Murdok: Buscando una esposa

Cap 09

Después de tener a Carter analizando mi comportamiento con atención, regresé a mi departamento.

La fotografía de Valentina, ahora estaba al lado de mi cama, se notaba que era proveniente de una sesión de fotos para una de las tantas entrevistas que había dado, la calidad de la foto me beneficiaba para apreciar cada detalle de su belleza.

Nunca había deseado tener algo con tanta pasión. Mi empresa nació para crear un patrimonio bajo mi nombre, además mantenerme ocupado evitaría que colapsara. Y las relaciones no me importaban demasiado, aunque procuraba no ser cruel, fingía que me interesaba estar ahí.

—Enamorarse. No sé que es lo que significa realmente. Además, Valentina es diferente, no se impresionó por un restaurante reservado para ella. Es independiente, ha trabajado en Nueva York sin apoyo de algún inversor. Mi dinero parece... Inútil.

—Se veía bastante feliz cuando me hablaba de acordar citas... me quería como su cliente. Creo que esa será la única manera de que pueda verla a menudo.

Entonces, llamé a mis abogados, no necesitaba buscar una candidata a esposa. Solo había una mujer que era suficiente, mi problema, qué jamás aceptaría.

La mañana siguiente, conduje hasta el edifico donde se encontraban las oficinas de Love&M. En la recepción me miraron atónitos, como si fuera una aparición de un demonio al que tenían, pregunté por Valentina, a lo cual se negaron a indicarme donde podía estar.

—Lo siento señor, no lo podrá recibir hoy. No hay reuniones fuera de agenda—comentaba la chica agachando la cabeza.

—Esperaré.

—Podía no tener un espacio libre, le sugiero que agende una cita señor...

—Me quedaré aquí hasta que termine su turno. ¿Dónde hay una silla?

—Le mostraré... —contestó saliendo de su escritorio para llevarme a una pequeña sala con unas cuantas sillas, una mesa con una máquina de café y galletas.

[...]

—¿Para qué quiere verlo? Dejó muy claro que nunca le interesó —preguntó Valentina con incredulidad, seguro pensó que solo estaba ahí para molestarla.

—He cambiado de opinión. Considerando que seguramente, soy el cliente que más puede pagarte, te daré el triple de la suma que tenías pensada en cobrar.

—¿Habla en serio?

—Yo nunca me ando con rodeos. Si quiero algo, lo obtengo.

—Si firma ese contrato significa que debe comprometerse totalmente, por más absurdo que le parezca tener citas, soy muy eficiente.

—No esperaba menos. Trae los papeles, necesito discutir algunas condiciones para que esto funcione —miré el reloj en mi muñeca—. El tiempo está corriendo, señorita White.

Pasaron solo unos minutos cuando un hombre ingresó con un porte serio, abogado. Saludó a la señorita White y tomó asiento al otro lado de la pequeña mesa de cristal.

—¿Él debe de estar aquí? —pregunté descontento.

—Es el abogado.

—Bien.

—Cuentame sobre el contrato. Escuché que tienes la garantía de que la pareja que se construya, tendrá un año de relación por lo menos.

—Así es, en todas las parejas que he formado ya sea por medio del matrimonio o no, son duraderas. Es mi sello de confianza.

—¿Y qué sucede cuando no sea así? ¿Estarías dispuesta a devolver el dinero que invertiré en esto?

Lo pensó.

—Claro, soy capaz de encontrarme una excelente esposa en dos meses. No habrá necesidad de hacer algún reclamo —respondió Valentina, llevaba una falda blanca, sus piernas resaltaban junto a los tacones altos que estilisaban su figura.

—Ya que este matrimonio es importante para mí, necesito que unos puntos del contrato sean modificados.

—¿Cómo cuáles?

—Las llamadas serán ilimitadas, te contactaré cuando lo necesite, no me ignoraras sin importar el día o la hora.

—¿Qué? —se rió cuestionando—. Eso es absurdo. Tengo una agenda ocupada, y no puede intervenir en mi vida personal.

—Yo pagaré mil dólares extra por cada llamada fuera de su horario. No interesa.

—¿Qué más piensa agregar? —refunfuñó, aceptaba mi idea sin entusiasmo, pero el dinero que estuviera destinado en su empresa era lo que le interesaba.

—Las reuniones serán todos los días de la semana.

—No.

—¿Qué excusa tienes para eso?

—Nuestra empresa tiene eventos los fines de semana, además un día de descanso o incluso más cuando me convenga. No es el único cliente aquí, señor Smarnova.

—Seré el más importante. Solo enfócate en mí.

—Le ofrezco cuatro días. Tendremos reuniones de asesoramiento, respecto a las citas con las demás mujeres, serán contadas como "días de reunión ".

—Está bien.

—¿Eso es todo?

—No. Tengo una última condición, me acompañarás a todas las citas, eres una asesora, evaluarás mis errores, me corregirás.

—Si voy con usted, será incómodo para ambas partes. Las citas deben ser privadas, involucrarme causa problemas innecesarios.

—Te quiero ahí. Si no observas mi desempeño, ¿cómo piensas darme lecciones de romance?

Apretó la parte derecha de la nariz, ¿se atrevía a hacerme una mueca de disgusto?

—Puedo quedarme solo diez minutos para ver su avance, después me iré. Es lo único que voy a ofrecerle.

—Bien. Que tu abogado añada eso en el contrato, lo firmaré hoy mismo.

—Señor Ross, haga lo que le indica y regresé cuando esté listo —le pidió ella, el hombre abandonó el lugar corriendo hacia su escritorio. Nos dejó a solas.

[...]

—Ahora. Hablemos.

—Las lecciones empiezan hasta que acordemos la fecha de inicio, y cuando vea el contrato con su firma, señor Smarnova.

—Me ignoraste. Dejaste esto en la mesa del restaurante cuando te fuiste. Cinco dólares, ¿fue lo que valgo para ti, acaso? —coloqué los billetes frente a ella.

—Eso —suspiró—. Era el único efectivo que llevaba en mi bolso, no pretendía ofenderlo.

—¿Ofenderme? ¿No sabe que es lo que significa cuando alguien deja en la mesa dinero, después de poner esfuerzo en algo?




Reportar




Uso de Cookies
Con el fin de proporcionar una mejor experiencia de usuario, recopilamos y utilizamos cookies. Si continúa navegando por nuestro sitio web, acepta la recopilación y el uso de cookies.