio que no había esperado: calles empedradas serpenteando entre casas de piedra con techos inclinados diseñados específicamente para resistir las nevadas invernales, y un mercado central bullicioso donde comerciantes de todo el continente ofrecían mercancías que reconocía solo a medias.

Pasamos la primera hora simplemente caminando sin rumbo fijo, deteniéndonos frente a cada puesto que capturaba su atención, compartiendo una bolsa de castañas asadas que me recordó, con una punzada de nostalgia inesperada, a una tarde similar compartida con Lucius meses atrás.

—Esto se siente extraño —admitió ella, en algún momento, mientras examinaba un collar de plata en un puesto de artesanías—. Caminar así, sin guardias, sin protocolo, sin que nadie sepa exactamente quién soy.

—¿Bueno extraño, o malo extraño?

—Bueno. Definitivamente bueno.

✦ ✦ ✦

Estuvimos a punto de ser reconocidos una sola vez, cuando un comerciante de telas entrecerró los ojos hacia ella con una sospecha incómoda, murmurando algo sobre "un parecido asombroso con cierta persona importante". Resolví la situación lo mejor que pude, interviniendo con una broma rápida sobre lo mucho que la gente confundía a mi "prima" con la realeza, y arrastrándola hacia el siguiente puesto antes de que la conversación pudiera profundizarse más de lo conveniente.

—Buena improvisación —me susurró, todavía conteniendo la risa media cuadra después.

—Dos años esquivando jabalíes y comerciantes de esclavos mejoran los reflejos para toda clase de emergencias, aparentemente.

Almorzamos en una taberna pequeña alejada de las rutas turísticas principales, donde nadie pareció reconocer, ni remotamente, que estaban sirviendo comida a la princesa heredera de Aldoria y a uno de los príncipes adoptivos más comentados del reino. Fue, quizás, la comida más relajada que había compartido con ella en toda mi vida: sin miradas evaluadoras de la corte, sin la presión constante de comportarnos apropiadamente para una audiencia invisible.

—¿Sabes? —dijo ella, en algún punto entre el plato principal y el postre—, esto es lo que siempre quise. No los vestidos elegantes, ni las ceremonias, ni siquiera el título. Solo... esto. Momentos normales.

—Puedo acostumbrarme a darte momentos normales, si eso es lo que quieres.

—Eso espero. Porque pienso pedirte muchos más después de este.

Después de comer, insistí en detenernos en una pequeña joyería escondida en una calle lateral, con el pretexto débil de "solo querer mirar". Ella me siguió con una ceja alzada, evidentemente sin creerse del todo la excusa, hasta que señalé un par de aretes sencillos de plata, tallados con un patrón de hojas que me recordó, de alguna forma, a los jardines del castillo.

—Todavía te debo un regalo decente de cumpleaños —admití, algo avergonzado—. El relicario no contaba, técnicamente, porque llegó envuelto en medio de una crisis de secuestro.

—El relicario contó perfectamente bien, Kael.

—Aun así. Déjame hacer esto bien, por una vez.

Se los compré sin dejarla protestar demasiado, y la sonrisa que me dedicó al ponérselos ahí mismo, frente al espejo pequeño y manchado del mostrador, valió cada moneda gastada varias veces sobre.

✦ ✦ ✦

Terminamos la tarde sentados en un mirador natural en las afueras del pueblo, con toda la academia y sus torres imposibles extendiéndose a la distancia bajo la luz dorada del atardecer. No dijimos mucho durante ese último tramo del día; no hacía falta. Simplemente compartimos el silencio, su mano entrelazada con la mía, mientras el sol se ponía lentamente detrás de las montañas.



#1829 en Fantasía
#374 en Magia

En el texto hay: aventura, magia, dragones

Editado: 11.09.2026

Añadir a la biblioteca


Reportar




Uso de Cookies
Con el fin de proporcionar una mejor experiencia de usuario, recopilamos y utilizamos cookies. Si continúa navegando por nuestro sitio web, acepta la recopilación y el uso de cookies.