Revelaciones.
Llevamos a Z a la área hospital del Vulpak, el Consejo se aseguró que fuera el lugar más seguro del lugar, apostaron Centinelasy guardias en todo el perímetro, tanto fuera como dentro. Situación que me hizo sentir molesto, pero no dije nada. Simplemente les dejé continuar con el juego, quería ver hasta donde llevaban esto. Me senté en la zona de espera, junto a mí, varios del Consejo y algunos que eran "amigos" personales de ella. Me sorprendió no ver a ninguna mujer allí, solo hombres... que raro.
También me sorprendió el hecho de que los consejeros que se encontraban allí eran de los que habían estado renuentes a aceptar mi ascensión cuando Isidro Taftian murió, aunque en su momento no dijeron nada. De hecho note que no había nadie de los que me había brindado su apoyo, de aquellos que nunca me dejaban solo, que tomaban las decisiones a mi lado... esto está mucho más raro.
Todos me miraban con cierto descontento en sus rostros, esto se refelejaba en sus miradas y en sus rostros, me dio la impresión de que incluso no me querían en el lugar. ¿Qué mierda estaba ocurriendo aquí? Después de casi tres días, el Sanador en jefe por fin vino a darnos detalles de ella. Lo que me pareció curioso es que los miembros del consejo se acercaran con premura, y exigieran saber en qué condición estaba tanto la madre como el cachorro.
—¿Por qué debería informarles a ustedes? —. Les interrogo en Sanador.
Irónicamente yo no me había movido de mi lugar.
—Somos miembros del consejo, guardianes del Zafiro...
—Serán lo que gusten, solo le debo respuestas a mi Alfa —interrumpió al consejero.
Entonces el Sanador se dirigió con calma a mí, ante la atención de todos allí.
—¿Cómo se encuentran?
—Estables mi señor, pero... ¿Gusta acompañarme? Tengo un detalle del que deseo hablarle.
—Lo que sea que tengas que decirle sobre nuestra señora, puedes hacerlo aquí.
¿Había escuchado bien? Me puse de pie en silencio y con calma, pero dejé que mi Lobo tomara el completo control.
—Ella no es su jodida señora, les guste o no solo es una puta nodriza. Y si el Sanador tiene algo que decir, solo me lo dirá a mí y yo juzgare si ustedes deben saberlo. Yo y les guste o no, la señora Vasíliev somos los Alfas de esta manada, nadie más... nunca más.
Nadie pudo decir ni pio, no les dejé lugar a dudas sobre quien era yo y que no podían sobrepasarme, por más "poder" que pensaran tener. Estaba cansado que pensaran que tenían un pie sobre mi yugular, y más que siguieran pretendiendo que Alekssandra no existía. Ella estaba allí y no iba a permitir que nadie tomara su lugar, no importaba lo que les había prometido. Le indique al Sanador que me siguiera a las oficinas del hospital, donde no tendríamos interrupciones, pero sobre todo donde no podrían escucharnos. Entramos a la oficina y serró la puerta tras de sí.
—¿Qué es lo que sucede?
—El feto no va a sobrevivir, su corazón está comprometido. Pero no es eso lo que le está matando... él ya está muerto.
—¿Qué quieres decir?
El Sanador guardo silencio, uno que me pareció eterno.
—Fue concebido siendo Lobo, pero ya no es eso. No sé de que manera la sangre Venántium se coló en su sistema… él... No tiene alma, ya...
—Es un Cazador.
—Por completo, y esa trasformación no la soportará, no nacerá. De salvarle, matara a la señora Zirith.
—Aun si ese bebe naciera, no podríamos permitirle con seguir con vida. Nadie podría controlarlo, no sentiría nada por nadie, solo serviría para eliminar a la manada desde su corazón.
—Lo entiendo mi señor.
—Avísame cuando... revisaremos su cuerpo y determinaremos el castigo para Z en consecuencia, lo que él ha sufrido ella lo sufrirá por multiplicado.
El Sanador simplemente asistió en silencio y salió de la oficina, dejándome pensando en mis pasos a seguir. Para comenzar debería ir a ver a Alekssandra, al calabozo donde la mande encerrar. Parece cruel, pero no lo hice por sus acciones, de eso estaba seguro. No regrese a la sala de espera, me dirigí a mi oficina, donde Adrik ya me esperaba.
—Se supone que para entrar debes pedir permiso, y tú nunca lo haces.
—Ya deberías estar acostumbrado.
—¿Qué quieres Slavik? Tengo que volver al hospital.
—Tienes que ir a verla.
—No puedo en este momento.
—Tienes que ver dónde está, saber porque lo hizo.
—¿De que servirá? ¿Calmar su conciencia?
Adrik que había estado sentado en el escritorio se puso de pie, se acercó peligrosamente a mí.
—¿Cuándo le diré que vas a verla?
—En tres días, al medio día.
—Bien, una cosa más —. Clavo sus ojos en mí —Ni creas que siento algo de tristeza, dolor u odio por la muerte de esa... del hijo de Z... Nadie lo hace.
Después de eso me abandono en la habitación, ahora entendía porque nadie, ninguno de mis amigos estaba presente en el hospital o se habían acercado a mostrarme su apoyo. Tuve el presentimiento que era el único imbécil que no sabía lo que estaba pasando a mi alrededor. Volví al hospital, y como pensé los miembros del consejo querían arrancarme la cabeza. Me senté donde había permanecido esos tres días, sentía la tensión en el ambiente.