Murdok: Buscando una esposa

Cap 03

Después de que mi compañía comenzó a tener un mayor éxito y entró en la lista de nuevas empresas con futuro, recibí atención de algunos medios de comunicación. Me entrevistaron en una pequeña sección de un programa de entretenimiento que se trasmitía durante las mañanas, en todo el país.

Mi idea era presentarme y promocionar mi negocio que estaba en ascenso, desafortunadamente capté la atención de mi madre, que desde algún rincón me llamó al antiguo número que aún conservaba para reclamarme sobre lo malagradecida que era.

Me fui del pueblo cuando mi hermana tuvo que ser internada, para conseguir un trabajo que diera un salario mayor al que podía obtener en los trabajos sencillos de ahí. Mi madre por otro lado, se empeño en buscar cualquier ahorro que hubiera escondido en la casa, lo gasto en alcohol y en las apuestas que tanto adoraba.

Su meta, conseguir un hombre del pueblo, quizá al jefe de policía o al presidente que tenía problemas con su esposa. Gasté lo que tenía para la matrícula de la universidad para viajar hasta Nueva York, con autobuses y ferris, llegué sin demasiado.

Cuando mi madre se dió cuenta de que tenía reconocimiento, no dudo en aprovechar, reclamo los años de crianza que me dió, los gastos que hizo en mí, no dejo de culparme por lo que le pasó a Carolina. Y si no era suficiente, me amenazó con enviarles a los medios todas las pruebas que tenía sobre lo que sucedió con mi hermana. Apenas estaba desarrollando mi empresa, no podía perder lo que construía con mis propias manos.

Acepté envíar cada seis meses el dinero que me pedía a cambio de que no volviera a aparecerse, que me dejará en paz.

—Ya sabes que dicen que no hay mala publicidad, ahora tienes un edificio donde están tus oficinas. Te está yendo bien con la organización de bodas, te he recomendado con todas mis amigas, mi madre también se la pasa presumiendo que me encontraste un novio tan lindo —Génesis se dió cuenta que necesitaba aliviar la conversación, Frank era el hombre que le presenté, era abogado en una reconocida firma. Era amable, paciente, y se enamoró de ella en un par de citas, por su parte Génesis no tenía interés, sus anteriores parejas la habían hecho sentirse acomplejada, decían que era demasiado difícil de querer.

—Quiero hacer un buen trabajo, quizá también estoy preocupada por la imagen pública que han tenido de mí los últimos meses. ¿Recuerdas a esa reportera que me juzgó en vivo?

—Es una odiosa.

—Me llamó, una manipuladora, que lucro con los sentimientos de las personas que se sienten solas. ¿Es lo que opinan de mí? Soy muy consciente de que mi empresa no es normal, no me dedico a vender productos, doy un servicio que es un privilegio para muchos. He logrado que todas las parejas tengan un matrimonio estable, y algunos no quieren casarse, es una opinión respetable, pero yo hice que esa unión fuera posible. Creo que les doy felicidad, vendo oportunidades, no amor. Es lo que no parecen entender.

—Solo los que hemos trabajado contigo sabemos que es lo que sucede en realidad en tu empresa. Eres una mujer con grandes ideas Val, la realidad es que esa reportera es una amargada. Su esposo la engañó con una de las modelos de la agencia Starship, así que decidió culparte por organizar la boda después.

—No sabía nada de su historia antes de firmar el contrato, cuando me enteré traté de ser profesional, incumplir el contrato era meterme en problemas legales. Además, ¿cómo iba a saber que esa relación surgió por infidelidad? —suspiré, en ese entonces me sentía culpable, pero nunca lo hice con intención de hacer sentir mal a Zoey, la reportera.

—No fue tu culpa, es independiente a ti. Solo enfócate en cumplir con lo que quieres. Si tú meta es hacer que alguien como Murdok Smarnova se casé, hazlo. No hay imposibles para Valentina White.

Todavía recordaba ese día, la boda se efectuaría en un salón que tenía la vista perfecta en Central Park. Llevaba un año alistando los preparativos, la novia, una modelo de veintitrés años con cabello rubio, Becky, y el novio, Ronald el conductor de televisión, que ahora cubría el noticiero.

Normalmente, estoy en la boda para coordinar que todo salga según lo ensayado, junto con mi equipo mantenemos el orden entre los invitados, en caso de un contratiempo es nuestro trabajo arreglarlo sin perjudicar a los novios.

La recepción se había completado, todos ocuparon su asiento para comenzar la ceremonia. Cerraron las puertas para que la música de entrada sonara, cuando una mujer de cabello largo con un aroma alcohólico llegó de repente.

—¡Déjenme pasar! ¡No voy a dejar que esto continúe! —gritó agitando la botella de vino que llevaba en la mano.

—Llamen a seguridad —pedí a través de la radio que nos conectaba a todos.

—¡Tú! Eres esa mosca muerta que accedió a esto, ¿qué no eres la que vende el amor? ¿Y te pones a decir que está es una boda llena de amor?

—Señorita, le pido que abandone el recinto antes de que llame a la policía, por interrumpir un evento privado.

—¿Qué no puedo estar aquí? ¡Si yo me casé aquí, con el mismo hombre que está allá dentro con esa zorra!

Apreté los labios, los hombres de seguridad estaban acercándose.

—No quiero usar la fuerza, salga por favor.

—¿De verdad no me reconoces? Fui quién te hizo esa entrevista, te di foco en televisión y tú ¿armas una boda con mi esposo y su amante? —rio.

—¿Zoey Larson? —pregunté en voz baja, claro que no la reconocí, llevaba una camiseta larga y pantalones cortos, el cabello despeinado y el maquillaje corrido.

—Que hipócrita eres, voy a exponerte, les diré que haces todo por dinero. ¡No tienes ética! —me arrojó la botella de vino, la esquivé, cayó al piso haciendo una gran mancha roja y pedazos de vidrio.

Los de seguridad la sacaron con fuerza, en el camino seguía gritando sobre que ella terminaría con mi carrera.

—Limpien este desastre. Aumenten la seguridad en las puertas, no quiero otra interrupción de este tipo —les ordené, mientras buscaba un lugar donde esconderme, entré a la bodega de blancos. Mi corazón latía con fuerza y mis manos tenían sudor frío, me asustó verla de una manera tan descontrolada, y que me amenazara.




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