Nacidos entre las sobras - Sueños Oscuros, Libro 2

Capítulo catorce

Extraño.

Solo quería estar solo un tiempo, lo que había pasado con Alekssandra me tenía confundido no entendía cómo podía cambiar tan de repente, quizá sólo era mi imaginación, pero sentía que algo no estaba bien con este asunto. Estaba en la oficina de Yurik, en ese momento recordé la primera vez que lo vencí, fue el día en que llegué a la casa Bellator, pero quizá en aquella ocasión sólo me dejó ganar en señal de apoyo y en esta ocasión había sido algo completamente distinto. Había sido más animal, más letal, quizá debía haber controlado un poco mi lobo... quizá no debí reaccionar, quizá simplemente debí dejar que ella se fuera.

Pero eran tantas cosas tantos quizá, tantos porque que nada me satisfacía, me sentía perdido me sentía más allá del control. ¿Pero cómo podía estar controlado entre una jauría se muerden la cola entre sí por cualquier cosa, por cualquier molestia? Y el gran papá lobo tiene que arreglar los problemas de los tontos cachorritos.

De pronto tres golpes en la puerta me sacaron de mis pensamientos, el aroma me decía que era un Lobo de la casa Rofsky de los que ya sólo quedan unos cuantos. Me llamó la atención que viniera escoltado por seis de los Lobos de la casa, lo cual me parecía ridículo pues era el lugar más seguro en ese momento

¿Ahora qué clase de mierda estaba por caer?

—Pasen, me preguntó por qué necesita una escolta tan numerosa señor Rofsky.

—Es por protección mi señor.

Mira que insolente.

—No necesitó protección de nadie.

—No la suya mi señor Von der Rosen, la mía.

¿Había escuchado bien? Insolentemente se había burlado de mí, resultado ahora que yo era el peligro para los miembros de la raza, en un estallido de furia golpe el escritorio con mis puños, mostrando mis colmillos que se habían alargado varios centímetros, no le debía nada y le exigía respeto.

—Estando en mi presencia es el único lugar en donde tu vida estará a salvo, déjese de estupideces y salgan de mi oficina excepto usted señor Rofsky.

—Cross, mi nombre es Vladimir Cross.

—Como gustes señor Cross, el resto largo.

Esperé a que la jauría saliera de la oficina para dirigirme directamente al señor Cross

—Dígame entonces que lo traía mi presencia, y hable rápido porque soy muy poco paciente... de otro modo lo mandare a sacar con el lujo de violencia que se merece.

Cross río mostrando sus colmillos descaradamente, parecía que la amenaza le importaba en lo más mínimo, sin embargo, recuperó la compostura más rápido de lo que yo esperaba.

—Tenemos que hablar del Zafiro de poniente.

—Vas a decirme ahora que eres uno de sus enamorados si quieres que te la devuelva...

—No mi señor lo que tengo que decirle acerca de ello es mucho más grave, y nunca, nunca le pediría que me la regresará... por alguna razón es que he venido a matarla.

En ese momento su discurso fue interrumpido por Adrik quién traía en brazos a una inconsciente Alekssandra, cuando la dejó sobre el sofá me percaté de que estaba más pálida de lo que era, su respiración era errática, y estaba fría al tacto, me arrodillé en el suelo junto a ella.

—Nadie debe entrar o salir de esta habitación, no le conozco señor Cross, pero voy a otorgarle el voto de confianza independientemente de la razón que lo haya traído hasta nosotros.

—Es un honor el que me ofrece mi señor, y lo pagaré con mi vida.

—Eso esperó— Le gruñí volviendo mi mirada a ella.

Concentre todo mi poder, toda mi energía en llegar hasta su mente, una tarea que parecía más difícil cada vez. El puente siempre estaba allí, de forma y material distinto, pero siempre allí. Estaba el domo, que en esta ocasión lucía negro y se estaba cayendo a pedazos, algo la estaba destruyendo desde adentro.

Los pastos lucían secos, los árboles muertos de adentro hacia afuera, los edificios destruidos, los ríos secos. Fuera lo que fuera que estaba destruyendo a Alekssandra, lo estaba haciendo de adentro lentamente, pero... había algo más.

Estaba yo frente a un Frederick más joven, lucía tal como había sido en el pasado.

—No vas a salvarla, ella es mía.

—Voy a liberarla, ella va a ser libre de ti, de ellos y va a ser libre de mí.

Como respuesta el Frederick joven recibí risas grutales y sumamente molestas, desvié mi mirada hacia el lobo que me acompañaba, era mi otro yo, mi verdadera esencia. Con un asentimiento de cabeza por parte de este me di cuenta de que ambos estamos dispuestos a morir por salvarla.

Me recupere después de lo que me pareció una eternidad, me encontraba sentado en el suelo frente a Alekssandra, Adrik estaba recargado en la puerta y Cross parado detrás del sofá observándome.

—Ahora sí lobito, vas a decirme que es lo que le está ocurriendo...

El tono frío de Adrik hizo que se me congela la sangre, pero era una de las personas más allegadas y en el que podía confiar plenamente.

—Esto es una especie de crisis, le ocurre cada vez que estamos juntos.

—Pero, lo sé visto en la misma habitación un millón de veces y nunca había entrado en esta especie de shock —Me respondió arqueando una ceja.




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