—Solo quiero que esa mujer no vuelva a hablar de ti —respondí con un suspiro que traté de evitar.
—No debe preocuparse por mí señor Smarnova, esa mujer tiene algo en contra mía desde hace un tiempo, y esa entrevista resultó un caos.
—¿A qué te refieres con que tiene algo en contra tuya?
—Hace unos años su ex esposo me contrato para organizar su boda después del divorcio, ni sabía que había estado casado con Zoey Larson, la conductora.
—¿Qué tiene que ver contigo?
—Nada. Eso es lo que más me molesta, el día de la boda se apareció ebria tratando de entrar a la ceremonia, la sacamos y desde allí comenzó a hablar pestes de mí en donde podía. Se calmó cuando dejé de tener clientes vip.
—Parece tener un rencor inusual. ¿Por qué aceptaste ir a esa entrevista?
—No sé porque le estoy contando esto a un desconocido.
—No soy un desconocido.
—Claro que lo es.
—Que no.
—Bien, es mi cliente, pero estoy rebasando los límites que debe existir entre empleado y empleador.
—¿Esto es cruzar límites? Es solo una conversación normal, milaya.
—¿Por qué me llama así? No sé que tipo de apodo es el que me colocó.
—No es nada malo. Es más fácil pensar en ti con un apodo, que con tu nombre, mucho lo utilizan.
—Para eso se supone que es un nombre, para tener una identidad. Es bastante sencillo, aunque seguro que esa palabra no está en su vocabulario, señor Smarnova.
Sonreí.
—¿Cuándo dejarás de llamarme así? Ya te lo he dicho, no quiero que me hables con tanta formalidad. Si vamos a estar saliendo juntos, necesito que te acostumbres.
—No salimos juntos. Además, puede que usted si me hable de "tú", pero nunca le di permiso.
—Es más cómodo así.
—Entonces, es cómodo para mí hablarle de "usted" como el señor que es.
—¿Disculpa? ¿Me llamas viejo?
—Es mayor por diez años.
—Nueve.
—Son casi diez. Mientras trabaje para usted no pienso romper las reglas del contrato, incluyendo apodos.
—En este momento no estás trabajando para mí, estipulamos que las reuniones y sesiones son consideradas como trabajo. Esto es fuera de ese horario.
—No va a rendirse, ¿o si?
—Ya te lo había dicho, obtengo lo que deseo. Y parece que he avanzando, de lo contrario no habrías atendido las llamadas de otros días.
—Me gusta el dinero. Gano mil dólares por cada llamada que le contesto.
—Aún así es un placer escuchar tu voz.
—Si no tiene nada más que decirme, entonces voy a colgar.
—¿En dónde estás?
—Comiendo.
—Eso no fue lo que te pregunté.
—Fue lo que decidí responder. Dijo que ha estado ocupado, ¿por eso no me ha llamado o envíado mensajes?
—¿Extrañas los mensajes cada hora?
—No extraño nada —resopló—. Solo tenía curiosidad, de la razón por la que un día parece un animal desesperado y al otro día, está en calma.
—¿Me comparas con un animal? —reí—. Mi imagen está arruinada en tu cabeza.
—¿Puedo preguntarle algo antes de terminar la llamada?
—Dime.
—¿Cómo es que podría acabar con la carrera de Zoey? Me lo dijo bastante convencido de sus palabras.
—Tengo contactos, demasiados. Es fácil investigar los hilos de una persona.
—En el caso, hipotético, de qué quisiera saber de dónde obtiene su información para sus chismes estúpidos... ¿podría buscarlo?
—Debería ser sencillo. ¿Necesitas ayuda? —me sostuve en una de las paredes metálicas, me miraba en el reflejo de la puerta, una sonrisa en mi rostro.
—No lo sé.
—Pensé que eras más decidida, estás dudando cuando hablas conmigo, milaya.
—Trato de analizar mis posibilidades, no soy la clase de persona que es impulsiva, a diferencia suya.
—Auch.
—Lo veré mañana para nuestra reunión.
—Pasaré por ti.
—Ya habíamos dejado en claro que no va a venir a mi casa.
—Nunca acepté eso.
—Entonces dígame qué lugar pensó, así podré llegar por mi cuenta antes de que lo vea aparecer en mi entrada.
—No te lo diré. No tendrás otra opción que esperarme.
—Es imposible razonar con usted.
—Puede ser.
—Nos vemos, señor Smarnova —mi apellido en su voz sonaba bellísimo, cada segundo que podía escucharla afirmaba mi motivación, ella sería mi esposa.
[...]
Valentina
La llamada se terminó. Solté una risa, las conversaciones que teníamos no tenían sentido, eran un sin fin de temas sin relación; y aún así las disfrutaba.
—Aquí estás, llevas encerrada en el baño como una hora —Génesis me sorprendió.
—Fueron máximo quince minutos.
—Fue más tiempo del que acostumbras, me preocupé de que te hubieras desmayado o algo.
—No era necesario que vinieras, ya estaba por salir.
—Ajá, ¿o es que viniste a esconderte para hablar en secreto con alguien?
—No me escondí.
—Te escuché, bueno el final, así que has estado hablando con el millonario Smarnova. ¿No habías dicho que no ibas a acercarte a él?
—Fue solo una llamada, evité contestarle para no interrumpir nuestra comida.
—Entonces él fue quien no paraba de llamarte.
—Hay que regresar.
—Espera, ¿no vas a contarme nada? Aunque no lo notes, puedo ver en tu rostro que disfrutas su atención.
—No es cierto.
—Vamos, eres la reina de las relaciones amorosas. Debes darte cuenta de que ese hombre está interesado en ti.
—Está interesado en mí empleo, en las capacidades que tengo —salí del baño intentando que mi amiga olvidara el tema.
—Solo debes analizar la línea temporal, pensó que estabas ahí para casarte con él, te reservó un restaurante por quien sabe cuánto dinero, y ¿después se aparece para verte en tu oficina, consigue tu dirección a toda costa?
—Basta. Génesis estás teniendo las ideas incorrectas, piensa con la mente, no con el corazón. Es un hombre extravagante, los millonarios se comportan así, deberías saberlo.
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Editado: 18.08.2026