—Me he dedicado a organizar bodas, y no solo eso, arreglo matrimonios para las personas que piensan que nunca podrían casarse Hanna —expliqué con tranquilidad fingida. — Digamos que es como un restaurante de cinco estrellas, todos los comensales quieren pedir el plato principal, ese que es el más reconocido de su carta. Pero nunca se encuentra.
—¿A dónde quieres llegar con tu alegoría Valeria? No soy un niño de primaria para no entender.
—Solo escúchame, es más fácil entenderlo así. ¿Por qué crees que la gente sigue yendo a ese tipo de restaurante sabiendo que es casi imposible poder pedir ese plato?
—Bueno, supongo que es porqué quieren probarlo, si tiene tanta publicidad y buenas reseñas es por algo, cualquiera quisiera darle un bocado.
—Exacto. No se trata de si es bueno o no, se trata de que muchas personas también lo quieren, las personas suelen seguir lo popular, lo que desean tener un día.
—Entonces, ¿ese hombre es el plato principal del matrimonio?
—Algo así. Murdok Smarnova es dueño del grupo Smarnova, como compañía es no tan escuchado, pero seguro sabes de todos los negocios en los que invierte, hay hoteles, clubes, centros comerciales, es patrocinador de varios eventos deportivos, de moda, de caridad. Tiene millones bajo su nombre, y está soltero desde que entró a la lista de los diez CEO más exitosos de la ciudad.
—Pero, debe de tener algún defecto para no estar casado. También has trabajado con muchos hijos de magnates, arreglas matrimonios, ¿por qué nunca lo viste?
—Esa es la cuestión, es claro que mis demás clientes que tienen otro tipo de situación económica no piden conocer a alguien que a sus ojos es inalcanzable. En cambio, los que tienen todo el presupuesto para organizar diferentes citas, es lo primero que piden. Bueno la mayoría son las mujeres, quieren que les presente a Murdok Smarnova.
—¿Y lo has logrado?
—Para nada —suspiré, era el hombre más inaccesible de la ciudad, solía guardar diferentes carpetas con los nombres de las parejas que estaban disponibles, que ya habían manifestado interés por casarse o empezar una relación romántica seria. En especial los ricos, pero Murdok Smarnova nunca estaba allí. — Ya es una petición que espero de mis clientes, he intentado contactarme, hablar con sus asistentes, incluso conseguir su número privado. Nada.
—¿Y por qué crees que ahora quiera contratarte? Dices que es como un fantasma social.
—No lo sé, es seguro que el hombre que llamó a la agencia no era él. Debe tener otros motivos, eso no es lo que importa, este es el reto que he estado esperando, puedo cobrar una suma grande por mi servicio. Con esa ganancia sería suficiente para poder pagar los costos médicos de Carolina por más de un año completo. Y me funcionaría como publicidad, las demás familias confiaran en mí.
—¿Cómo sabes que quiere encontrar pareja y no organizar una boda? Literalmente solo me dijeron que querían firmar un contrato cuánto antes contigo.
—Si está tan desesperado es porqué necesita una esposa, la boda es lo de menos. Hay suficiente tiempo, moveré mis citas con mis clientes, buscaré un espacio para tener una charla. No me iré hasta que firme un contrato conmigo, quizá sea la cuota más cara que cobraré. Vale la pena.
—¿No piensas que es arriesgado? La mayoría de los hombres que vienen para que seas su casamentera son figuras más públicas, sabes los gustos, intereses, el tipo de persona que son. Así es más fácil buscar una pareja que vaya acordé a los que buscan.
—Acepto que será una tarea difícil, no imposible. Murdok Smarnova tiene treintacinco años, no es sociable, y en sus entrevistas da la imagen de ser demasiado cerrado. Aunque es atractivo, de dinero —moví la cabeza asintiendo— puedo trabajar con eso.
—¿Quién soy yo para cuestionar a la diosa del amor? —se burló Hanna, sabía que podía ser un reto, pero pensar en la oportunidad me daba esperanza de que lo lograría.
—Hablando de otra cosa Val, ¿él te ha vuelto a llamar?
—No quiero hablar sobre eso ahora.
—Es que, no me has contado nada, solo me preocupa que haya hecho algo.
—Me pone de mal humor pensar en lo que pasó. Para que estés más tranquila, no ha llamado, igual eliminé su número. No quiero saber nada de él. —apreté los labios, ya me había liberado de su estúpida presencia, alguien le dio mi número privado, estuvo llamando como loco. No atendí.
—Ya es hora de ir a casa, asegúrate de enviar los protocolos. Y si te vuelven a contactar de parte de Murdok Smarnova, dímelo de inmediato. —saqué la tarjeta para pedir la cuenta de los cafés.
[...]
Mi departamento estaba en una zona más alejada de los grandes edificios, tenía una casa propia de dos pisos, aunque era pequeña era suficiente para mí. La zona era tranquila, cerca de todos los servicios indispensables, un garage para mí auto.
Abrí la puerta colgando la chaqueta que llevaba encima, me quité los tacones negros para dejarlos en el zapatero que intentaba mantener con orden. En las paredes tenía fotografías de mi familia, cuadros con paisajes a dónde había viajado para organizar distintas bodas.
Calenté la comida del día anterior, no era tan pésima cocinar, pero a veces el cansancio me obligaba a pedir comida a domicilio. La pasta del restaurante del centro era excelente, saque de mi bolso la laptop, busqué las noticias sobre el grupo Smarnova.
Para ser una casamentera tenía que indagar bien en mi cliente. Sabía que querría a una mujer con su misma posición, o al menos de clase media, si intentaba emparejarlo con cualquiera era seguro un problema.
Cuando se hablan de diferentes vidas e implica el dinero, las discusiones aumentan. Quizá una actriz o una cantante serían demasiado obvio, ese tipo de mujeres tienen menos libertad. Los fanáticos podían desaprobar su matrimonio con un hombre como el señor Smarnova. Perderían más con él, puede que sea mejor buscar a mujeres empresarias o herederas de buenas compañías.