Nacidos entre las sobras - Sueños Oscuros, Libro 2

Capítulo tres

Pasado.

Esta vez esos sueños extraños se convirtieron en pesadillas, ellos… no, él. Si, él me había encontrado y me había llevado lejos del mundo que conozco, el mundo en el que me siento segura. Desperté en una gran cama de dosel, las cortinas de color guinda que estaban cerradas dándome un poco de privacidad, nada olía a mi… todo era de ellos, los Lobos me habían traído al centro neurálgico de su manada. Sin saber, podía asegurar que estaba en el Den que se encontraba, una copia del Vulpak Cruces y rosas, donde vivía y comandaba Frederick Von der Rosen.

El maldito perro me había traído a sus dominios, ¿Por qué no me había dejado donde estaba? ¿Porque era yo tan importante para ellos? Sé que nadie responderá las dudas que tengo, no lo han hecho o será acaso que no me he atrevido a preguntar. Solo me he dedicado a correr de ellos, a verlos como lo que son “mis carceleros”.

No sé qué fue lo que me hizo para traerme aquí, solo sé que no vine aquí por voluntad propia… quizá fue una compulsión, podrás ser… pero solo que después de que me dijese que me traería no recuerdo más, como si me hubiese desmayado.

¿Qué sentí al verlo?

¡Por Dios! El saberlo vivo fue un shok, pero el verlo tan distinto a como lo recordaba… Me fue difícil confiar en que este gigantesco hombre que entro en mi habitación fuese él, que era al que estuve buscando en otras personas por cinco largos años. Pero, la calidez de su boca, el sabor de sus labios… eso no me mentiría, era él. Siempre me pregunte, si las cosas habrían sido distintas de no haber insistido en solo ser su amiga o de verdad nunca le interese.

—Sé que estas despierta, puedo oírte pensar.

¡Mierda!

—¿Cuánto tiempo llevas allí Frederick?

¿Cómo no me di cuenta de que había alguien más en la habitación? Puede haber estado hablando en voz alta y el sabría exactamente el tipo de confusión que me causa, es injusto no poder percibir su aroma como él capta el mío.

—Desde que te trajimos a casa.

—Esta no es mi casa —le interrumpí, de pronto las ropas de cama me parecieron demasiado pesadas, lo que me obligo a levantarme de la cama y enfrentarlo. —Debiste dejarme donde estaba, allí me encontraba muy bien…

—Con todos esos hombres saliendo de tu cama en los últimos tiempos ¿No?

—¿Qué? ¿Es eso lo que te molesta? ¿Que tuviese más de una pareja y tú no estés en esa lista?

¡Oh Dios! Su sonrisa es más aterradora ahora, sus colmillos son visibles todo el tiempo, es como un perro gruñón.

—¿Quien dice que no estuve en tu cama, entre tus piernas, Alekssandra?

—¿Qué demonios estas diciendo? Claro que no has estado en mi cama.

—¿Qué te da esa seguridad?

—Por qué lo sabría, esto es una estupidez.

Se levantó del sofá cercano a la chimenea donde supongo paso la noche por la manta en el suelo, no parecía que hubiese dormido allí, su traje no lucía una sola arruga. A diferencia del chico que conocí, este hombre vestía de una manera formal muy distinta y le sentaba muy bien. Cuando comenzó acercarse a mí, pensé en huir, pero me di cuenta de que no tenía a donde correr y no podía hacerlo más rápido de lo que él podía moverse.

—¿Cómo podría ser una estupidez si no recuerdas un año y algo de tu vida?

—¿Cómo sabes eso? —mi voz salió como un susurro, yo no tenía ni idea de que él sabía mi condición, después de todo había muerto antes de que me diagnosticaran… —Los Sanadores no tenían derecho a hablarte de mí amnesia.

—Los Sanadores… yo los traje a ti cuando comenzaste a perder la memoria, cuando comenzaste a olvidarme.

En ese momento sentí mi cuerpo congelarse y el aire se negaba a entrar en mis pulmones, nada de lo que estaba saliendo de su boca tenía sentido, era como si me hubiese desmayado y despertado en un mundo alterno donde existió un “nosotros” y del cual yo no tengo idea.

—¿De qué…

—¿De qué estoy hablando? Del pasado Alekssandra, del pasado, de uno que compartimos tú y yo.

—Eso nunca paso.

—¿Estas tan segura de ello?

—¡Claro que lo estoy! De lo contrario yo…

¿Yo que? No podía estar segura de nada, había perdido más de un año de mi vida, no podía recordar nada. Si, había cosas que me parecían familiares, momentos de déjà vu, incluso momentos en donde había escenas que se sobre ponían a la situación que pasaba, como si fuesen dos películas de una vida ocurriendo al mismo tiempo.. No podía decirle que estaba segura de que nunca habíamos sido tan siquiera amigos si no recordaba, pero podrás ser que él estuviera mintiendo para burlarse o no sé, algo perverso. Después de todo así era él, un ser perverso que se había deleitado haciéndome creer cosas que jamás habían existido, ¿No?

—¿Lo recordarías?

—Eso es cruel.

—Me disculpo por ello Alekssandra, pero ¿Si no recuerdas una mierda como puedes asegurar que miento?

—Tampoco puedo creer ciegamente en ti.

—No te pido que creas ciegamente, pero si te pido que veas a tu alrededor, que reconozcas que tenías una vida distinta a la que piensas, a la que imaginaste.




Reportar




Uso de Cookies
Con el fin de proporcionar una mejor experiencia de usuario, recopilamos y utilizamos cookies. Si continúa navegando por nuestro sitio web, acepta la recopilación y el uso de cookies.