Nacidos entre las sobras - Sueños Oscuros, Libro 2

Capítulo dieciocho

Dioses.

Esta vez sí qué habían llegado al borde de la locura, no entendía qué razón habría para que hubiesen decidido vincular las almas de Margarita y la de Adrik. Esto se estaba convirtiendo en una pesadilla en la que nadie podría darnos una respuesta concreta, o nadie quería hacerlo. En muchas ocasiones ese tipo de vínculos, habían terminado en un gran desastre, no siempre es para “encontrar” al alma gemela y el romance del siglo. Las cosas parecían estarse complicando, pero si lo pensaba un poco Alekssandra tenía razón. Lo mejor que podía pasar era crear un vínculo entre esos dos, y así de una buena vez proteger el alma de ambos... Sobre todo, la de Adrik.

Por la casa todos estaban vueltos locos ordenando y acomodando todo lo necesario para dichoso ritual, Cross los había proporcionado todo incluso el santuario o capilla. Donde los Lobos adoramos a nuestros dioses, me encontraba un poco... muy ensimismado mis propias ideas y pensamientos.

Salí al jardín, la luna llena estaba en lo alto, el aire gélido, el cielo estaba completamente despejado. Me senté en las bancas que se encontraban fuera de la enorme casa, estaban heladas al tacto, pero poco me importó. Sólo quería un poco de paz, un poco de soledad para pensar. Pero tampoco podía correr esta noche, cómo sabía no lo haría en muchas otras en el próximo año.

Comencé a pensar en todo lo que se avecinaba después de ese año con Alekssandra, tendría que buscar la manera de dejarla libre y después de ello, hacer lo que la manada deseaba, formar mi vínculo con Z. Por alguna razón esto no me entusiasmaba mucho, de hecho, no me entusiasmaba nada la idea.

Entonces recordé lo que Cross había dicho al entrar a mi oficina. Que había venido a matar a Z, de eso no había podido hablar con él. Algo dentro de mí me decía que no quería escuchar lo que él tenía que decirme, puesto que en ese momento iba a ser yo quien le arranca la cabeza con mis propias garras.

—¿Existirá alguna manera en que los dioses me escuchen y puedan responder mis preguntas?

— Interrogué al viento.

—Los dioses no responden ni las preguntas de los que ya estamos muertos —Me respondió Záitsev sentándose junto a mí en su forma humana.

—La ventaja de que seas un espectro es que cuando te transformás en tu forma humana tu trasero no queda el viento —Le comenté observándolo con detenimiento.

Si, éramos parecidos. Pero, había ligeras diferencias entre nosotros. Para comenzar su cabello no era tan perruno como el mío, era dócil y sedoso. Según se veía los rasgos de sus ojos no eran tan claros como los míos, tenía un halo azul marino que redondeaba todo el iris.

—¿Qué estás haciendo aquí afuera con este frío? Te vas a congelar te la cola.

—Sólo salí a pensar un poco, por cierto ¿Dónde está Alekssandra?

—En la habitación de arriba, ella, Patricia e Iris, iban a tener una tarde de chicas y me echaron como si fuera un perro.

No pude evitar sonreír al escuchar su tono lastimero, por un momento fue algo cercano a la normalidad... como si pudiese confiar en él, pero sinceramente estaba aterrado de hacerlo.

Después de un rato los dos nos quedamos en silencio, sólo observando hacia la nada, la nieve lentamente comenzó a caer, una nevada tranquila, sin viento. El frío había aumentado, pero para ese momento yo no sentí absolutamente nada.

—Hay algo que quiero preguntarte...

—Hijo —Me interrumpió en un tono que me molesto.

—¡Tú no puedes llamarme así! No te has ganado ese derecho, Henrriette sacrificó demasiado para ganarse ese derecho de que yo la llamara madre... por desgracia murió antes de que pudiera hacerlo.

—Tienes razón no me he ganado ese derecho —Me di cuenta de que mis palabras le habían causado un gran dolor, sin embargo, era lo que sentía y no iba a retractarme simplemente porque se tratase de mi padre biológico —Pero aun así debo contarte cosas del pasado de las cuales ignoras.

—Bien, si eso me sirve de algo en este momento o para el futuro, entonces te escucharé.

—Supongo que sabes la historia de tu madre y yo.

—Lo que me contó ella y lo que leí del diario de Isidro Taftian.

—Bien es bueno que conozcas casi el ochenta por ciento de la historia, lo que no conoces es lo que realmente pasó entre tu madre y yo... Cuando regresó de... cuando la recuperamos de los Cazadores.

En ese momento se me heló la sangre, pues sólo conocía una parte en la que la habían obligado dejarme y le echaban, pero ella no quería hacerlo y por ello le dio muerte a este hombre.

—Yo iba a irme con ella, iba a abandonar la manada, iba a abdicarle el título de Alfa a mi hermano menor... nos iríamos a criarte juntos, lejos, quizá volveríamos estas tierras. Quizá lo haríamos en otro lado, eso nunca lo sabré. Pero estaba dispuesto a dejar todo por ti y por ella, ella no había perdido su alma, su esencia seguirá siendo ella, solo que con poderes Venántium.

—¿Qué les impidió hacerlo? —Le interrogué con un hilo de voz.

—Isidro alboroto la manada como si fueran una maldita jauría rabiosa y salvaje, ni siquiera su padre quiso escucharme cuando le asegure que ella se había salvado, que solo era cuestión de cortar los lazos que tenía con los Cazadores y, que nos sería de gran utilidad en nuestra batalla contra ellos.




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