Valentina
Este asunto de las preguntas se había vuelto muy personal, antes solo era yo la que escuchaba las respuestas de mis clientes, hoy también era víctima de la violación de secretos.
—Todo. Sería capaz de todo, solo para hacer que me mire —de inmediato giré la mirada, aunque estaba evitando verlo, sus palabras fueran tan fuertes que no las creí.
—No debería decir algo como eso, es peligroso —respondí como una advertencia.
—No veo el problema, es lo que pienso.
—Puede que sea lo que crea, pero es algo que muchas personas pueden interpretar de distintas maneras. No lo debe utilizar con las mujeres que le presente.
—¿Por qué no?
—"Todo", engloba bastantes cosas, hay que tener límites en las relaciones.
—Si tengo la capacidad de entregar todo por una persona, lo haré. Te lo he demostrado.
—La cuestión no es que tenga las posibilidades o no, pero existen personas que pueden aprovecharse de eso. Solo es una recomendación, no debe entregar así su voluntad.
—¿Lo dices por experiencia?
¿Por qué ese sigue siendo el tema? Fingí no escucharlo.
—Solo lo digo para que tenga cuidado, en mi mente no le presentaré a alguna cazafortunas, considerando que todas las candidatas a futura señora Smarnova, serán de una buena familia y posición social alta.
—¿Te preocupa que me estafen? —se rio, no sé tomaba en serio nada de lo que decía, ¿cómo alguien cerca de los cuarenta podía ser tan desinhibido?
—Me preocupa que si se va a la banca rota o lo engañen, no tenga como pagarme.
—Deberíamos seguir viendo la exposición, si te gusta alguna, no dudes en decírmelo —ingoró caminando con las manos en los bolsillos.
—¿Piensa darle un premio a la fotógrafa por eso? —sonreí, hace mucho no tenía una conversación tan larga con un hombre, admitía que este lugar era fantástico, si hubiera ido a la universidad seguro que me habría unido a uno de los talleres de arte.
Pasaron quizá cuarenta minutos, Murdok me explicaba la historia detrás de cada fotografía como si la conociera como la palma de su mano. Me contó que después de que la vio en la inauguración venía constantemente, le relajaba poder ver a las personas con diferentes vidas reunidas en una sola ciudad.
Comencé a entenderlo, había tenido una vida que muchas desearían, sin complicaciones como el dinero, la escuela, la comida o un techo. En cambio, se volvió distante con las relaciones humanas debido a su padre, quien parecía solo quererlo para incrementar los negocios, aunque lo ocultara era obvio que le tenía resentimiento por no estar presente en su infancia.
A veces sonreía cuando me burlaba de él, entre dientes dejaba ver qué la compañía que le daba, suavizaba su corazón. Podría ser que estuviera equivocada, y que no quisiera conquistarme solo para acostarse conmigo, quizá lo que decía era real, la soledad de ambos podía dar el efecto de tener a alguien para hacer más liviana la fría realidad de nunca poder tener apoyo.
¿Sería prudente darle una oportunidad?
Génesis también me lo dijo, yo no era una persona amistosa, me costaba confiar y por ello evitaba involucrarme con otros. La máscara social que me colocaba era exclusivamente para mi trabajo, trataba con mis clientes de forma amable, pero siempre con un guión previamente realizado, la misma fórmula para cada uno de ellos.
—Creo que cuenta como un premio, así que avísame. ¿Ya estás lista para ir a comer algo? —respondió.
—¿La reunión incluye comida?
—Este día está reservado para los dos, podemos hacer lo que tú quieras.
—Después de las preguntas básicas, se suele terminar la reunión.
—¿De verdad quieres irte?
—Si digo que sí, ¿qué haría? —jugué con mi tono, tenía a mi merced al hombre que muchas mujeres deseaban, claro, no éramos nada, pero mi orgullo se sentía un poco elevado.
—Diría que te pierdes de mucho.
—No tengo nada mejor que hacer —suspiré—. ¿A dónde vamos?
—Tengo una reservación en el restaurante de comida italiana más popular.
—¿Italiana? ¿Es por qué dije que me gustaba? —sonreí, en realidad él si me escuchaba.
—A pesar de todo, sé aceptar lo que es una buena opción. Las reseñas son aceptables, ¿nos vamos?
—¿Está cerca de aquí?
—Llegaremos más rápido en mi auto, pedí que lo recogieran y trajeran a un sitio cercano.
—Es grandioso tener personal para todo, quisiera poder ordenar con tanto esmero con usted.
—¿Ordenar? Les pago a esas personas a cambio de sus servicios.
—Eso yo lo sé, entiendo lo que significa trabajar.
—Si lo supieras no te esmerarías en llevarme la contraria —él acercó su mano con intenciones de acariciar mi cabello como a un gato callejero, me aparté disimulando mi distancia.
—No lo hago, solo digo lo que pienso.
[...]
Buscaba la salida siguiendo las flechas en el suelo, no quería admitirlo, pero me estaba divirtiendo.
—Espérame en la entrada mientras hago una llamada para que me indiquen donde está el auto. ¿Puedes hacer eso? —me pidió, caminando a una de las esquinas de la gran habitación.
Me hablaba como si fuera una problemática, mi plan era ponerle fin a esta extraña relación, pero él no me ayudaba. Al menos podía cambiar la situación, solo quedarnos como lo que somos, un empleado y su empleador.
Los minutos pasaron, cuando llegué hasta la puerta de cristal donde habíamos ingresado, la mujer que nos recibió apareció con un rostro preocupado.
—Señorita White, lamento los inconvenientes, ¿ya estaban por irse?
—Todo estuvo bien, no tiene de que preocuparse, pensé que habría más gente a esta hora por la hora de apertura, aunque veo a muy pocos —habría quizá apenas quince personas, aunque noté que tenían la ropa mojada.
—Parece que hay una manifestación que bloquea las avenidas principales. No creo que haya manera de regresar en transporte.
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Editado: 02.09.2026