Advertencia.
Vladimir Cross nos llevó a una remota isla en la periferia de Siberia, creo que de buscarla en el mapa, esta sería la última isla justo en medio de la nada. De lejos se veía como un punto blanco, cubierto por la nieve. Una vez cerca podías ver el castillo amurallado, la pista de aterrizaje y un puerto.
—Antes de aterrizar, deben saber que este es el hogar de Verona.
—¿Verona, la Oscura? —. Interrogo Záitsev con algo de temor en su voz.
—Sí, esa Verona.
—¿Qué no se supone ella esta... bueno... desapareció antes de mi muerte.
—Ella les contara esa historia y cómo nuestros caminos están juntos, pero es importante que escuchen lo que tiene que decir.
Nadie dijo más.
Cross aterrizo con maestría el pequeño avión en el que viajábamos, lo introdujo en el hangar y las puertas mecánicas se serraron detrás de él. Los operadores de la pista se acercaron, al bajar, todos hablaban con demasiada familiaridad con Cross. Pero las cosas cambiaban una vez que posaban sus ojos en mi o en el espectro que ahora estaba en su forma de Lobo a mi lado. Y parecían querer desaparecer en cuanto veían a Alekssandra, después de hacer una rápida reverencia de respeto.
Nos dirigieron al interior del castillo por los pasillos que conectaban cada edificación, puesto que afuera el frio seria insoportable para los Humanos o Latentes que vivían allí. Todo detrás de las puertas del castillo era distinto a cualquier cosa que hubiera visto. Un poco de aquello un poco de esto, lo que le daba un estilo algo perturbador.
Una de las jóvenes nos dirigió a lo que denominó como el salón negro, y nunca imagine porque hasta ver las enormes herramientas de tortura antigua. Las antorchas en las paredes, que obviamente ya eran obsoletas porque ese castillo contaba con todos los servicios de una ciudad. Cornamentas adornado las paredes, alguna piel de Lobo, lo que era algo irónico.
—Buen día, bienvenidos a mi humilde morada —. Nos dijo una mujer como de unos cuarenta tres años, de cabello casi blanco, unos ojos sumamente oscuros y una piel extremadamente blanca.
—Verona—. Saludo Cross.
—Oh, mi amado Lobo de hielo, es bueno que ya estés en casa otra vez.
—Lo sé Verona, he traído conmigo a los Alfas y al espectro, como me pediste.
Alekssandra apretó su mano en la mía, evidentemente estaba nerviosa, igual que todos.
—Bienvenido sea mi señor Záitsev —. le dijo a mi padre.
—Es un gusto volver a verte.
La velocidad de conversión del espectro era algo que aun me seguia sorprendiendo, pero finalmente él no estaba con vida.
—Es bueno que lograran llegar, me sorprende que el Zafiro de Poniente no se interpusiera.
—¿Por qué Z tendría que intervenir?
—Eso se lo diré después mi señor, la señora Vasíliev está agotada, deberíamos ir al comedor y después dejarla descansar. Así podemos charlar usted, el señor Záitsev y yo.
No me gustaba que ella supiera mejor que yo, como es que se sentía Alekssandra, pero tenía razón. Nos dirigió al comedor principal, donde ya tenía todo arreglado, así que disfrutamos de una deliciosa comida elaborada con cordero. Después escoltaron a Alekssandra y a Cross a sus habitaciones. Záitsev y yo a la misma habitación donde habíamos estado con anterioridad.
—Tomen asiento, por favor mis señores.
—¿Cómo has vivido tanto tiempo siendo Latente?
—Como siempre vas directo a la yugular, mi señor Grigori.
—Responde.
—Ivana Cross.
—¿La madre de Vladimir, que tiene que ver en esto?
—Ella me convirtió en lo que soy... usted sabe lo que soy mi señor, esas visiones... esa maldición de ver el futuro cuando este es devastador.
—Sí, también se tu afición a no intervenir. Disfrutas demasiado haciendo sufrir a las personas.
—Eso fue hasta que me topé con los Cross, Ivana me prohibió estar cerca de su familia… me separó de él. Vladimir ha sido siempre mi debilidad, solo que no quise aceptar su vínculo, porque él moriría cuando lo hiciera yo. Fui egoísta y estúpida, entonces todo aquello ocurrió. Atacaron a la familia que duramente Vladimir estaba creando, yo los vi venir y pero nadie me escucho... Ivana me culpo y me maldijo y la maldición la aceptaron los dioses. Ellos me marcaron y me dejaron renacer y vivir por siempre. Ahora veo todo, pero no debo hablar de ello, solo puedo poner a las personas en el camino correcto y rezar porque las cosas sean mejores.
¿Una vidente? Los dioses estaban haciendo las cosas cada vez más complicadas. ¿Por qué no hacían inmortales a todo aquel que se vinculara con un Lobo? Los problemas de la manada se resolverían en un chasquido de dedos.
—Ahora habla sobre Z —. Le ordene in par de minutos después.
—El Zafiro de poniente está orquestando algo, aun no se con exactitud un qué, pero. Si lo logra, la vida de Alekssandra se extinguirá, si no lo hace, usted en su contra estará.
—¿Eso de que me sirve? Ya lo sé, Z ha estado muy insistente en saber dónde está ella.