My stupid neighbour

Capítulo 13

Era la hora del recreo, el comedor estaba muy lleno y yo estaba muy orgulloso de haber conseguido un lugar para mí. Estaba sentada al lado de Natalie, quién charlaba muy animadamente con Mae.

—¿De qué es este jugo? ¿Naranja? —Preguntó Ryan que acaba de beber de una caja de cartón.

—Fruta de la pasión —Mae se rio y le desordenó el pelo de Ryan.

—¡Ey! —exclamó el pelo castaño.

Nat me ha explicado que ellos siempre son así, hacen una broma tras otra. Bueno, voy a tener que acostumbrarme a este nuevo entorno.

El timbre sonó y todos empezaron a levantarse de sus mesas. También me puse de pie, seguido de Mae y Natalie.

—¿Te apetece modelar en mi desfile de moda? —Mae preguntó de repente mientras nos sentábamos juntas en la clase de física. “La típica pija rica”, diría, pero no en voz alta, por supuesto.

—Oh, sí, ¿por qué no? Al igual que el año pasado, ¿no? —Dijo Natalie con entusiasmo. Oh, ¿encima lo hace todos los años? Eso es…

—¿Y Sidney? —Negué con la cabeza.

—No, no, pero solo miraré —contesté a su pregunta. Yo en una pasarela... Me podía imaginar y me gustaría mucho, pero yo tenía miedo de hacer el tonto y tampoco quería ser el centro de atención. Prefiero sentarme en una silla y mirar todo.

—Vaya… Tu personaje quedaría genial —hizo un puchero. Una vez más negué con la cabeza y miré hacia adelante cuando el profesor entró en la clase.

—¿Se lo puedes pedir a Will? —Dijo Mae a Nat que asintió a continuación—. Tú eres bienvenida a venir detrás del escenario —me ofreció. Le sonreí antes de que se volviera y mirara al profesor.

El timbre sonó indicando que la última hora ya había acabado. Recogí mis cosas y salí de la clase. Ahora solo quiero irme a… Una chica se puso en mi camino. Era rubia y tenía los ojos azules. Sí, podríamos decir que era la típica Barbie, pero tenía que admitir que era guapa.

—¿Necesitas algo? —pregunté molesta. Era perra de la clase de química, que me había llamado puta.

—Siento mucho lo que te dije —fruncí el ceño. Esto es muy raro—. Pero necesito tu ayuda —pronunció. ¡Hombre cómo no! No se va a disculpar, así como si nada.

—El desfile… ¿Le puedes pedir a Mae si yo puedo modelar?

—¿Por qué no se lo preguntas tú misma? —Sin esperar una respuesta, le di la espalda y salí corriendo de allí. Ahora tan solo quiero volver a casa.

—Eres una pe…

—No —furiosa, corrí hasta que salí del instituto. La chica me seguía, y entonces vi mi salvación. William se estaba dirigiendo a su coche. Corrí hasta allí, a pesar de que apenas era bienvenida. Pero en este momento no había otra salida.

Abrí la puerta del copiloto y me senté. Cuando me vio sus ojos me fulminaron… Lo he visto de mejor humor.

—¿Qué diablos estás haciendo aquí? —Dijo William, un poco confundido.

—¡Natalie! —Grité cuando la vi salir. Se dio la vuelta y yo agité mi mano. Cambió de dirección y corrió hacia nosotros.

—Entra —dije antes de que se sentara en uno de los asientos de atrás.

—¿Nos llevas a casa? —Pregunté a Will apresuradamente. Dos pares de ojos confusos me miraron.

—¿Qué estoy haciendo aquí? —Dijo Natalie.

—Creo que ha sido por una estupidez de una niña tonta —dijo Will mientras hacia una mueca, y yo rodé los ojos.

—Ahhh —Natalie parecía entender lo que quería decir—. ¿Qué te ha dicho?  —Preguntó Nat, riendo.

—Quiere ir al desfile... Yo no tengo nada que ver con eso, así que no le he respondido… —respondí un poco.

—Buena chica —dijo William. Volví a rodar los ojos.

—Pensé que salías con ella —murmuré lo suficientemente alto como para que él me escuchara.

—¿Todavía lo va diciendo? Cree que soy un playboy de la escuela... ¡Nat, ayuda! —dijo con una sonrisa. Me hundí en el asiento. Así que probablemente sólo eran rumores.

Will paró el coche delante de mí casa.

—Nat, ¿quieres venir? —la invité. Ella asintió con la cabeza.

—Es muy parecida a la casa de Will —dijo cuando entramos en casa.

—Lo sé.

Subimos a mi habitación después de qué mi madre le saludara a Nat de la manera más vergonzosa que existía.

—¿Estás segura de que no quieres ir? Encajarías perfectamente con el lema —dijo Nat mientras se sentaba en mi cama.

—¿Lema? ¿Qué lema? —Me senté en el puff que había en mi habitación.

—Eres dulce, ingenua y torpe —dijo, riendo.




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