Murdok: Buscando una esposa

Cap 16

—Te llamo así porque pienso que lo eres, Valentina.

—¿Debería preocuparme por los apodos que le debe poner a sus demás empleados? —se burló, sin analizar mis palabras, mierda, se sentía mal saber que no quería escucharme.

—Ninguno tiene un apodo tan lindo, lo prometo.

—¿Ya cenó? Es tarde para que alguien esté al teléfono.

—Aún no, no tengo apetito para comer nada. Pero me alivia escucharte.

—¿Acaso está nervioso por mañana? Es normal. Mis clientes también han estado ansiosos por las primeras citas, pero me aseguraré de que todo salga perfecto.

—Dime, milaya, ¿qué tipo de hombre crees que soy?

—Es una pregunta complicada. No sé nada sobre usted.

—¿Qué no sabes nada de mí? —casi me disgustó esa palabra, "nada"—. He hablado contigo más durante esta semana, que con otra persona en años.

—Eso no hace que nos conozcamos, pero no lo culpo, tampoco soy alguien demasiado social, prefiero estar en casa, aunque disfruto poder conocer más de la ciudad.

—Cuéntame de tu pueblo, sé que creciste fuera de la ciudad.

—¿También siguió a alguien para obtener esa información?

—No. Lo vi en una entrevista, sé que piensas que puedo ser extremista, pero tengo algunos límites.

—¿Para qué sería importante que lo sepa? No tiene nada que ver con asesorar sus citas, o con encontrarle una esposa.

—El contrato tiene una pequeña cláusula que quizá olvidaste leer, la parte A podrá intercambiar preguntas a la parte B si lo cree necesario para poder interactuar de manera adecuada.

—Eso no tiene sentido.

—Lo tiene legalmente.

—Legalmente, también podría demandarlo por colocar cláusulas sin mi consentimiento. ¿Cómo se le pudo ocurrir modificarlo a mis espaldas?

—No fue a tus espaldas, tu abogado estuvo en todo momento cuando agregué ciertas cosas.

—Aun así jamás me informaron de algún cambio. Es más, no pude ver a mi abogado después, no me diga —dijo con un tono de incredulidad—, que lo amenazó para que no me contara nada.

—Una amenaza es violenta. Yo usé un bono.

—Es lo mismo. Un soborno, no puedo creerlo, incluso utiliza a mis empleados para su propio beneficio.

—No fue un soborno, fue un bono. Te escuchas algo molesta, vamos, no he hecho nada malo.

—De verdad tiene que someterse a alguno de esos exámenes mentales. Seguro que tiene una neurona que no le funciona.

—¿Ahora me insultas? Pensé que no ibas a tener actitudes irrespetuosas con la parte A —una sonrisa se me escapó, abrí los botones de mi camisa, pues sentía una pequeña asfixia por la humedad que estaba acumulándose en casa.

—La parte A no parece estar congruente.

—La parte B parece estar a la defensiva, hay que tener acuerdos para trabajar bien.

Resopló. Un hábito que poco a poco estaba aprendiendo a distinguir.

—Estamos perdiendo tiempo hablando, ¿qué no prefiere enviar mensajes? La última vez fueron casi cincuenta.

—Mis dedos escribieron antes de que me diera tiempo de contar los mensajes, milaya.

—Fue algo exagerado, si hubiera sabido que firmaría un contrato conmigo, hubiera dejado mi número de la oficina.

—Sería un desperdicio, me parece más divertido poder tener tu contacto directo. Además, yo también cree un número extra por si las dudas.

—Entonces envíe mensajes cuando tenga dudas, en vez de llamarme.

—Te gusta que te llame. De otra forma ya habrías colgado desde hace mucho.

—No es cierto. Lo hago para tener un ingreso extra.

—Aunque te pague por hablar conmigo, agradezco poder escucharte. Hay algo en tu voz que me relaja.

Ella se quedó unos segundos sin decir nada, parecía que mis palabras al fin habían tocado su corazón rodeado de una barrera de púas. Lo admitía, molestarla también me divertía, imaginar las expresiones que tendría al otro lado del teléfono encendía un instinto de caza, como un animal primitivo.

—Debería decirme a dónde iremos mañana, no he podido decidir que tipo de atuendo sería adecuado.

—Puedes usar algo casual, no es un lugar que tenga un código de vestimenta.

—Casual no es lo mismo para usted, que para mí. Seguro aparecerá vestido con ropa de marca, así que interpretaré "casual" como quiera.

—No hay problema. Igual te verás bien en lo que sea.

—Supongo que si pregunto por la dirección, no me la dirá.

—Ya aprendiste.

—Escuche, acepto que me recoja, pero no quiero que se aparezca con ningún hombre extraño.

—¿A qué te refieres?

—Que no quiero intermediarios, para que la asesoría de citas tenga éxito hay que hablar solos. Tampoco ponga a hombres a seguirnos como si fuéramos de una mafia. ¿Entiende?

—No planeaba hacerlo —mentí, tendría que cancelar el servicio de guardaespaldas, si no lo hacía ella lo sabría, y era capaz de dejarme en ese instante al descubrirlo.

—¿Ya pensaste en si quieres que te ayude con esa reportera?

—No hablaba en serio...

—Parecías molesta. Si esa mujer no se aleja de ti, tendré que hacer algo al respecto.

—Es mejor que se mantenga alejado de este problema, no quiero involucrarlo.

—Solo pídemelo, te ayudaré a encontrar a los que estuvieron buscando información sobre ti.

—Si lo hago, ¿cuánto tendría que pagarle?

—¿Pagarme? ¿Por algo tan sencillo? No es necesario.

—No me gusta deberle nada a nadie, y si estoy trabajando para usted, tampoco quiero un malentendido por esto. Dígame un precio.

—No necesito tu dinero.

—Entonces pida algo más.

Vaya, excelente elección de palabras.

—¿Estarías dispuesta a hacer lo que sea?

—Tengo restricciones, espero que no piense en cosas ilícitas o indebidas, no soy esa clase de mujer, si necesita esos servicios sé en dónde puede conseguir los —respondió con una agresividad dulce, la comparaba con un felino que podía parecer tierno en el exterior, pero un paso en falso y te destrozarían el rostro.

—A cambio de hacer este favor, saldrás conmigo, no contarán como reuniones para matrimonio.




Reportar




Uso de Cookies
Con el fin de proporcionar una mejor experiencia de usuario, recopilamos y utilizamos cookies. Si continúa navegando por nuestro sitio web, acepta la recopilación y el uso de cookies.