Era cierto que también tuve algo ocasional con un par de chicas, me sentía mal de ya no recordar sus nombres o sus rostros.
Mi madre insistía en que debía darle un nieto pronto, que estaba envejeciendo para ser una abuela y no tenía nadie que la llamara así de verdad.
A veces pensaba que estaba obsesionada con tener un nieto porque solo tuvo un hijo, supe que intentaron tener más, cuando tenía trece años ella estaba embarazada, lamentablemente lo perdió en unas semanas.
Recuerdo visitarla en el hospital, mi padre no se despegó de ella ni un segundo. Mi niñera era quien se encargaba de enviarme a la escuela, mantener algo que comer y darme las buenas noches.
Cuando mi madre regresó intento que no me diera cuenta la tristeza que sentía, añoraba tener otro bebé, darme un hermano u hermana para hacernos compañía mutuamente.
Después de ello, no volvieron a intentarlo. Pienso que el dolor de perder algo que deseabas tanto los destrozó, y para proteger su corazón decidieron detenerse. También hubo un punto donde quisieron adoptar, aunque los procesos eran tardados, rechazaban sus pedimentos por miedo a que un día fueran como otras familias con dinero. Qué solían maltratar a los hijos adoptados, o usarlos como anzuelo para empatizar con diferentes dueños de empresas.
Lo que he creído desde entonces es que cuando uno adora demasiado algo que no puede tener, solo existe el sufrimiento. Por eso he mantenido la distancia de cualquier relación posible, incluso ahora, este matrimonio es por beneficio.
No necesito algo real, mi madre estará contenta si le presento a una esposa. Ya plantearé un divorcio en buenos términos, una buena pensión para agradecer el trabajo en equipo.
Terminé de lavar los platos, me metí a la ducha antes de dormir, el baño tenía el azulejo azul oscuro, la regadera con puertas de cristal, el espejo con el tocador con pocos productos necesarios para la higiene personal.
—¿Qué tipo de cita debo organizar para encontrarme con ella? Debería ser un lugar sin personas que puedan molestarnos, quiero que note mi compromiso con el matrimonio arreglado —pensé envolviendo mi cadera con la toalla mientras sacudía mi cabello.
Mi habitación tenía una cama en tamaño queen, nada mejor que dormir cómodo. Me coloqué una de las pijamas que no dejaban de regalarme, como si no hubiera algo más adecuado.
En la cama mantenía mis ojos fijos en el techo, está casa era lo único familiar que tenía en mi vida. Cerré los ojos un momento, el rostro de Valentina White estaba presente, me preguntaba cómo sería su voz, su risa, que clase de intereses tenía, sus razones por las que quería casarse conmigo. ¿Por qué aceptaría un matrimonio por conveniencia?
No me dí cuenta cuando fue, que me quedé dormido. A la mañana siguiente me arreglé, con uno de los trajes que parecían el uniforme de todos los días, bajé hasta el estacionamiento donde saque uno de mis autos para conducir hasta la oficina.
Había comprado un viejo edificio que solía ser una fábrica que tuvo que cerrar debido a las ventas bajas, convertí los veinte pisos en distintos departamentos para manejar las finanzas del grupo. Cómo nos volvimos inversionistas en distintos tipos de empresas, nuestro personal también era variado.
Necesitaba expertos para opinar de los negocios, las campañas publicitarias, los nuevos métodos que nos posicionaran en la cima del mercado.
Ernesto Díaz trabaja en la publicidad, se aprovechaba de mi imagen para colocarla en cada medio posible. Creía firmemente que entre más supieran de mí, mayor atención tendríamos.
Lo conocí cuando comencé a buscar personas que pudieran ayudarme a establecerme como compañía en Nueva York. En ese entonces, lo habían despedido de su antiguo trabajo por recorte de personal, estaba saltando de un lado a otro buscando un salario mínimo. Cuando supo que era el hijo de los famosos Smarnova no quiso alejarse de mi lado.
—¿Cómo estás? Tengo buenas noticias Murdok —me saludó en la entrada con un café en las manos, era una ofrenda de paz, para su suerte estaba de buen humor.
—Bien, estuve pensando en lo que me dijiste.
—Digo muchas cosas. ¿Te refieres a lo de tener el encuentro con esa mujer?
—Sí. De todas las candidatas que me mostraste, ella parece ser la más adecuada. Un perfil bajo. Empresaria.
—Claro que es adecuada, es discreta en todo sentido. Pienso que tendrás suerte con ella. Volví a contactarme, me dijeron que ella pone el día y la hora, pero eres el encargado de buscar un lugar.
—Perfecto —había buscado los restaurantes con mejor calificación en línea, tenía que rentar todo el lugar antes de que alguien más lo hiciera. — ¿Quién te ha indicado eso? ¿Sus abogados?
—Supongo, se toma en serio este tipo de cosas.
—Es lógico —si tenía a sus abogados enterados significaba que estaba segura de aceptar el matrimonio, alcé las cejas con una sonrisa leve.
—En otro tema, llegaron las invitaciones a la fiesta de caridad anual. Cómo se acercan las festividades planean hacerlo en algún día antes o después de navidad.
—Agendalo. Si la invitación llegó aquí, entonces también mis padres tienen la suya, son los patrocinadores principales.
—Faltan exactamente dos meses para navidad. El invierno ya está por comenzar, ¿ya sabes lo que dirás sobre tu repentino matrimonio?
—Pienso venderle la exclusiva a una de las revistas, así ellos se encargarán de publicar la noticia. Aún no considero si se realizará una ceremonia para no levantar sospechas.
—¿Y qué hay del registro civil? Pienso que sería mejor solo redactar un contrato, llevar este paso legalmente sería más complicado en caso de que, en el divorcio pida más de lo que estás dispuesto a dar.
—No lo sé. Ya tengo muy presente el tipo de obligaciones que tendré una vez anuncie que me he casado.
—Bueno, ya tendrás tiempo para hablar de eso. La reunión empieza en una hora —Ernesto salió de mi oficina, aún estaba pensativo sobre conocer a la mujer que se convertiría en mi esposa.