Nacidos entre las sobras - Sueños Oscuros, Libro 2

Capítulo trece

Arrepentidos.

Allí estaba yo de nuevo, sentada frente a Row la Sanadora, quien no puso muy buena cara cuando me vio. Pero dudo que sea por lo rápido que volví, creo más bien que es por Yurik.

—Ya suéltalo, Row.

—Solo debo curarle.

—No voy a dejar que me cures hasta que dejes de masticar ese hueso.

Dejó de agregar hierbas al montero donde estaba pulverizándolas, suspiro y finalmente se volvió a verme.

—Usted es una persona sumamente egoísta, incapaz de razonar por el beneficio de los demás, además de ser sumamente irresponsable...

—No voy a tolerar que sigas insultándome —La interrumpí furiosa, sintiendo como bajaba un hilo de sangre por mi labio.

—Va a callarse y a escuchar todo lo que voy a decirle, ¿Entendió?

—S... Sí.

—Usted cree que mi señor Von der Rosen hace las cosas sólo "por molestarla", que la trata como a un cachorro porque él es dominante y estúpido, que no se da cuenta que usted es una adulta. Pero, está total y absolutamente equivocada. Usted se porta como una niña berrinchuda, egoísta y patética que "piensa" que ha madurado. Mi señor hace lo que hace por usted por que.... Es importante para él porque, mi señor la amaba. Quiere protegerá de los enemigos de la raza y de los Humanos, pese a que usted es humana nada más.

De todo lo que dijo, sólo una frase se quedó fijada en mi cabeza... "él la amaba" vi a Row dirigirse a mí de nuevo con el cuento de hierbas.

—No.

—¿No?

—No vas a terminar hasta que hable con Frederick, llámalo.

—No puedo.

—O sí que puedes ¡llámalo ahora!

Ella agacho la cabeza desviando la mirada.

—No puedo llamarle, no soy un Lobo.

¿Que? ¿Entonces cómo demonios era una Sanadora?

—Pero...

—Soy una humana, sólo que no igual que tú.

—¿Latente?

—No, humana... Pero algo distinto.

—No tenido Row, explícate.

—Era una humana normal, joven y con una vida. Un Lobo se enamoró de mí, con tal fuerza que me "acosaba" día y noche. Yo huía de él, en cada ocasión. Era como jugar al gato y al ratón... Poco a poco fui enamorado de él, pero yo no lo aceptaba, me decía que todo era por su acoso, algún síndrome... Un día hui, algo me rogaba en mi interior que volviera a su lado, pero lo ignoré.

Los ojos de Row se llenaron de lágrimas.

—¿Puedes... quieres continuar?

Ella solo asintió limpiando las lágrimas de sus ojos.

—Corrí, corrí lo más rápido que mi cuerpo me permito... Pero, tarde me di cuenta de que estaba rodeada, pero... No era nadie de la manada... Eran Venántium... Ellos, le tendieron una trampa a mi Lobo. Pero fui yo quien cayó en ella... Mi arrogancia, mi estupidez, mi ceguera me llevó a ese momento.

—¿Ellos... ¿Ellos te capturaron?

—Sí, pero no solo a mí. Mi lobo y un grupo pequeño de sus amigos me alcanzaron rápidamente, antes de me tomaran... Pelearon con todo lo que tenían, pero cada vez que caía un Venántium otro surgía. Les ganaron a los Lobos por cuestión de número... Y entonces nos llevaron a todos... Solo cuarenta y ocho horas le costó a la manada dar con nosotros, pero, las cosas que nos hicieron... Lo que le hicieron por mi culpa.

—No fue tu culpa.

—Si lo fue, yo grité que lo dejaran, yo supliqué por su vida... Ellos usan todo eso en tu contra para romperte. Nos trajeron directamente a los Sanadores, pero todos se rindieron con él, nada pudieron hacer. Yurik lo llevo hasta mí, lo dejo en la misma habitación y antes de irse dijo "Reza a sus dioses, reza y suplica, ellos algunas veces escuchan"... Así lo hice, días y noches, finalmente vinieron a mí. Me dieron el don para sanarlo, pero me quitaron dos cosas.

La verdad tenía miedo a preguntar qué era lo que le habían quitado, pero sabía que era importante escuchar la historia hasta su final.

—¿Que... ¿Qué te quitaron?

—Todo lo que tenía, pero que no había aceptado... El dios que vino a mí me dijo "Salvaras su vida, pero a cambio de ello me llevare su vínculo y el recuerdo de lo que ello significa", no me quedaba muy claro, pero sabía que esto era trascendental. Luego con su voz severa dijo: "también me llevare tu mortalidad"... ¿Sabes? No pensé en ello, solo dije que sí, que lo salvaría. Al tercer día él ya estaba en pie... Pero no me recordaba, no sentía ya nada por mí, para él era como si no nos hubiéramos conocido... Nadie en la manada recordaba que él me amaba, nadie.

—¿Por qué te quedaste? ¿Eras libre?

—No lo entiendes ¿verdad?

—¿El qué?

—Por mi propia estupidez perdí al hombre que amaba y que me amaba, que dio su vida por mí... Él me quería a su lado, vivir conmigo, tener a nuestros hijos y morir juntos... Yo no lo permití. Después de lo que los dioses me hicieron, ¿A dónde iría un Sanador, inmortal y Humano? La manada me acogió, y me han protegido.




Reportar




Uso de Cookies
Con el fin de proporcionar una mejor experiencia de usuario, recopilamos y utilizamos cookies. Si continúa navegando por nuestro sitio web, acepta la recopilación y el uso de cookies.