Nacida De Las Cenizas

CAPITULO V

Espuma de Mar

Me desperté.

Los rayos del sol que atravesaban la ventana en mi habitación, aún cegaban mis ojos. Suspiré profundo.

Había vuelto a soñar con Jay.
Comenzaba a fastidiarme la tenacidad con la que irrumpía en mi mente, aferrándose a ella como un kangal turco jugando al tira y afloja.

Subí mi mano derecha frente a mis ojos, observándola detenidamente. Pensando.

Si no hubiera despertado hace unos minutos, hubiera jurado que aquel chico se había colado en mi cuarto anoche. Puesto que podía aún sentir el latido de su corazón golpeando rítmicamente la palma de mi mano.

Me levanté, cambie el pijama por unos tejanos y una camiseta blanca con la frase “I will be my own fucking hero” en letras negras, la cual era uno o dos talles más grande de lo que acoastumbraba a usar. Sonreí. Papá la había conseguido en la venta de garage de los Kumari. Su hijo se iba a la universidad así que se deshicieron de muchas cosas. La usaba siempre que podía, orgulloso de su gran compra. Mamá la odiaba.

Y esa fue otra de las razones por lo que decidí quedarmela.

Calcé mis deportivas y tomando mi bolso bajé las escaleras hacia la cocina.
Para mi sorpresa, mamá no estaba allí. En cambio una pequeña nota me informaba que había tenido que salir por patas, por algo del trabajo que no terminaba de entender.
Era algo de lo que ya estaba acostumbrada. Una de las razones por las que luego intentaba compensarme con esas salidas de "chicas" que yo tanto odiaba.

Siempre fuí madura, su trabajo como auditora era importante y no podía permitirse dejarlo. Ella debía ir allí donde la necesitaban, entendía eso. Y aunque estos ultimos años sin papá me encontraba sola, era ella la única que se mortificaba al respecto.

Tomé un cuenco pequeño y la caja de cereales de la alacena, dejándolos sobre el mármol grisáceo de la Isla. Saqué la botella de leche y la mermelada de arándanos, de la nevera.
Estaba poniendo unas rodajas de pan en la tostadora cuando sentí su risa tras de mi y me volteé rápidamente como acto reflejo

__ Te queda. - Dijo, bajando y subiendo su mirada, observándome minuciosamente.-

__ T-tú. Q-qué haces….?
Apenas podía conectar una palabra con otra, para coordinar una frase mínimamente coherente.

__ ¿Como entraste a la casa? -Exigí intentando con todas mis fuerzas sonar impávida.-

Podía sentir mi cara de estupefacción, la cual anulaba por completo mi débil intento de valentía.

Un leve suspiro salió de entre sus labios en un tono jocoso, espeluznante, que erizó cada vello de mi cuerpo.

__ ¿Eso es todo lo que te preocupa luego del momento íntimo de confesión que tuvimos anoche? -Dijo en tono de desepción subiendo la mano a su pecho, fingiendose herido.-

__ ¿Anoche, dices ? Eso…eso fue un sueño. -Contesté inquieta, apretando firmemente la pequeña cuchara de mermelada que sostenía en mi mano izquierda, en un instintivo acto de defensa.-

¿Acaso seguía soñando?

Quería parecer segura de mis palabras, pero la verdad era que aquello se sentía demasiado confuso, al punto de que estas sonaban a interrogantes y mi cerebro se sentía incapáz de asimilar lo que estaba ocurriendo.
__ Si sigues dándole tantas vueltas en esa cabecita tuya, te dará un ictus. Y créeme no es bonito. Lo he visto más veces de las que me gustaría presumir.

__ Pero no tiene sentido. -Concluí.-

Aquello fue lo único que pudo salir de mi boca.

__ Bueno, es que cobra sentido cuando comienzas a aceptar la parte fantasiosa de la historia, como las brujas, la magia y esas cosas…

Me sentía aturdida, mareada, y él sarcasmo de Jay no ayudaba. A decir verdad le restaba tanta seriedad que era incluso más difícil tomar una postura.
__ Dices que... lo de ayer fue real?

__ Depende un poco a que le llamemos "real".- Hizo comillas con sus dedos.- Aunque es un hecho, que hablaste conmigo anoche.

__ En un sueño. -Espeté incrédula.-

__ ¿Por qué esa resistencia? - Preguntó genuinamente interesado.- Te he observado por un tiempo y pareces ser una persona de mente abierta, que jamás se cerraría ante la posibilidad de algo. Mucho menos luego de las cosas que te han estado ocurriendo...

__ ¿De que hablas?

Jay se acercó un paso hasta la isla, recostandose en ella de manera confiada. Esto hizo que mi mano, que aún sostenía la cuchara y había comenzado a relajarse, se tensara nuevamente. En un intento por amenazarle.

__ Tranquila tigre, baja el arma. -Dijo subiendo ambas manos a la altura de su cabeza, y retrocediendo sus pasos, mientras intentaba contener aquella sonrisa burlona que lo caracterizaba.-

Su extrema calma me sacaba de quicio, pero como culparle cuando me encontraba amenzandole con el cubierto más inofensivo de la casa.? ¿Qué era lo peor que podía hacerle? ¿Endulzarle demasiado el té?

__ Responde. -Demandé. Podía sentir enrojecer mi rostro.-

__ Da igual lo que responda, te reusas a creer cada cosa que digo. -Frunció los hombros.-

__ ¿Conocías a Louren?

Él sonrió. Pero no dijo una sola palabra. El silencio se sintió eterno, haciendo que la tensión se sintiera en el aire.

__ De acuerdo. -Dije rendida.- Te escucharé.

Jay parecía levemente complacido.

__ Y con respecto al arma... -Señaló la cuchara entrecerrando los ojos de manera divertida.-

La solté, encima de la mesa.

__ La viste no es cierto? La camioneta roja el día que nos conocimos…-Articuló.-

__ ¿Cómo..

__ Viste la camioneta roja dias antes de que falleciera Ansel, povocaste aquel fuego en tu cuarto el día del apagón, viste a Ansel dentro del coche frente al restaurante y puedes verme aún cuando los demás no pueden hacerlo... -Prosiguió.- ...y ese solo ha sido el comienzo. Aunque da igual cuantas razones te de para creerme, al final del día deberás hacerlo. Eres inestable y me necesitas.




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