My stupid neighbour

Capítulo 8

—¿Rojo o negro? —pregunté a Sarah. Estábamos en el centro comercial, y ya habíamos pasado por cinco tiendas.

 —Una pregunta difícil—observa los dos vestidos que tengo en la mano—. Mmm... Rojo —dijo finalmente.

Lo pensé mejor y volví a colgarlo en la barra. Salimos de la tienda. Llevábamos más de una hora intentando encontrar algo, pero nada.

Sarah se detuvo delante de una tienda. —¡He encontrado mi vestido! —exclamó. Era un vestido corto, negro típico. Me coge de la mano y entramos.

Mientras Sarah miraba el vestido, mi vista fue a parar en uno simple rosa pastel con encaje con escote de tirantes. Era exactamente lo que estaba buscando.

Después de coger los vestidos fuimos a los probadores. Me puse el vestido y me miré en el espejo. Es precioso... Aunque un poco para el gusto de mis padres, pero eso no me importaba en estos momentos. Aparté la cortina hacia un lado, me llevé la mano a la cintura y posee. Sarah aplaudió con entusiasmo y se puso de pie.

—¡Te queda increíble! —Vuelvo dentro a cambiarme. Cuando salgo Sarah ya ha entrado. Ella hace a un lado las cortinas y me sonríe. Lleva un vestido negro de cinturón metálico. Le di el visto bueno y salimos de la tienda. De camino a casa nos paramos a comer a KFC, hacía mucho tiempo que no iba.

Al llegar a casa vi a Mike, quién estaba sentado delante de la puerta. —¿Cómo puedes olvidarte de recoger a tu propio hermano? —soltó enfadado. Bueno, mi padre trabajaba todo el día, mi madre no estaba, así que tenía la responsabilidad de ir a recogerlo, pero ¿no dijo Olivia que iba a cargarse de él?

 —Sí, ahora deja de molestar y levántate, que la escalera no es un lugar limpio —le susurré. Se levantó del suelo ofendido, y me siguió hasta dentro de la casa. Sarah y yo entramos en mi habitación.

—Yo me encargaré del pelo —dice entes de que pudiera hacerlo yo.

Cuando acabó con mi pelo, me contemplé en el espejo. Me lo había rizado y quedó increíble. Finalmente terminamos con los preparativos. Cogí el móvil y miré la dirección que me había pasado Natalie. Bajé las escaleras con Sarah detrás.

—¡Mike! —grité. Él se tomó su tiempo y vino al salón de estar.

—¿Sí? —preguntó con su voz de pito.

—Te voy a llevar a casa de Olivia y William, ¿vale? Esta noche voy a salir —me miró con escepticismo y asintió con la cabeza lentamente.

—¿Papá sabe al respecto? —Negué.

—Volveré antes de que él llegue.

Mike se fue a casa de Will, y Sarah y yo nos dirigimos a la fiesta. No estaba muy lejos de mi casa.

La dirección que me dio Nat, era de una casa enorme, tenía una piscina y estaba atestada de gente.

Era una fiesta de bienvenida, pero se podía ver que el cincuenta por ciento de invitados no tenían ni idea de eso. De repente vi a una chica rubia. —¿Olivia? —llamé. Se dio la vuelta y se dirigió hacia nosotras.

—¿Sí? —la miré estupefacta.

—¿William está con Mike? —pregunté con incertidumbre.

Olivia sacudió la cabeza. —No, Mike está con el abuelo... Y William está aquí, es la fiesta de su mejor amigo —levanté las cejas. Su mejor amigo. Asentí.

Olivia continuó con sus amigos y yo miré mi alrededor. —Aquí—Sarah sacudió los vasos que llevaba en sus manos.

—¡Eh, tú sabes que no puedo soportar eso! —le susurré, pero con una pequeña sonrisa.

—Oh, vamos, sólo una... Estamos en una fiesta—me encogí de hombros, tomé es vaso y bebí el contenido que llevaba. Mi garganta ardía como el infierno a medida que el líquido pasaba. Repetí la acción una vez más. No, una vez más no. Fueron cuatro.

Recorrí la habitación con mis ojos. A lo lejos vi a Will y a su lado estaba un chico rubio. —¡Sarah, mira! Son William y su amigo —me reí, pero al no recibir ninguna respuesta me giré y al parecer, Sarah ya no estaba ahí.

Tambaleándome fui hasta ellos, también había más gente en esa conversación que estaban teniendo. —¡Soy Sid! —me presenté a las nuevas caras. Algunos me sonrieron mientras que otros no me escucharon debido al ruido.

—Vale, Sid —me sonríe— ¿Has... uhmm... dormido con alguien de los que estamos aquí? Esta pregunta les hacemos a todos los nuevos. —me está mintiendo, lo sé, supongo que es una pequeña broma. Pero antes de darme cuenta de mi error, abrí mi boca, sin poder parar en mi estado y dije:

—¡William, por supuesto! —tartamudeé tan fuerte que probablemente todos los presentes en esta casa me han escuchado.




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