Nacidos entre las sobras - Sueños Oscuros, Libro 2

Capítulo veinticuatro

Verdad.

Alekssandra se desvaneció prácticamente frente a mis narices, pero antes de que pudiera llegar a ella, Iris lo hizo, pero eso no fue lo que me puso alerta.

—¡No te atrevas a tocas a mi señora!

Adrik, Dante, Patricia, Dimitri, Ewha e incluso mi padre la respaldaron.

—¿Qué mierda es esto? Yo sigo siendo su Alfa.

—Ella también lo es, ella es nuestra señora... no esa puta —. Gruño Patricia.

—Yo soy....

—Tú no eres nadie para la manada, eso métetelo muy bien en la cabeza, solo eres el juguete del Consejo —. La interrumpió Ewha con un tono de voz glacial.

—¡Basta! —. Todas las miradas se centraron en mí. —Llévenla a mi habitación.

—No... ese lugar está contaminado — Me gruño Iris.

¡Maldición! Esto no podía estar pasando.

—Entonces, llévenla a la casa del Consejo de las Hijas de Lyra. Allí estará cómoda, si lo desean aposten centinelas... hablare con ella más tarde, lleven a ella una Sanadora —. Les ordene. — Tú quédate un momento.

Záitsev gruño, pero finalmente acepto quedarse.

—Corazón, yo...

—No Z, no soy nada tuyo... esto — la interrumpí señalando su muy embarazado abdomen —Esto no nos ata de ninguna forma.

—¿Pero es tu hijo?

—Un hijo que yo no te pedí, ni autoricé en ningún segundo... ¿Quién más está en esta casa?

—Solo... solo mi personal de confianza —. Respondió al borde de las lágrimas.

—Tráelos —. Le ordene a Záitsev. —Siéntate.

Z se sentó en el sofá y colocó almohadas alrededor de su vientre, yo me senté en la mesa de centro, justo frente a ella. Záitsev comenzó a recorrer la casa, esto tardaría un par de minutos.

—¿Cuánto te falta para el alumbramiento?

—Seis meses.

—¿Cuántos son?

—Solo... solo es uno, un macho.

—Solo uno... bien, parece que los Taftian solo engendran uno por generación, que putada.

—Los Sanadores dicen que es sano y fuerte como su padre.

—¿Por qué me engañaste Z? ¿Qué hierva usaste para que no notara que eras fértil?

El rostro de Z se tiño de rojo.

—Tricosida.

—Así que utilizaste la combinación de las tres hiervas para inhibir mi olfato, no querías que me diera cuenta de que eras fértil. ¿Por qué?

—Sentía que tenía que hacer algo, tenía miedo de que me dejaras...

—¿Mi palabra no tiene ningún valor? Piensas acaso que soy cualquier Lobo en el que no se pueda confiar.

—No... es solo que, tenía miedo.

—Pues ese niño no me ata a ti, no será la primera nodriza ni la última.

—Pero... Pero, es tu hijo. ¿No lo quieres?

¿Lo quería? ¿Lo necesitaba? ¿Lo deseaba? No, no con ella.

—Eso no lo sé, por ahora todo lo que sé es que debo arreglar esto con Alekssandra.

—¿Qué pasara con nuestra vinculación?

—Eso está como antes, aun soy libre de ti por unos meses.

—Pero... Frederick... es nuestro hijo.

—No quieras chantajearme con esa mierda, tú lo provocaste. Nunca te lo pedí o lo mencione, soy el Alfa y mi deber sigue siendo para con mi Alfa.

—Entiendo.

Nos quedamos en silencio, unos minutos después Záitsev escoltaba a siete machos, se notaba que estaban molestos.

—¿Necesitas a tantos machos?

—Son para mi protección.

Algo en esta situación no me gustaba, entre esos siete había dos miembros del Consejo, que al verme hicieron una reverencia de respeto.

—Pues esto se acabó aquí, serás trasladada a el área hospital del Vulpak, allí estarás bajo custodia de mis Centinelasy las Sanadoras. Dado que muchos de la manada querrán arrancarte la cabeza por tu propia estupidez, es mejor que no asomes la cabeza por ninguna parte del Vulpak.

—Pero mi señor, ella es la futura al...

—No es el Alfa, no es mi Alfa. Solo es la nodriza de mi hijo, no es mi pareja, no es más que la mujer que llevara a mi cachorro y es todo.

Mi gruñido salió más duro de lo que pretendí, pero estaba estableciendo un punto. Ellos la estaban colocando en un lugar que no le correspondía, que aún no se le daba y sobre todo querían colocarla como mi pareja y mi corazón solo pertenecía a una sola persona. Aunque sospecho que ella no se tomara esto tan bien, ni siquiera querrá saber de mí.

—Lo lamento mi señor, tiene razón.

—Ustedes siete dejaran el Vulpak —. Les indique a los machos —Trae a las Sanadoras y a algunos Centinelas.

La orden que le di a Záitsev se quedó en el aire, él estaba sentado sobre sus cuartos traseros junto a mí. Volteo su enorme cabeza a verme y con la misma seriedad la desvió a los siete machos. Me vi obligado a llamar a Ewha.




Reportar




Uso de Cookies
Con el fin de proporcionar una mejor experiencia de usuario, recopilamos y utilizamos cookies. Si continúa navegando por nuestro sitio web, acepta la recopilación y el uso de cookies.