Advertencias II.
Hace apenas tres días que Frederick viajo a casa Bellator, he notado que Cross y Záitsev están molestos por este hecho, pero, trataban de no decir nada frente a mí. Creo que ellos también creían lo mismo que yo, que este viaje "repentino" de Frederick era un grave, muy grave error. Quizá solo estoy siendo paranoica, quizá solo sean celos, porque la zorra estará allí, no lo sé.
—Puedo oler tu miedo a cientos de kilómetros de aquí, pero me pregunto ¿Es temor por ti o por él?
Estuve a dos segundos de salirme de mi piel.
—¡Záitsev! ¿Voy a tener que ponerte un cascabel como a un gato?
—¡Espero que no!
Me acomode de nuevo en la cama, jale las mangas de mi pijama para acomodarlas, tratando de ocultar mis propias emociones. Estaba sentada en la cama de la habitación en el castillo de Verona. Me había estado preguntando ¿Qué demonios era ella? ¿Latente, Lobo, Humana? ¿Bruja? Estas últimas ¿Existían? No, creo que no.
—¿Qué sucede pequeña lobita?
—¿Por qué tendría que suceder algo?
Se sentó a mi lado, no me había fijado bien en él hasta ese momento. Sin duda él y su hijo eran parecidos, pero no idénticos. Creo que solo los que conocíamos bien a ambos encontraríamos esas pequeñas diferencias.
—Porque tengo la sospecha que no te gusto el hecho de que Frederick se fuera, porque creo que al igual que yo sabes que ese viaje es un error.
—¿Has estado hablando con Verona?
—No, lo que la Oscura tenga que decir, no me interesa. El futuro no está escrito en piedra... sin duda los acontecimientos y decisiones de los que nos rodean son parteaguas para que las cosas sucedan de un modo u otro, al final siempre es nuestra decisión.
—Tienes razón, pero... ¿Qué pasa si ella logra su objetivo?
—¿Qué objetivo sería ese, Alekssandra?
—No lo sé... alejarlo de nosotros, creo que ella destruirá a la manada desde dentro.
Ahora Záitsev me veía con el ceño fruncido.
—¿Por qué sospechas eso?
—No lo sé, es una vocecilla que me dice que ella es peligrosa para la manada, que ella es peligrosa para todos. Pero no quiero pensar que solo sean celos, que estoy celosa porque ella será la "esposa" de Frederick y yo quedare fuera de su vida.
—No creo que tu intuición esté conectada a tu corazón, creo que lo que sientes respecto a Z, esa "advertencia" te convierte en la perfecta Alfa.
—Ya no seré... ya no más —. Murmure.
Repetir esas palabras me rompió el corazón, las lágrimas amenazaban con desbordarse.
—Yo sé cómo podemos remediar eso.
—¿Qué?
—Nadie, salvo el consejo y Z quieren ese cambio, ¿Por qué? No lo sé. En nosotros esta detenerlos, y creo, no... Se, que es tu deber hacerlo, por el bien de la manada.
—Pero, si hacemos algo que no esté en el "plan" de los miembros del consejo, se molestarán y pedirán mi cabeza.
—No, si lo haces tal y como yo te indique.
—Bien, solo espero esto no lastime a la manada.
—Solo tendrán un raspón, estarán bien.
Esos días no había podido dormir, temía que sin Frederick caería en esos sueños oscuros. Así que para el final de la semana era más un zombi que una mujer. Así que decidí ir a la palaya a caminar, el clima estaba un poco más cálido, pero para ser invierno eso era una gloria. Me permitieron salir del castillo, con mi guardián Záitsev y una pequeña escolta de unas veinte personas, órdenes de Verona.
En ese momento sentía que cargaba el peso del mundo sobre mis hombros, dado que tenia , si lo que sentía se hacia realidad, tendría que ser yo la que la detuviera… pero soy solo una Humana. Y si el espectro me había dicho funcionaba, el camino de la manada seria redirigido totalmente. Pero, también era meterse directamente en la boca del Lobo... Ese era un asunto de temer, si ellos actuaban antes de que las cosas se consolidaran, mi vida estaría en riesgo o totalmente pérdida.
Aproveche la lejanía y que Záitsev los mantuviera a una distancia donde no me podrían escuchar, Verona me había proporcionado un teléfono satelital, sin pregunta ni explicación, pero obvio... ella era la Oscura, la que todo lo ve, futuro, pasado. De modo que hice muchas llamadas, a muchas partes del mundo que me habían apoyado en el pasado, antes nuestro drama, todas con el mismo fin.
Me percaté de que la luna podía verse ya en lo alto del cielo, pero aún no oscurecía. Záitsev se acercaba a mí con paso lento, se veía tranquilo, relajado. Por un momento me imagine a este hombre y a Henrriette, la madre de Frederick, juntos, caminado por esta playa. Fue una imagen de la cual sentir envidia, se veían felices, tranquilos y muy enamorados.
—El avión de Frederick aterrizara dentro de una hora, Cross acaba de informarme.
—Por qué presiento que algo está muy mal con todo esto.
—¿Con que esto?
—Tu hijo... Siento que metió la pata en algún hoyo y que va a arrastrarnos al fondo con él, que... no sé cómo explicarlo.