Aurora
Podía sentir el furor y la euforia del momento. Sabía que había causado incomodidad, pero también felicidad entre mis amigos y familiares. Con mi presentación se dio por finalizada la participación de los concursantes.
El director y dueño del Garnier subió al escenario mientras yo me dirigía tras bambalinas junto a mis compañeros, quienes me miraban con respeto y admiración por lo que había hecho.
—Estuviste sensacional —me dijeron, y sonreí.
—Vaya… —aplaudió Sofía en seco—. Debo admitir que estoy un tanto impresionada, no te lo niego. Aun así, sigo pensando que te falta mucho.
—Cuida tu tono, Sofía —respondió Loty, colocándose frente a ella—. Mejor hazte a un lado, no necesitamos tu mala vibra.
—Tranquila, muñequita, el problema no es contigo —rió—. Yo nunca te vería como rival. Eres insignificante, de segunda. ¿Crees que por eso estás aquí? Tus hechos no llegan a nuestros oídos —volvió a reír—. Yo que tú no me metería en esto… ¿o piensas llamar a tus papis? Esto no es España, Loty, ubícate.
Se giró, dándonos la espalda.
—Tienes suerte, porque buena en esto no eres ni lo serás.
Loty intentó lanzarse sobre ella, pero Low la detuvo.
—¿Qué haces?
—Esa insolente tendrá su merecido.
Intentó acercarse de nuevo, pero apareció el hombre de vestimenta ridícula.
—Por favor, hagan silencio. Necesitamos anunciar a los finalistas.
—Sin más que decir, esta vez solo entrarán a la final cinco concursantes, quienes se han preparado hasta hoy y han dado frutos de ello. Reciban un fuerte aplauso para Loty, Low, Jean Volkov, Sofía… y, por supuesto, Aurora Dumont.
Estos cinco concursantes dejarán todo en el escenario la próxima semana, y así conoceremos al nuevo ganador.
Salimos al frente. Uno de nosotros ocuparía ese lugar.
Mis ojos se cruzaron con los de Sofía. Vi sus labios formar la palabra mío. No sabía si se refería al concurso o a Alejandro, pero no debía importarme. Lo único importante era ser la mejor.
A la mañana siguiente intenté relajarme. Low siempre me recomendaba baños con rosas y un poco de cera derretida para mantener el tono rosáceo de la piel. Lo de las rosas lo entendía; lo de la cera no tanto, pero según su madre era un antiguo truco familiar. Lo seguí. Su madre tenía una de las pieles más bellas que había visto.
Desde el primer baño sentí mi piel tersa, limpia, suave. Al secarme, me sentía rejuvenecida, como la piel de un bebé. El truco de Low era real. Apliqué cremas artesanales por todo mi cuerpo cuando, de pronto, un dolor intenso atravesó mis caderas y la espalda baja. Luego sentí el flujo entre mis piernas.
La menstruación.
El dolor era insoportable. Llamé a gritos a Lola mientras intentaba cubrirme. Entró de inmediato.
—¿Qué sucede, señorita?
—Me ha venido la menstruación. Necesito algo para el dolor.
Salió corriendo y regresó con todo lo necesario. Luego me acosté para descansar.
—¿Podrías traer el diario del armario?
Lo hizo y se retiró.
Diario de Lilith
“Gilbert es un buen ser humano, una magnífica persona. Lamentablemente ha tenido que unirse a la guerra, ya que Alemania nos la ha declarado. Las clases de ballet se han suspendido. Mi periodo no ha vuelto… y eso solo significa una cosa: un bebé.”
Seguí leyendo. Nunca hizo público su embarazo. Nunca dijo quién era el padre.
¿Quién es mi padre?
“He llorado en soledad durante todo el embarazo. Madame solo se dedicaba a tratarme mal. ¿Mi error? Enamorarme. Ese fue mi pecado. Pero este hijo es parte de mí. Nadie tiene derecho a decidir si debo tenerlo o no.”
Las lágrimas comenzaron a caer. Nunca supe lo duro que fue para mi madre. Cerré el diario con un nudo en la garganta. El dolor físico había pasado, pero el emocional permanecía.
—No quiero ver a nadie —dije cuando tocaron la puerta.
Aun así, entraron. Era Loty. Me derrumbé en su abrazo.
—No sé qué te pasó, pero puedes llorar conmigo.
Pasamos el día practicando. Luego hablamos.
—¿Has averiguado algo más sobre tu familia o sobre Malakai?
—Solo sé más de mi madre… y del chófer. Se tenían mucho cariño.
—Tiene sentido. Quizá él sepa cosas que no ha dicho.
La idea quedó resonando en mi mente.
Durante la cena, mi tío William habló:
—Estoy orgulloso de ti. Pero no quiero fallas.
—William —intervino Madame—. Aquí lo único que importa es ganar, ¿cierto, Aurora?
Asentí.
—¿Lo dicen por mi madre?
El silencio cayó como una losa.
—No se habla de Lilith en la mesa —dijo William.
—¿Por qué siempre dices “Lilith” y no “mi madre”?
Mencioné el diario. Sus miradas se endurecieron.
—Necesitamos ver ese diario.
—Es mío —respondí—. Me lo dejó mi madre.
—No se discute —ordenó mi tío—. Tráelo.
Lola ya lo tenía.
Esa noche leí fragmentos que me destrozaron. Palabras crueles. Juicios. Rechazo.
Madame sabía. Siempre supo.
Me levanté.
—¿A dónde vas?
—A mi habitación. Y créanme, si tuviera otro lugar, no sería este.
Los días siguientes solo entrené. No hablé con nadie. Planeé irme. Cada vez que veía a Malakai, su desprecio ya no me afectaba.
Hasta que hablé con Gilbert.
—Cuénteme de ella.
—Verte es como verla a ella.
—¿Conoció a mi padre?
—No. Ella no fue correspondida.
—Quizá el diario tenga más respuestas.
—Deberías releerlo —dijo—. A veces lo esencial se oculta en lo que creemos ya leído.