Murdok: Buscando una esposa

Cap 21

—Terminé de bañarme... —susurró—. ¿Tardarán mucho en traerme la muda de ropa? —Valentina miraba sus pies descalzos con cuidado.

—Ya no deben de tardar en subir las bolsas. Me quedaré en el baño hasta que estés vestida, solo necesito que me pases la ropa para cambiarme adentro.

—Si. ¿Podría... dejar de verme?

—Claro, lo siento —bajé el rostro, está situación era demasiado tentadora, como la miel a las abejas —. Entonces tomaré mi turno.

—Gracias por traerme a un lugar seguro para pasar la noche —susurró ella mientras salía del baño que esparcía el vapor por los alrededores.

—No tienes que agradecer.

—Si lo tengo que hacer. Me he comportado dura con usted, ya he visto que sus intenciones son buenas, así que gracias.

—¿Puedo preguntarte algo Milaya?

—Sí —apretó el borde de la toalla.

—¿Estarías más cómoda si intentamos ser amigos?

Ojalá que esto funcione Carter.

—¿Amigos?

—Lo he pensado, quizá puedes bajar la guardia si intentamos ser amigos antes que cliente y empleada.

—La amistad tampoco es sencilla de mantener.

—Aprendo rápido, haré lo que sea para que no estés asustada de estar conmigo.

—Yo no estoy asustada.

—Miedo o no, sigues huyendo de mi presencia, quiero cambiar eso. Puede ayudarnos a ambos.

—Supongo que es una mejor opción explicar que somos amigos, y no el hecho de que estoy buscándole una esposa.

—¿Qué te parece?

—Está bien, pero le advierto que tampoco he tenido muchos amigos así que tendremos que aprender en el proceso.

—Somos principiantes, eso está bien para mí —sonreí.

—Después de que termines de arreglarte, iremos al restaurante —le acaricié el cabello como a un pequeño gato que está temeroso de recibir afecto.

—Primera regla de la amistad, no hagas eso cuando la otra persona está medio desnuda —replicó caminando hacia la habitación cerrada que acababa de abandonar.

Esto será difícil.

Me pongo límites yo mismo, y al primer segundo me arrepiento.

Me deshice de la ropa una vez aseguré que la puerta de la bañera estaba cerrada, abrí las llaves para tener la temperatura correcta que soportaba mi cuerpo.

Me mojé el rostro, el agua se deslizaba a través de mi torso y manos, me recargué en la pared con las palmas, dejé salir un gran suspiro cansado.

—¿Por qué me siento así? El pecho está por reventarme —el corazón se me aceleraba, y el estúpido instinto varonil me había hecho una mala jugada, la ducha de agua fría me haría olvidar cualquier pensamiento lascivo.

Abrí mis ojos, que esquivaban las gotas de agua, entre la vista nublada miraba mi tatuaje, figuras sin un sentido aparente, pero que reflejaban la lucha interna que tuve a mediados de los veinte años.

Un recuerdo entró en mi cabeza, ¿hace cuánto no pensaba en ello?

Quince años atrás

—¿En dónde has estado? —preguntaba mi padre con el humo del cigarrillo en la boca.

—¿Qué haces aquí?

El dormitorio de la universidad era idéntica a una pequeña casa que compartía con otros estudiantes de la misma fraternidad. Esa noche habíamos salido de fiesta, era el primero en regresar por la terrible jaqueca que comenzaba a extenderse por la cabeza.

—Supervisar que has estado haciendo fuera de mi presencia, te traje a esta universidad para que pudieras obtener una carrera capaz de sostener la empresa. En cambio, derrochas dinero en esos bares junto a los inútiles que llamas amigos.

—No necesito que vengas a regañarme, padre —aventé la chaqueta en la cama del dormitorio, no sabía que me encontraría con su terrible rostro justo esa noche.

—Tus calificaciones deben estar aumentando, en vez de eso han bajado.

—Solo por unas décimas.

—Me importa poco, eres un Smarnova, hemos invertido en las donaciones de la universidad para que puedan recordar quien eres. Mantente en lo más alto, o tendré que decir que mi hijo es un fracasado.

—¿Eso te gustaría, no? Así podrías deshacerte de mí, y adoptar a alguno de los lamebotas que te rodean en la oficina.

—Mide lo que dices, niño.

—Es la verdad, mi madre es la única que ha colocado algo de confianza en mí. Planeo largarme de esta ciudad, así no te molestaré más —dije con enojo, mientras iba al refrigerador por una lata de cerveza.

—¿Ya eres bebedor? ¿Por qué no me sorprende?

—Lo aprendí del mejor.

—¿Qué es esa cosa que tienes en la mano? ¿Te involucraste en una pelea? —preguntó analizando el basurero que había por cocina, no era el más responsable en los quehaceres.

—No te incumbe.

—Eres la imagen de la familia, todo lo que haces, me incumbe.

—Nadie me conoce aquí, debes regresar a casa o mamá pensará que has huido con alguna de tus amantes.

—No digas tonterías. ¿Quién eres para darme órdenes, Murdok? —golpeó la mesa con el puño cerrado.

—Nadie, absolutamente nadie.

—Déjame ver eso —mi padre se acercó rápidamente, me dio un empujón contra la repisa donde se guardaban los platos —. ¿Te desgraciaste la piel con una idiotez?

—¿Te asusta un tatuaje? —reí con ironía —. Sería suficiente para que me desheredes, tu hijo es una decepción.

—Me importa poco lo que te hagas fuera de estas paredes, compórtate como lo que eres, mi hijo. ¿Piensas que todo lo que has tenido no ha costado nada?

—Sé que el único motivo que me mantengas vivo es para algún día tener a alguien a quien usar. Es lo mismo que haces con mi madre.

—¡No metas a tu madre en esto!

—Admítelo, papá. ¿De verdad deseabas que naciera?

—Mi trabajo es convertirte en un hombre capaz de mantener a esta familia, un día seré incapaz de producir dinero, ¿entonces que harás?

—No respondiste mi pregunta. ¿Acaso crees que no sé lo que sucedió hace años? Cuando planeaban tener otro hijo, pero no pudieron lograron. Debió ser devastador que por primera vez quisieras algo, y no pudiste tenerlo —grité con furia, sabía que él no sentía nada de cariño hacia mí, era doloroso pensar que yo no era más que un premio de consolación.




Reportar




Uso de Cookies
Con el fin de proporcionar una mejor experiencia de usuario, recopilamos y utilizamos cookies. Si continúa navegando por nuestro sitio web, acepta la recopilación y el uso de cookies.