Nacidos entre las sobras - Sueños Oscuros, Libro 2

Capítulo veintiuno

Dolor.

Nos reunimos con mis abuelos un par de veces más esa semana, me contaban sobre mi madre, sobre su vida y lo mucho que le echaban en falta. Incluso me preguntaron cuál de los dos hermanos me gustaba, obviamente refiriéndose a Frederick y al espectro, este último sonreía mostrando su blanca dentadura.

El siguiente fin de semana hicimos un viaje a un lugar que estaba 150 kilómetros de distancia, como siempre el espectro iba sentado en el asiento trasero del auto. Llegamos a ese lugar al amanecer, el frío no se sentía como en otras ocasiones el sol era cálido y agradable. En cuanto baje del auto, Frederick se paró junto a mí. Frente a nosotros estaba una edificación antigua, parecía un pequeño castillo, rodeado de enormes jardines.

—Aquí pase los años más felices de mi infancia, hasta que me adoptaron.... ¿Podemos entrar?

—Sí, Branislava ya nos dio su autorización.

Frederick tomó mi mano y nos dirigimos a la entrada, donde se encontraba la caseta de vigilancia y los guardias se encontraban.

—Buen día, soy Von ser Rosen, tengo una cita.

El guardia revisó una lista, y luego volvió a vernos.

—La señora Slayevsaka. los está esperando.

Con calma y envueltos en un agradable silencio, comenzamos a dirigirnos hacia el edificio sobre el viejo camino empedrado. Los pastos parecían un manto blanco, los árboles cubiertos de hielo, al igual que el edificio. Un hermoso panorama helado, uno que pensé no volvería a ver jamás. Al llegar a la puerta, sentí una punzada en el corazón.

—¿Todo bien?

—Son demasiados recuerdos amor, mis amigas, mis amigos... Crecí con ellos, les perdí, vivimos cosas dolorosas...

—Todo ello te ha hecho la mujer que eres hoy en día, eres justá, eres empática... Por ello entiendes a los que te rodean, les ayudas y los amás.

Sus palabras hicieron que lo viera directamente a los ojos, había un brillo en ellos que no había visto jamás... ¿Orgullo?

—Gracias Fredy.

Sus ojos se abrieron con sorpresa y una sonrisa pícara se formó en sus labios, me tomó de la mano evitando que pudiera escapar.

—Esa osadía te costará muy caro, Alekssandra —. Me acercó a él, poniendo su cabeza en mi cuello, pegando sus labios en mi oído —Voy a hacerte pagar tu atrevimiento de formas que no puedes imaginar.

El tono en que lo dijo hizo que sintiera una fuerte excitación ante su amenaza, sentí como mordió el lóbulo de mi oreja.

—Buen día.

La voz de Branislava nos interrumpió, Frederick se alejó de mala gana, ambos saludamos a la mujer que me había salvado gracias a la desconfianza y a que pusiera a alguien a vigilarse.

—Sean bienvenidos a mi hogar, sé que no necesitaran una guía... pero no quisiera que mis niños se emocionaran pensando en que... ustedes son padres potenciales.

—En realidad hace poco adopte a una pequeña Humana —. Le comento Frederick —Eso se escuchó horrible —. Murmuro tallándose la cara —En realidad la rescatamos de... un severo accidente, solo ella sobrevivió y decidí adoptarla... si algún otro humanito me roba el corazón igual y decida adoptarle.

En esta ocasión la sonrisa de Branislava fue genuina, en su mirada había un vestigio de gratitud.

—Entonces, adelante —. Nos señaló hacia el interior del orfanato.

Frederick me tomo de la mano, dirigiéndome hacia el interior del edificio. Increíblemente todo estaba exactamente igual a como era en la época en que vivía allí. Los colores y los viejos aromás golpearon mi mente con fuerza, fue como volver a tener cuatro años y andar por esos pasillos llenos de niños. Sentí como una lágrima rodaba por mi mejilla, en este lugar había tantos buenos recuerdos, y ahora los compartiría con él.

No pude evitar reír al recordar el día que habíamos tirado el jarrón que se encontraba al pie de la escalera, Branislava al verlo casi le habían salido humo por los oídos. Pero no nos dijo nada, una semana después había sido remplazado por una réplica de plástico. Los recuerdos que tenía de ese lugar eran buenos, tenía amigos, y todos tenían el mismo sueño:

Tener una mamá y un papá. Pero... yo... no.

No quería saber de las personas que me habían abandonado en esa bolsa, pero ahora sabía que mi mamá me había amado, al igual que mis abuelos... ellos no me habrían dejado de buscar, de haber sabido que yo seguía con vida. Entendía los motivos que Branislava tubo para mantenerse en silencio, en aquella época su ex esposo era sumamente poderosos.

Ella, temía por nuestras vidas.

Le mostré a Frederick los dormitorios, eran aun, idénticos a cuando yo estuve en este lugar. Le mostré cual era mi cama, las de mis amigos, le relaté las cosas divertidas que hacíamos, como después de que Branislava o alguna de las cuidadoras apagaban la luz, nos escapábamos al jardín. Bueno, siempre pensábamos que nuestros cuidadores no se daban cuenta, pero siempre sabían dónde estábamos.

Recorrimos la sala de juegos bajo la atenta mirada de los actuales residentes, por la expresión en su rostro al ver a Frederick, me di cuenta de que ellos sabían perfectamente quien era él. Algunos le sonreían, otros se acercaban y le daban un abrazo o un beso.




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