Nacidos entre las sobras - Sueños Oscuros, Libro 2

Capítulo nueve

Dudas.

Lo vi convertirse en un Lobo, y por dios, era mucho más grande que los otros. Esa mirada... En ella había dolor y tristeza, pero, sobre todo, resignación. Me quede sentada en ese sofá por un largo tiempo, estaba como en una especie de trance, repitiendo en mi mente una y otra vez lo que había sucedido. No entendía por qué le había dicho eso, estaba viéndolo encender su cigarrillo y… Fue como si no pudiera detenerme y tuviese que decir eso, con el único propósito para lastimarlo.

Me puse de pie y comencé a vestirme, una parte de mí se sentía feliz, saciada, entera y absolutamente satisfecha. Pero, no me sentía bien del todo, había sido un error haberme permitido estar con él. Además, esa parte molesta de mí me decía que había traicionado a Frederick con el traidor. Tampoco tenía muy claro por qué había permitido que sucediera, había sido como si dentro de mi hubiera otra persona y esta se moría por estar entre sus brazos.

Salí de la oficina y no había nadie, extrañamente estaba todo solo, no había Lobos, no había ni Huanos. Pero, en realidad eso no me importaba, solo quería llegar a mi cama y enterrarme en ella el resto de mi vida. Me sentía como entumida, daba un paso detrás del otro, solo porque tenía que hacerlo. De pronto las palabras que le dije vinieron a mi cabeza.

“No podías resistirte, ¿Verdad? Oh no, todos tienen que rendirte pleitesía. Saben quién eres, pero no lo que eres, ellos crearán cuanto digas por que los manipulas... Tú manipula todo a tú antojo, a tú conveniencia. Seguramente me manipula para que tuviera sexo contigo”

Comencé a sentir un hormigueo extraño en la nuca, mi estómago se sentía revuelto. Y el aire se negaba a entrar en mis pulmones. Parecía que estaba enfermando de muchas cosas al mismo tiempo, me acerque a uno de los árboles. Su sombra me dio algo de paz, pero no fue suficiente. De pronto estaba pensando en ¿Este árbol ya estaría aquí o lo trajeron de algún lado?

No tenía muy claro porque pensé eso, pero el siguiente pensamiento fueron las palabras que le dije. Era como si estuviera tratando de convencerme a mí misma de que eran reales. Luego recordé su mirada, en ese segundo… escuché un zumbido ensordecedor. Me lleve las manos a los oídos, pero podía seguir escuchándolo, era como un silbato para perro. Miré a mi alrededor, pero no había nadie más, de modo que no pude comprobar si solo era yo.

Sentí algo que bajaba por mi labio superior, al tocarlo era líquido, recuerdo que pensé “moco” pero no fue así. Al verme los dedos me di cuenta de que era sangre, del mismo modo que comencé a sentir como me sangraban los oídos. Entonces todo se puso peor. Mis piernas no me sostenían, mis brazos parecían de goma y caí como un costal al suelo.

No sentía el frío, ni la humedad del pasto, mi cerebro estaba entumido, no podía enfocar, era como si mis ojos no respondieran y el tratar de pedir ayuda era exactamente igual.

Después de eso todo se puso negro.

De nuevo el sueño, ese sueño oscuro y aterrador que me había perseguido por esos años. Pero esta vez había una diferencia, una cosa que resaltaba más que las otras. En ese sueño se encontraba Frederick, el Frederick con quien había estado hacia un par de horas, al que había deseado besar y pertenecer.

En el sueño había un puente, pero no era un puente que hubiera visto antes, este era distinto… parecía de hielo. En medio estaba él y a su lado un enorme lobo. El mismo lobo de la oficina, lo que quería decir que era su parte humana y su parte Licana. Ambos me observaban con atención. El viento soplaba, era frío y lacerante. El sol no alcanzaba a calentar mi piel. Detrás de ellos…

Detrás de Frederick no había nada, solo oscuridad, una aterradora oscuridad. Detrás de mi estaba el Vulpak, la gente que recordaba, todo lo que conocía. Y estaba el viejo Frederick. Entonces supuse que ese sueño era la forma en que mi cerebro me pedía tomar una decisión.

Escuche la voz del viejo Frederick llamándome, diciéndome que volviera a él. Que me quedara con él y que juntos podríamos hacer lo imposible. Que solo a mi lado podría derrotar al traidor, que solo yo podía ayudarle a entrar en el corazón de la manada y destruirla desde dentro.

Frederick y el Lobo, estaban solo observando, en silencio. Él no decía nada, no se movía, no se defendía, solo me miraba. Era algo extraño, perturbador. Me gire a ellos, me sentía culpable, me sentía libre… ¡Rayos! Estaba más confundida que nunca, era como si me hubiera sumergido aún más en la oscuridad.

—¿Qué quieres de mí? — Como si este Frederick de mi sueño fuese a responder. —¿Qué más quieres de mí?

—Eso respóndelo con tu corazón, no con tu cabeza.

Después de que dijo eso comenzó a desvanecerse, como si se estuviera alejando de mí. Mi respiración se aceleró más, una sensación asfixiante me invadió. Lo estaba perdiendo, pero… ¿No era eso lo que quería? ¿No era eso lo que buscaba? ¿Qué estaba pasando?

No supe porque, no entendí por qué en ese momento corrí hacia ellos, estiré mi mano como si pudiera alcanzarlos. Al momento de poner un pie en el puente este trono ruidosamente. Me detuve en seco, vi como el hielo debajo de mis pies se resquebrajaba y comenzaba a caerse a pedazos. En un momento estaba allí y al segundo siguiente estaba cayendo al fondo del abismo.

Frederick y el Lobo desaparecieron junto con el puente, después de eso un agudo dolor abordo mi cabeza. El sueño termino, no sé cómo lo supe, pero sabía que ya no estaba soñando. Este dolor era real, estaba consciente y el dolor no se iba. Comencé a sentir un frío refrescante en mi frente, lentamente esa tranquilidad comenzó a ser mayor, el dolor estaba cediendo.




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