—No pienso quedarme aquí, menos con usted —dije mientras buscaba un lugar para calmarme—. ¿Qué no sabe lo inapropiado que es traerme a un lugar como este?
—No tenía planeado nada malo, milaya. Era la propiedad más cercana, por favor no te enojes.
—Esto no está bien. Me molesta que no lo sepa.
—Entonces explícame.
—Somos colaboradores, trabajo para usted, y es mi cliente. Hay una línea profesional que no podemos rebasar, pero ya he visto que le importa poco ensuciar mi reputación.
—¿De qué hablas? Jamás haría nada para perjudicarte.
—Lo está haciendo ahora.
—No te estoy pidiendo nada. Solo déjame llevarte a la habitación para que puedas cambiarte de ropa, y podemos ir al restaurante a comer.
—¿Y después qué?
—Haremos lo que me pidas.
—Regresaré a mi casa después de cambiarme por algo seco.
—Te llevaré.
—¿Y cómo? Ya lo escuchó, todo está cerrado. Puedo regresar por mi cuenta, señor Smarnova, así que no se esfuerce en convencerme.
Él apretó la quijada, seguro le molestaba mi actitud, pero no me importaba.
—No puedes regresar, habrá una tormenta, es peligroso salir.
—¿Tormenta? ¿Cuándo dijeron algo así?
—Si no me crees puedes revisar las noticias del clima.
—Como sea, no voy a compartir una habitación con usted. Ya sé que está acostumbrado a que nadie opine de usted, pero yo he estado cuidando mucho lo que dicen de mí.
—¿Qué podrían decir de ti? Nadie sabrá que estamos aquí.
—Eso es lo que piensa. Pero los rumores corren rápido, en un par de horas podría haber notas en las redes sociales hablando de alguien que nos pudo ver entrar al hotel.
—No te preocupes.
—Me preocupo —suspiré—. Entiéndalo, usted va a casarse, y si quiere encontrar a una mujer adecuada debe mantenerse al margen, ya no quiero discutir.
—¿Está es una discusión? Vaya, no pude tener derecho de réplica.
—Le pediré a una amiga que venga por mí. Así que no le causaré molestias, señor.
—No me causas ninguna molestia Valentina. ¿Por qué no puedes aceptar mi ayuda en vez de negarte rotundamente?
—No lo necesito —contesté seca—. Puede que usted crea que soy una mujer que se queda callada después de ver su posición, pero conozco bien a los hombres como usted. Su ayuda significa una deuda que tarde o temprano cobraran, así qué manténgase en el borde de la línea.
En mi caminata nerviosa reconocí los logos del sanitario, entre de prisa, dejando el abrigo mojado de Murdok en los lavabos. Había azulejos marmoleados junto a los enormes espejos que solo me hacían ver mi reflejo decaído.
Sabía que fuí cruel al decirle las cosas tan firmemente.
Se me estrujó el corazón. Pero no podía caer, esos actos de amabilidad eran solo eso, amabilidad.
No iba a volver a caer en las palabras dulces de un desconocido, y ahora era peor, con los supuestos informantes de Zoey. No sabía cómo lucían, dónde estaban, o que tanto sabían de mí, de mi familia.
Podían estar observándome, buscando las conexiones del pasado. Si me permitiera arruinar mi contrato con Murdok Smarnova, no podría asegurar el tratamiento de Carolina, la casa, o la empresa.
Mojé mis manos con el agua tibia que salía de la llave, estaba tentada a lavarme el rostro para intentar disipar cualquier pensamiento incorrecto. Pero recordé que llevaba mi maquillaje perfecto encima, al menos no tenía medio rostro borrado; me alegró comprar maquillaje a prueba de agua.
—¿Qué voy a hacer? —susurré bajando la cabeza, estaba entre la espada y la pared.
Alguien tocó a la puerta del baño.
—Valentina —la voz de Murdok logró atravesar la puerta móvil.
—No quiero hablar ahora.
—Ya lo sé. Quiero disculparme, si malentendiste mis conductas, escúchame, por favor acompáñame a comer y a qué puedas cambiarte. No hay más habitaciones disponibles, más que la suite, es suficiente grande para poder compartir, no me quedaré allí para que puedas estar cómoda.
—¿Hay solo una habitación disponible? —alcé el rostro, fingiendo que podía ver su silueta.
—Hay un evento en uno de los salones, una empresa reservó las habitaciones con semanas de anticipación. Si estás enojada, grítame a mí, no lo guardes y te escondas. Por favor.
—No tengo nada que ponerme.
—Le pediré a alguien que traiga un cambio.
—¿Y usted? Está igual de empapado.
—Eso no importa.
—Si importa —me dije a mí misma, odiaba ser así, reaccionar de manera explosiva como un método de defensa para alejar a quien fuera. Al menos está tarde, debía ser agradecida, Murdok fue amable conmigo, y está reunión... Fue la mejor que he tenido en años.
—¿Quieres que me vaya? —soltó con un hilo de voz.
Mi intención no era lastimarlo.
—Espere —abrí la puerta de golpe, para encontrarme la expresión de un hombre serio transformada en un cachorro en mitad de la lluvia—. Iré con usted, mientras respete mi condición de no estar demasiado tiempo en la habitación.
—Respetaré lo que me pidas, así que quédate hoy, ¿sí?
Su cabello oscuro mojado, combinado con los ojos que parecían brillar bajo miles de bombillas de los candelabros de hotel provocaron empatía en mi gélido corazón.
Un hombre que rogaba era mi debilidad, quizá porque era vulnerable frente a mí, o porque así me sentía en el mismo nivel que él.
—Hay que ir a la habitación, está en uno de los últimos pisos —me dijo, abrí la puerta mirando casi con una cola invisible moviéndose de un lado a otro.
—Un detalle, ¿dónde vamos a conseguir ropa? —cerré con cuidado la puerta, seguro parecía que éramos una pareja peleando, lo menos que deseaba era causar una "escena" dramática.
—La planta baja es bastante amplia, hay tiendas alrededor, son marcas de lujo, le pediré al botones que compré para ti.
—¿Sabe que desperdicia mucho su dinero? Puedo comprarlo con mis tarjetas —respondí subiendo al elevador junto con él.
Estaba hecho de metal bastante transparente, tenía un par de bocinas diminutas que transmitían música relajante como si eso fuera a calmar las emociones congeladas en mi interior.
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Editado: 02.09.2026