9 de marzo de 2002, 15:20 horas
Semanas después de su segundo encuentro, Esteban no vuelve a tener noticias de Silvio, y una creciente preocupación lo invade, temiendo lo peor.
—Gladis, ¿tiene algún número de teléfono o dirección de Orellana?
—No, doctor, nada. Ese señor vino sin cita previa.
—Sí, es cierto. No fuimos precavidos con eso.
—¿Quiere que consulte la guía telefónica?
—Debe de haber un montón de nombres iguales, pero búsquelo. Yo voy a salir un momento.
Esteban decide informar a la policía sobre un posible suicidio, pero no aceptan su denuncia, ya que consideran que los datos son insuficientes y están basados en suposiciones. Por eso, opta por ir a la biblioteca central.
—Buenas tardes. ¿En qué puedo ayudarle? —pregunta la bibliotecaria, de grandes anteojos y canas visibles.
—Mire, necesito buscar una información en los periódicos locales de hace tres años, pero no sé con exactitud en qué mes ocurrió.
—Tenemos una base de datos digital con los últimos diez años de los periódicos más importantes.
—Tengo un pequeño problema, señora… nunca logré entender esas máquinas.
—No se preocupe, ya le envío a alguien para que lo ayude.
Después de registrar su nombre, le asignan una de las terminales. Se sienta frente a la pantalla y, cinco minutos después, aparece una joven de aspecto adolescente que se presenta formalmente.
—Hola, buenas tardes, señor. Me llamo María. Me dijeron que necesita ayuda.
—Hola, María. Gracias por asistir a un viejo chapado a la antigua como yo. Mira, lo que necesito es averiguar sobre una noticia en particular sucedida hace tres años, pero no tengo la fecha exacta.
—No hay problema. Solo dígame algún dato: un nombre, una palabra clave relacionada con la noticia.
—Solo puedo darte el nombre de la persona: Carlos Orellana.
—Carlos Orellana… veamos qué aparece —contesta.
Diez segundos después, la pantalla muestra un cartel con fondo rojo y letras blancas: “No hay datos”.
—No hay nada registrado con ese nombre, señor. ¿Tiene algún otro dato que pueda ser útil?
—¡Qué raro! ¿A usted no le suena ese nombre? —pregunta Esteban.
—No, no, para nada.
—Pues ese es, supuestamente, el nombre de un escritor conocido.
—¿Ese es su nombre real o un seudónimo? Generalmente se los conoce más por su seudónimo que por su nombre verdadero.
—Sí, puede ser. ¿Y qué tal si buscamos el nombre del teatro donde actuó por última vez?
—¿Qué teatro es?
—A ver… déjame ver… por aquí lo tengo anotado… —Esteban saca su pequeña libreta—. Sí, aquí está… Teatro Argentino, en La Plata. ¿Eso te ayuda?
—Veamos…
Diez segundos más tarde aparece una lista muy extensa de noticias relacionadas con el nombre "Teatro Argentino".
—Creo que tiene bastante para leer —dice María.
—Así parece, pero no importa. Leeré todo y veré si logro encontrar algún dato de lo que busco. ¿Cómo puedo acceder al contenido?
—Se lo imprimo, así puede hacer anotaciones sobre el texto.
—Te lo agradezco, María.
La chica imprime un listado de nueve páginas y se lo entrega a Esteban.
—Cuando encuentre algo, llamame, a ver si podemos obtener más información al respecto.
—Claro que sí, María. Gracias nuevamente.
Esteban lee una por una todas las líneas de información, con su correspondiente fecha al lado. Muchas hablan de estrenos, de obras clásicas y de encuentros culturales, pero una noticia llamó especialmente su atención:
"Se estrena esta noche una nueva obra del actor y dramaturgo Silvio Lozano, bajo el título Voces en la oscuridad, en el viejo Teatro Argentino."
“Actor y dramaturgo”, piensa Esteban, pero también le llama la atención el nombre de la obra, tal vez un reflejo inconsciente del autor.
Sigue leyendo, buscando alguna mención de un accidente, pero no encuentra nada. Después de una hora de lectura minuciosa, llama a María.
—A ver si este nombre le suena: Silvio Lozano.
—¿Silvio Lozano? ¡Claro que sí! Un gran escritor. Lástima lo del accidente.
—¿Sufrió un accidente?
—Sí, su esposa y su hijo fallecieron. Lozano sobrevivió, pero después de eso no se ha vuelto a saber mucho de él.
—Búscame información sobre él de hace tres años atrás.
Poco después, aparecen un total de cinco noticias con el nombre de Silvio Lozano. María imprime otro listado y se lo entrega al psicólogo.
La primera noticia habla del estreno de su obra.
La segunda comenta el éxito que tuvo, pero también el trágico accidente que sufrió junto a su familia. Se menciona la muerte instantánea de su esposa e hijo, y el grave estado en el que quedó Lozano.
La tercera noticia informa sobre la escasa evolución del escritor, quien se encontraba en coma.
La cuarta noticia, fechada un mes después del accidente, dice:
"Se recupera lentamente el actor y dramaturgo Silvio Lozano..."
La quinta menciona que recibió el alta médica y que se recluiría en su departamento, aunque no se especifica ninguna dirección.
—Sin lugar a dudas, es la persona que estoy buscando, pero no hay ninguna dirección.
—Va a ser difícil. Generalmente, la gente famosa no deja datos sobre su paradero. Pero intentemos buscar algo en el directorio telefónico en Internet.
María accede al portal telefónico a través de la red. Aparecen varios resultados con el nombre de Silvio Lozano.
—Son muchos, y lo más probable es que ninguno sea el escritor —comenta María.
—Imprímelos todos, por favor. Y también busca por Carlos Orellana.
De Carlos Orellana obtiene siete direcciones. En total, entre los dos nombres, suman unas treinta personas.
—Te agradezco enormemente tu ayuda, María.
—Espero que tenga suerte, señor.
Se despide de la joven y regresa a su consultorio.
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Editado: 07.03.2026