Muñequita de porcelana

Diario de lilith

Sentada en el balcón de mi casa, solía hacerlo cada tarde alrededor de las 5:30. Tenía una vista maravillosa del sol cuando alcanzaba su punto naranja; ese instante en el que no quema ni incomoda, solo permite apreciar su belleza, su esplendor, su calidez. Me gusta detenerme a observar cada rincón de la naturaleza cuando el verano me lo permite.
A pesar del sofocante calor del día, me regocijaba con la brisa fresca que hacía danzar mi cabello. Me gusta esta parte de mi vida en la que solo importo yo, nadie más.
Era 1880, París: el lugar donde había crecido toda mi vida, donde el papel más importante de mi familia se dividía entre la milicia y el arte del ballet. En este momento tengo diecinueve años y mi nombre es reconocido por ser un prodigio del ballet. Suelo ser una chica carismática, de cabellos rizados y rubios, contextura delgada y piel tersa y pálida.
Lo que más resaltaba de mí eran mis enigmáticos ojos almendrados de color azul…
Un azul como el sol de primavera reflejado en aguas cristalinas; un azul que envolvía, que atrapaba, que enjaulaba a quien se atreviera a mirarlos demasiado tiempo.
Y eso…
eso sería el inicio de mi desgracia.




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