17 de septiembre de 1999, 10:25 horas.
Dos días después de su conversación con Mario Toledo, Esteban se sorprendió al recibir una llamada de este.
—No creí que necesitaría mis servicios tan pronto —ironizó Esteban.
—Aún falta para eso, Fuentes, aunque debo estar manifestando mis primeros síntomas por lo que le voy a pedir.
— ¿De qué se trata, Toledo?
—Ha ocurrido algo extraño, y como usted es un apasionado de "lo extraño", voy a darle el gusto de complacerlo para que tome contacto directo con el asunto.
—Lo escucho.
—Bien. No es adecuado que hablemos por teléfono. Quisiera que se acerque a mi oficina; lo espero a las dos de la tarde. ¿Conoce la dirección?
—Sí, tengo su tarjeta. ¿Pero no puede adelantarme nada?
—No. Es un caso que ni los medios conocen. Lo espero.
—Ok, nos vemos.
A las dos de la tarde en punto, Esteban llegó al hall central de la División Homicidios de la Policía Federal. Un cabo primero lo atendió en la recepción y, después de consultar por teléfono, le indicó que esperara.
Quince segundos después, Toledo apareció desde uno de los pasillos laterales.
—Vamos, Fuentes —dijo estrechándole la mano rápidamente, mientras se acomodaba el cuello de su sobretodo.
—Perdón por mi curiosidad, pero ¿adónde vamos? —preguntó Esteban, siguiéndolo con desconcierto.
—Al hospital policial. Vamos en mi auto.
Subieron a un viejo Peugeot 504 verde agua con varias abolladuras en la carrocería. Toledo se acomodó al volante, sacó una pila de papeles del asiento delantero, arrojándolos a la parte trasera, y le abrió la puerta a Esteban. Se pusieron en marcha.
— ¿Puede decirme de qué se trata? —preguntó Esteban, algo ofuscado.
—La curiosidad lo consume, ¿no? Bien, ahora le explico —extrajo un paquete de cigarrillos ya empezado de uno de sus bolsillos—. ¿Fuma? —preguntó Toledo, extendiendo su mano derecha hacia Esteban sin apartar la vista del intenso tráfico.
—No, gracias.
—Bien, le explico entonces. Hay una persona, un conocido médico que trabaja desde hace tiempo en el Departamento Forense. Si bien lo consideramos excéntrico, es un experto en anatomía patológica. El último sábado, este hombre vivió una situación particular en la morgue. Se quedó trabajando hasta tarde, como suele hacer. No sabemos qué ocurrió exactamente, pero un colega lo encontró al borde de la muerte. Esta persona padece serios problemas cardíacos congénitos y requiere medicación, por lo que su colapso no sería sorprendente en otras circunstancias.
—No veo "lo extraño" que mencionó.
—Lo extraño, Fuentes, y espero que esto quede entre nosotros, es que se detectó la desaparición de un cuerpo, específicamente el de una mujer. Según el registro de la morgue, había ingresado ese mismo día por un posible suicidio. La difunta desapareció.
— ¿No pudo haber sido sustraído el cadáver por otra persona?
—Es una posibilidad, pero todo quedó registrado. El colega de este médico forense ingresó a la morgue utilizando su llave. No se encontraron señales de cerradura forzada ni indicios de la presencia de alguien ajeno a la dependencia. Lo inusual es que un médico con problemas cardíacos sea encontrado al borde de la muerte en la morgue y, simultáneamente, un cuerpo desaparezca sin dejar rastro de intrusión.
—Ciertamente es intrigante. ¿Cómo no me lo comentó la otra noche?
—Me informaron del asunto recién ayer. El médico, Roberto Flores, está en terapia intensiva. Deben operarlo esta noche, pero su pronóstico no es alentador. A pesar de esto, el hombre está consciente, pero no ha emitido palabra alguna; parece aterrorizado. Necesito que intente obtener alguna información de él, al menos un dato coherente sobre lo que sucedió allí.
—Ustedes tienen médicos especializados.
—Sí, pero nadie ha logrado nada. Por eso conseguí una autorización para que usted pueda verlo.
— ¿Y qué le hace pensar que yo lograré algo?
—Intuición, corazonada... llámelo como quiera, aunque no sería la primera vez que me equivoque.
Llegan y estacionan frente al edificio de tres plantas, el cual tiene grabado en su fachada en grandes letras: "Hospital de la Policía Federal Argentina". Bajan del auto. Rápidamente suben de dos en dos los escalones hacia las puertas giratorias del acceso principal. Se dirigen por uno de los tantos pasillos y llegan a una puerta doble de vidrio, abierta de par en par. La puerta está flanqueada por un pequeño mostrador atendido por un recepcionista y custodiado por un policía. En la parte superior de la puerta un cartel indica: "Prohibida la entrada, salas de terapia intensiva". Toledo se dirige directamente sin detenerse en el mostrador; el recepcionista lo saluda, al igual que el policía custodio.
—Viene conmigo —le dice Toledo al custodio señalándole a Esteban, y cruzan la puerta. Suben dos pisos más por escaleras y llegan al piso superior de cuidados intensivos.
La actividad en el lugar, a diferencia del resto del hospital, es bastante tranquila. Solo algunos enfermeros se encuentran por los pasillos entrando en las habitaciones. Van hasta el extremo del ala izquierda del piso; otro policía custodia la habitación del fondo, quien inmediatamente se puso en posición firme y saluda a Toledo. Ingresan a la pequeña habitación iluminada apenas por una lámpara incrustada en la pared encima del paciente. Una enfermera está sentada al lado de él, cuidándolo. Flores está despierto, tiene el rostro hinchado y parte de la cabeza vendada. No reacciona en absoluto con la llegada del policía y Esteban.
— ¿Cómo se encuentra? ¿Alguna novedad? —pregunta Toledo a la enfermera.
—Ninguna, inspector, todo sigue igual.
—Déjenos solos un momento, por favor. Espere afuera. Cualquier cosa la llamo.
Esteban se acerca a la cama. Flores está conectado a una serie de cables que controlan su corazón. El monitor de la máquina refleja la arritmia de este. La extrema palidez del forense no le llama tanto la atención a Esteban como la expresión de su rostro. Tiene la mirada fija en algún punto del techo, apenas parpadea. Los labios y cejas levemente curvados hacia abajo, mostrando un gesto de temor. Los brazos yacen a lo largo de su cuerpo, pero sus dedos no están relajados, están tensos, con un movimiento continuo, como si intentara agarrar algo.
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Editado: 07.03.2026