Nacidos entre las sobras - Sueños Oscuros, Libro 2

Capítulo veintiocho

Muerto.

Los días que había puesto como límite para ver a Alekssandra, habían pasado como un borrón. Entre una cosa y otra, el tiempo había volado. Me dirigí a la casa que estaba ocupando en el Vulpak, no sentía esto como mi "hogar", no esta vez, sentía que yo no pertenecía aquí. Pero no podía irme y dejar las cosas como estaban, sin duda alguien querría hacerle daño a ella o a mi gente, y eso no lo iba a permitir.

Comunicándome mentalmente con los guardianes que había apostado en los calabozos, tanto dentro como fuera del lugar, fue que llegue hasta su celda. Ella... diablos, lucia como ella, como mi anima mea. Quería hacerle mil preguntas, decirle muchas cosas, pero sobre todo cuanto la amaba y la había echado de menos.

—¿Qué tienes que decirme? —le interrogue sintiendo como todo se atascaba en mi garganta.

—Hola, a ti también, yo me encuentro bien... bueno, muerta de frio y ¿Tu?

—El sarcasmo no te va Alekssandra.

—Deja de gruñirme, está aquí porque casi mato a esa perra, pero no es sobre mis acciones de lo que tengo que hablarte

—¿No? — ¿En serio estaba molesta por esto? ¿Qué no reparo a pensar que lo quisiera o no ese era también mi hijo? Sin embargo, lo dejé pasar.

—No, ven.

Me indico que me sentara a su lado, pero tenerla cerca en este momento estaba causando grandes estragos en mi interior. Aun así, entre a la celda y me senté cerca, pero no a su lado.

—¿Telequinesis?

¿Qué pregunta era esa? No pude evitar sonreír.

—No, solo le ordene a alguien que la abriera... es electrónica.

—Oh, sí claro... no todo aquí es magia.

Me gustaría que todo fuera magia, y con ella poder deshacer todo lo que estaba mal entre nosotros.

—No, no lo es.

Espere a ver qué era lo que me iba a decir.

—Tienes que ver esto, yo no puedo percibir los aromás de esos documentos, pero sé que tu si... solo espero que después de que veas todo eso, entiendas mi proceder.

¿Un presente? Pero, no… no era un presente….

Todo lo que había dentro de la caja eran expedientes de ciertos miembros del Consejo, fotos, diarios de seguimiento. Todos las datos que ellos habían estado recolectando, vinculaban a esos bastardos a la Alianza del Este, por lo tanto a los Cazadores.

—En ese sobre rojo, están las fotos y la prueba de que todo lo que esos papeles dicen es verdad.

—Bien —. El aroma que desprendía el contenido del sobre rojo me indicaba que tenía relación directa con los Venántium. —¿Se supone que no percibes los aromás?

Eso no debía pasar de ninguna forma, que un Humano persiviera ese aroma no era buena señal en la mayoría de los casos, implicaba magia y no cualquier magia, magia Licana.

—Ese aroma seguro puede percibirlo cualquiera que tenga una nariz funcional, seguramente es la sangre de Cazador que Z le estaba inyectando al feto.

¡Así, que ella lo sabía! ¿Esa fue la razón que la llevo a atacarlos? ¿Por qué no vino a mí? La vi ponerse de pie y alejarse de mí.

No podía creer lo que estaba viendo, ¿No se suponía que nos habíamos desecho de la Alianza del Este? No, ahora estaban de regreso y estaban jodiendo mi vida de nuevo, quizá debería de rendirme en pelear con ellos y unírmeles... ¿No es lo que dicen sobre si no puedes con el enemigo?

—¿Cómo le harás ver a la manada que esto tiene fundamentos, que no es algo creado?

—Tengo el recuerdo cristalizado de tu padre, el del día del ataque... yo no podía hacer eso, se requiere de una magia que no tengo.

—¿Se lo enviaste al Consejo?

—A los que no están en la lista de "amigos" de Z.

No quería, no podía permanecer cerca de ella sin pensar en tomarla entre mis brazos así que me aleje.

—Yo no puedo sacarte de aquí.

—¿Por qué? Esa puta es la responsable de todo esto.

—Lo sé, pero no te metí en este lugar por que creyera que actuaste por celos o algo más enfermizo. Estas aquí por tu propia seguridad, los del consejo que apoyan a Z quieren tu cabeza, y sé que pasaran sobre cualquier cosa que les diga para tenerte. Después de todo, les quitaste la única cosa que ellos creían les daría el poder sobre los Cazadores.

—¿Qué voy a hacer? No puedo estar el resto de mi vida aquí.

—No lo aras —. Le respondí yendo de ella a Záitsev. —No puedo liberarla, pero si tú sabes de alguien que esté dispuesto a morir por ella, alguien a quien el consejo le tema tanto como a mí... tráelo y que la libere... yo tendré que fingir oponerme a todo lo que ella desee, o necesite. Después de tos, ella mato a mi heredero.

Záitsev solo asintió con su lobuna cabeza.

—Él no podrá ponerse en contacto con nadie, lo sellaron.

—Lo sé, pero yo y solo yo puedo romper ese sello. De modo que todo saldrá bien, ahora debo irme y confirmar todo esto... debo asistir a la autopsia de mi hijo.

—Lamento...

—No Alekss, de haber sabido todo esto.... Yo mismo lo habría hecho.

Esa era una cruel verdad, me acerque a Záisev y desactive el collar, ahora solo era un adorno.

—¿Podrías permitir que mis amigos vengan? Necesito compañía, cosas... no me he bañado en semanas y muero de frio.

—Sí, perdóname... debí ocultarte en otro lado, pero fue el lugar más seguro que vino a mi mente. Ellos podrán venir cuando quieran y les encargare que traigan algunas cosas, que hagan más llevadera tu estancia aquí.

—Gracias.

—¿Recuerdas?

—Todo... ¿Preguntaras como ocurrió?

—Muero por saberlo, pero primero debo reparar esto.

La toque, porque tenía que hacerlo... eran solo migajas, pero las necesitaba para seguir adelante y no ceder. Salí de la mazmorra sintiendo un nudo en mi garganta, me sentía cada vez más furioso por dejarme manipular de ese modo y permitir que las cosas llegaran al punto en donde me encontraba. Antes siquiera de poder llegar a mi oficina, Orlando Hanson me intercepto.

El líder del consejo La Espina Negra, me dio una de las noticias más inesperadas, una que debía atender yo mismo. Había ocurrido una situación "explosiva" entre los Lobos y Humanos y había habido varios muertos de ambos lados, si yo no intervenía, los Humanos comenzaría a atacar a cuanto Lobo encontraran, sin importar que fueran mujeres y niños.




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