Musa

2 - Mi tormento

🔸Sufriendo; dos semanas después.

Desestimó quedar con sus amigos porque le dolía tenerlo tan cerca y a la vez tan lejos. Rechazó de plano ver cara a cara al artífice de su sufrimiento, compartiendo momentos íntimos con ese usurpador pusilánime de carácter tibio e insustancial. Así que reanudó su preciado ritual semanal para vigilar con los prismáticos a su conejito. Ya daría el siguiente paso cuando se hubiese desecho de la piedra que obstaculizaba su camino.

Al tercer cigarro, y con los nervios devorando sus entrañas, sus ojos avistaron desde la ventana a su conejito sentarse en una mesa de la terraza. Había venido solo, cosa que le resultó bastante extraña. Inició la sesión de fotos, extasiado por ser la primera vez que lo tenía enteramente para él y sin distracciones.

Neville removía la cuchara en actitud cabizbaja y echaba de vez en cuando vistazos a todas partes con el cuerpo encogido, como si buscara o esperara a alguien.

Una ráfaga de disparos ruidosos de flashes acompañaban cada pulsación de dedo. Lo pasaría al PC, elegiría las más dignas y las revelaría en su estudio para incorporarlas con sumo mimo al treceavo álbum recopilatorio dedicado a él.

Pero los amigos no aparecían, y la cara de Neville se ensombrecía más con cada minuto que transcurría. Theo se incorporó con el ceño fruncido para verlo en actitud nerviosa, mirando a todas partes y vigilando la hora en su móvil.

Al poco, su musa se estaba levantando del asiento y Theo maldijo el poco tiempo compartido. Un irrefrenable impulso lo llevó raudo a la calle para luego caminar tranquilo como forma de mantener las apariencias. Por dentro era un huracán desatado al no encontrarlo con la mirada. Entró en la cafetería y salió a la calle con una bebida para llevar. Lo buscaría en las calles colindantes, mientras se flagelaba por haberse demorado tanto cuando tenía a su conejito tan vulnerable y expuesto.

A los primeros pasos avanzados, oyó su voz llamándole.

—¡Ey, hola!

Theo giró sobre sus talones y lo vio frente a la puerta del establecimiento, dedicándole una sonrisa triste.

—¡Hola! —saludó, desbordando una brumosa emoción de anhelo en sus tormentosos ojos.

—Mis amigos no vienen hoy, pero igualmente me apetecía tomarme algo.

Theo se acercó a su musa, esbozando una sonrisa inquietante.

—Los míos tampoco. Si quieres, podemos tomarnos juntos las bebidas.

—V-vale. —Pidió otro descafeinado y se sentaron en una de las dos mesas predilectas—. Por cierto, me llamo Neville.

Se quedó con las ganas de oler el suave perfume de su tez amelocotonada y le estrechó la mano.

—Yo Theodore.

El primer roce de piel fue sublime a sus sentidos. El hormigueo de ese breve contacto lo usaría para aplacar las noches de insomnio dedicadas a fantasear con él.

Degustaron durante varios segundos tensos sus respectivas bebidas hasta que Theo reanudó la conversación.

—Se te ve triste.

—¿Ah, s-sí? Eh, ummm... —balbuceó su musa, arrebolándose furiosas sus generosas mejillas—. Bueno, es que he terminado con mi novio.

—¡Oh! Vaya...

Por fuera, Theo se mostraba pacífico e imperturbable. Por dentro se había formado una explosión de fuegos artificiales, fiestas de carnavales y, si le apuras, hasta bacanales. Sacó el móvil de su chaqueta y tecleó rápidamente en el chat.

«Theodore» ¡Aborta misión!

—Si quieres quedar con otras personas, yo me cambio de mesa.

Theo levantó la vista del teléfono al oir sus palabras y se quedó parpadeando desubicado.

—No quiero molestar —explicó Neville.

—Me malinterpretas —se apresuró a aclarar mientras guardaba el móvil—. Tengo un asunto pendiente que hablar con una persona, y le he escrito que me llame en vez de escribirme porque no iba a estar pendiente de los mensajes.

—Ah...

—Entonces, estás triste porque te ha dejado o...

—Yo he cortado con él, pero eso en el fondo da igual. —Se encogió de hombros—. No se puede salir con alguien cuando otra persona ocupa todos tus pensamientos.

"¡Mierda! Otro al que tengo que eliminar" —maldijo rabioso.

—Te comprendo.

Continuaron conversando plácidamente durante más de una hora, hasta que Neville le regaló una calurosa sonrisa de despedida.

—Hasta la semana que viene.

—Hasta pronto, Neville.

Contempló a su musa fundirse entre el gentío y extrajo el móvil.

«Cómplice» ¿Cómo que aborte misión? Ya lo he hecho. Me pagarás igualmente. En nada te paso las pruebas.

«Theodore» Ok.

Chasqueó entre dientes, pero no se atormentó ni un ápice. El plan aseguraría que su musa no volviera con ese Dean, por si la debilidad le hacía dudar.

🔸Saliendo; un mes después.

Durante cuatro idílicos sábados, Neville iba a la cafetería solo, y a Theo le faltaba tiempo para encontrarse intencionadamente con él y compartir dos horas de charlas regadas con bebidas, anécdotas, datos curiosos, información de sus vidas, y miradas nerviosas y emocionadas. Todos los sentimientos ocultos tras una cortina vaporosa de educación y cordialidad, sonriendo ruborizados o compartiendo silencios enigmáticos.

—No soy muy hablador, lo siento —se disculpó el moreno.

—No todos tienen que ser extrovertidos y parlanchines;algunos somos tímidos y nos abrimos poco a poco.

—Pero si los dos somos introvertidos... Me frustra el no saber abrirme y que nos impida conocernos más rápido.

—¿Tienes prisa? —preguntó el rubio, rasgando en sus ojos una sombra de decepción.

Theo se quedó callado, mirándolo fijamente y pensando la manera correcta de hacerle entender que se moría porque fuera suyo ya.

—Tengo... —Neville esperaba expectante sus palabras—, tengo muchas ganas de conocerte...

—De conocerme... —repitió un tanto receloso—. ¿De qué manera?

—¿Manera? —cuestionó desconcertado—. De todas las maneras posibles.

La piel de su musa se tornó roja al evitarle la mirada y refugiarla en su regazo.



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En el texto hay: harry potter, bl, theoville

Editado: 26.12.2025

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