Murdok: Buscando una esposa

Cap 08

Murdok

Esa noche, no pude dormir, me quedé despierto sin cerrar los ojos. Después de enterarme que Valentina White no estaba ahí para ser mi esposa, el nuevo sentimiento de vergüenza se apoderó de mí.

Cuando llegué a la entrada del restaurante, no había rastro de ella, interrogué al valet, quién me reveló que Valentina condujo tan rápido como entró a su auto.

Me subí a mi auto, desesperado marqué el número que recién había agregado, pero ninguna llamada fue contestada. Sin saber a dónde ir o buscarla, terminé enfrente de la casa de Ernesto.

Toqué el timbre desenfrenado, Sara, su esposa, abrió la puerta con una molestia en los ojos, su barriga de embarazada era notoria.

—Señor Smarnova, ¿qué hace aquí? —dijo entre dientes, entendía que me odiaría por hacer trabajar tanto a Ernesto, e ir sin aviso a su casa, no me ganaba buen trato.

—Necesito hablar con Ernesto. ¿Está en casa?

—Sabe que es fin de semana, y es día libre. Ha tenido a mi marido todo el día en su oficina, no ha dormido bien, sé que son amigos, pero no sé pase de la raya.

—Te ofrezco una disculpa.

—Pase —suspiró—. Esta en el cuarto buscando una manta para mí, íbamos a ver una película antes de ir a la cama.

—Lamento interrumpir —busqué el cuarto apresurado.

[...]

—Vamos a hablar. No me tienes nada feliz, Ernesto.

Ernesto pareció haber sido electrocutado al verme, soltó las sábanas que sacaba del armario.

—¿Qué haces en mi casa, Murdok?

—Tu esposa me dejó pasar. No está contenta.

—Es fin de semana, claro que no está contenta. ¿Sabes que me hará por tu culpa? El embarazo le pone de mal humor, trato de mantenerla feliz, y vienes a arruinar todo.

—¿No piensas preguntar por mi "cita"? —me recargué en la pared del cuarto, pintada de un amarillo tenue.

—Pues tú viniste a verme, así que supongo que mueres porque alguien te pregunte. ¿Qué tal?

—Reservé el Ingon por la tarde, le pagué extra a tres de los chef que ganaron las estrellas Michelin al restaurante. Me arreglé con esfuerzo, practiqué mi manera de saludar, todo estaba bien, cenabamos, ella sonreía —esa hermosa sonrisa—. Hablamos un poco de los negocios, entonces ella empezó a decir que planearía reuniones con otras mujeres.

—Era obvio. ¿Ya te dió algún nombre? Sería bueno adelantarnos para buscar información de quién ella sugiera.

—Espera, ¿tú sabías que ella era asesora de citas? —pregunté frunciendo el ceño.

—Por supuesto, Murdok. ¿Por qué crees que te la presenté? No escogiste a ninguna de las mujeres que te mostré, así que la única opción era buscar ayuda profesional.

—¡Ernesto! ¡Dijiste que era una candidata para casarme!

—Momento —indicó con sus manos temblorosas. —Jamás dije que ella era parte de la lista, no me digas que estuviste pensando todo este tiempo que era una cita.

—¡Voy a... matarte! —exclamé dando un paso hacia adelante, tensé mis manos que querían estrangularlo, pero recordé que había una mujer embarazada en la casa. —¿Por qué no me aclaraste la situación antes?

—Pero, yo nunca te dije que era una candidata. Claramente te dije que era mi plan b, en cuanto la viste estuviste de acuerdo.

—¿Plan b?

—Ya tenía en mente que no escogerías a ninguna de las mujeres que te presente en las carpetas. Estuve buscando otras opciones, y encontré el caso de Henry Cox. ¿Lo conoces?

—Henry Cox. Ese anciano que es dueño de los supermercados Cox. ¿Ahora a quien involucraste?

—Ese "anciano" ha tenido cuatro matrimonios, en dos de ellos tuvo hijos, y en los demás solo divorcios. Hace tres años buscó a Valentina White, para contratarla como su asesora de citas. Le prometió una gran suma de dinero si es que cumplía con su principal cláusula de su contrato.

—¿Cuál es?

—Qué promete que la relación tiene una duración mínima de un año, si fuera el caso que se separaran, ofrecería una disculpa a ambas familias y una compensación monetaria.

—Es una condición algo absurda. Para los negocios es un hueco que muchos pueden aprovechar.

—Ella es cuidadosa en ese aspecto, hacen una investigación de cerca para asegurar que no sea un fraude de los novios.

—¿Ella logró que Henry Cox se casara? Tiene sesenta y cinco años.

—Aunque te resulte difícil de creer, sí lo hizo. Encontró a una viuda que vivía gracias a la pensión de su esposo, además tenía un negocio cerca de su supermercado. Llevan dos años juntos, a pesar de lo que todos esperarían — doblaba las sábanas que había desordenado, con paciencia.

—Me ofende que me compares con un anciano indeciso.

—No es por eso Murdok. Escucha, esto del matrimonio es absurdo, hemos sido compañeros desde hace trece años. Tengo derechos en las decisiones de la empresa. Tus padres te ayudaron a poder crearla, se volvieron socios, si perdemos las acciones que compraron, las cosas se pondrán difíciles.

—No dejaré que afecten la compañía. A pesar de que no me guste la idea de casarme, lo intento por el bien de esto.

—Es ridículo que mi trabajo, el esfuerzo, sea minimizado a un juego de tu madre. No pienso hablar de ella, solo qué, si nos quedamos sin la empresa, tú seguirás con tu vida y buscarías otros medios para comenzar —suspiró, con una frialdad que no le conocía—. Lo único que tengo es la empresa y a Sara, si perdemos la empresa, me costará el triple de trabajo volver a tener la vida que le he prometido a mi esposa, Murdok.

Me quedé callado, Ernesto era el optimista de los dos, no era solo mi asistente, jugaba a serlo por mero entretenimiento. Su puesto era importante, a pesar de no entender las finanzas, se encargaba de negociar con otras empresas, averiguar cuál era el mercado que teníamos que dominar.

Fuimos amigos por un bien mayor, pero estuve ahí cuando su padre falleció. Cuando conoció a Sara, lo mal que lo pasó después del accidente, y a pesar de todo, seguía siendo un soñador.




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