Nacidos entre las sobras - Sueños Oscuros, Libro 2

Capítulo cuatro

Deseo.

Sigo sin entender por qué mierda fui a ver a Alekssandra, menos entiendo por qué le dije de lo nuestro. Parece que me he vuelto mucho más desesperado, menos tolerante a su amnesia. Pero... Hace demasiados años que estamos separados y ella es la única de los dos que ha tratado de encontrar en otros lo que teníamos, yo sólo puedo soñarla a ella. Incluso cuando estaba en ese oscuro mundo, ella era mi luz, mi fuerza...

Creo que para que llegue ese momento en el que estemos juntos falta mucho, y que aún quedan demasiadas cosas que nos separan. La amo más que a nada, pero aún existe un abismo entre nosotros y no sé si tenga la fuerza para atravesarlo. Además, esta que la manada necesita, lo que les da estabilidad y creo que eso no puedo negárselos.

No debí haber asistido a esa reunión, debí quedarme en la cama viendo al techo o ya de menos una película… Pero no, tenía que hacerle caso a la bola de pelos de Adrik.

Al llegar a la sala de reuniones me di cuenta de la seriedad del asunto al encontrarse allí el consejo de la manada, las cabezas de las casas nobles incluso tenían montada un video conferencia con Ewha y su gente. Cuando entre en la sala el silencio invadió el lugar, las miradas se volvieron a mí. Me sentí como si estuviese a punto de pasar un examen y todos esperaban verme fallar.

Sin decir palabra tomé asiento solo observando a los presentes, incluso se encontraban allí dos de los muchos hijos de Mikhail a quienes saludé con un asentimiento. Me lleve una no muy grata sorpresa al ver a Yurik Vladik.

Una vez que todos tomaron su lugar, esperaban a que yo dijera algo, pero yo no los había convocado. Me percate que nadie se había decidido a hablar.

—Yo no los convoque, de modo que alguno de ustedes díganme ¿Qué hacemos aquí?

—Un poco de buenos modales no te caerían mal, Frederick.

—Supongo que tú los convocaste, Ewha.

—Sí, yo los llame. Porque necesitamos que hagas esto por la manada,

La seriedad en las palabras de Ewha hizo que todos los bellos de mi cuerpo se erizaran, supe que estaban por pedir algo que estaba incluso en contra de nuestro buen juicio.

—¿Qué es lo que tengo que hacer por la manada?

Vi como uno de los más ancianos del consejo se puso de pie, en su rostro había preocupación, temor y noté un poco de descontento. No me miro de inmediato, supuse que estaba ordenando sus palabras en su mente.

—Desde que Isidro Taftian nos lideraba… no teníamos la estabilidad que se requería para que la manada fuera fuerte, incluso usted lo sabe mi señor, la manada se dividió. Después llego usted y por poco más tiempo tuvimos la fortaleza que necesitábamos para la transición por la que la manada paso. Y de pronto todo eso nos fue arrancado lentamente, fue una tortuosa batalla. Durante casi seis años estuvimos nuevamente por nuestra cuenta, y fue por ello por lo que el consejo tomo el control y como sabe no lo hicimos muy bien.

Entendía perfectamente a los que se refería, tal como la manda canina, nuestra manada necesita de la estabilidad en el Alfa, una estabilidad que solo habíamos tenido el tiempo que estuve con Alekssandra. Pero, todo eso ya había desapareció. De modo que en ese momento estaba preguntándome: ¿Qué era lo que estaban a punto de pedirme?

En ese momento otro de los antiguos miembros de la manada se puso de pie.

—Aun cuando encontremos la manera de traer a nosotros a nuestra amada Alfa, ella solo estará con nosotros un suspiro de tiempo. Todos estamos seguros de que usted no le sobrevivirá, y eso nos hundirá nuevamente en el caos y la oscuridad.

—Como todos, también tengo muy presente ese hecho. Pero, tengo temor de pedirles continuar.

En ese momento el silencio se volvió algo tangible, pesado y oscuro.

—Necesitamos estabilidad, mi Rabdos. Necesitamos la estabilidad que parece nuca hemos tenido, salvo ese pequeño aliento. Sabes que amo a mi señora, pero… la manada lo necesita, esta vez es por ellos no por nosotros.

Dimitri Ruso estaba sentado lejos de la mesa done estaba el consejo, estaba sumido entre las pocas sombras que brindaba la habitación. Pero fueron sus palabras las que me dejaron helado, fueron claras, frías y verdaderas.

—¿Supongo que tienen una candidata?

—Así es mi señor, ella es la candidata perfecta y es de nuestro más antiguo linaje noble, después del de su familia.

¡Por todos los dioses!

Me estaban suplicando romper el vínculo que tenía con Alekssandra y tomar a una autentica Loba como su Alfa. Centre mi respiración para calmar todas las emociones que me estaban invadiendo en ese momento, ira, desesperación, dolor, comprensión…

Después de hacer esa pregunta, que era una respuesta para ellos, vi como semblantes de descanso en muchos de ellos, algunos más suspiraron agradecidos de la traición que estaba por cometer.

—Ella es poderosa por derecho propio y la actual cabeza de su casa.

Vi entrar a una mujer enfundada en una gabardina con capucha de color vino, pero no fue necesario que le viera el rostro, conocía su aroma, conocía a esta Loba. Ella se dejó caer en una de sus rodillas, un saludo que era más de un guerrero que de un sirviente.




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