Muñequita de porcelana

Desde el inicio

Voz omnisciente
Era un momento difícil para Aurora, pero a la vez el más satisfactorio. Esto era lo que ella quería, y no solo ella, sino todos los que la rodeaban. A pesar de haberse enterado de tantas cosas, no se dio por vencida. Sentía una profunda satisfacción al haber obtenido el primer lugar en la competencia; nos había demostrado que, por más dolor que carguemos en nuestras vidas, nada puede detenernos si así nos lo proponemos.
Era evidente por qué era hija de Lilith: una mujer de determinación inquebrantable. Pero ahora el mundo lo sabía. Aurora no solo compartía el apellido Dumont, sino también el Valoy: dos familias obstinadas en adquirir poder cuando se lo proponen. A todos les costaba asimilar que fuera hija de dos linajes enfrentados en guerra.
El Garnier quedó en silencio cuando el propio Malakai alzó la voz y declaró ante el mundo que había tenido una hija en secreto con Lilith. Era algo que nadie esperaba, ni siquiera él mismo. Era seguro —o al menos probable— que ambas familias no se lo tomarían del todo mal, pero la pregunta persistía:
¿por qué los Dumont habían ocultado algo así?
¿Ellos ya lo sabían?
Nadie lo entendía, y quizá quien más dificultad tenía para asimilarlo era Aurora. Ahora debía cargar con el peso de todo.
La pregunta retumbaba en cada rincón del Garnier:
—¿Dónde está Lilith?
Desde hacía tiempo se llevaba a cabo una investigación en todo el territorio bajo dominio de los Valoy, porque muchas piezas comenzaban a encajar. De Loty no se sabía nada hasta entonces, y lo único que Aurora deseaba era compartir ese momento con ella. Buscó entre el gentío, pero solo encontró a Low, que la miraba con admiración, a pesar de haber sido descalificado tras los golpes que Alejandro le había propinado.
De Sofía solo había una certeza: fue una rival perfecta. Al cruzar miradas con Aurora, hizo una reverencia y, sin más, se mezcló entre la multitud hasta desaparecer. Había sido una gran contrincante; sabía quién era y merecía respeto. No ganó, pero ofreció un espectáculo excepcional, y eso, para Aurora, era más que suficiente.
De Alejandro no se supo absolutamente nada. Era evidente que las palabras de Aurora la última vez no habían sido en vano. Su familia había actuado. No permitirían que nada ni nadie interfiriera en los sueños de la más joven de los Dumont.
Tenían poder, dinero e inteligencia. No estaban donde estaban por casualidad; sabían cómo usar cada cosa a su favor. Eso fue lo que Alejandro nunca entendió. Jamás dimensionó cuán poderosos eran, y aunque Aurora se lo advirtió, no escuchó. Ahora la realidad se imponía.
Low fue quien llevó la peor parte: Alejandro le rompió una costilla, le fracturó una pierna y le destrozó la nariz. Aun así, solo agradecía que su amiga hubiera ganado el primer lugar. Parecía que todo estaba, por fin, donde debía estar.
Pero… ¿y si todo esto no era más que un efecto mariposa?
¿Y si todo podía cambiar?
¿Y si las cosas tenían otro desenlace?
¿Y qué alteración de la realidad traería el hecho de que Lilith estuviera viva?
¿Y si, en ese mismo instante, se encontraba en el Garnier y nadie lo sabía?
¿Y si estaba viva… por qué no había buscado a su familia?
¿Por qué no había regresado por su hija, quien más la necesitaba?
Solo quedaba una pregunta suspendida en el aire, esperando ser respondida:
—¿Cuál es la verdad?




Reportar




Uso de Cookies
Con el fin de proporcionar una mejor experiencia de usuario, recopilamos y utilizamos cookies. Si continúa navegando por nuestro sitio web, acepta la recopilación y el uso de cookies.