Equivocaciones.
Después de abandonar el Vulpak, Tristán no me dio ni tiempo de asimilarlo o llorar, me llevo a una casa franca. Era un lugar en medio del bosque, rodeado de lagos, y montañas. Un lugar que seguramente no existe en los mapas, pero allí estábamos. Me encontraba en la sala de estar, tratando de aclarar las mil dudas que me golpeaban.
—En una hora tenderemos una conferencia con todos los líderes de casas, los líderes nobles, los líderes guerreros y civiles que han decidido apoyarle, señora Vasíliev.
¿Que? Yo solo quería...
—Está bien, aquí estaré.
—Sé que debe estar asustada, pero no lo demuestre frente a los Lobos.
Dicho esto me dejo sola nuevamente, porque la verdad era que no quería estar sola, cada vez que tenía un minuto para mí, lo sucedido con Frederick venía a mi cabeza y la culpa me abordaba de una forma casi brutal. Pero tenía que seguir con esto, no podía echarme para atrás... o ¿Sí?
Después de un rato uno de los Lobos de la casa franca vino por mí, lo seguí hasta una enorme habitación llena de pantallas de tv, monitores de computadora y cámaras. En los que se podían ver muchos rostros de hombres y mujeres. Todos estaban en silencio, no es que necesitaran hablar para estarse comunicando. De entre esos rostros reconocí a algunos de ellos, con los que había convivido, que había visto en el Vulpak. Y la mirada de todos estaba centrada solo en mí, como si esperaran algo... creo que eran respuestas.
Me condujeron a mi lugar, a unos tres del que se encontraba en el centro, podia sentir como me temblaban las piernas. Sentía que mi corazón se iba a salir de mi pecho, los ojos me ardían, sentía que en cualquier momento me iba a poner a llorar.
—¿Por qué deberíamos seguir a una simple humana?
La pregunta de alguno de los Lobos atrajo por completo mi atención a la conversación, Tristán hablaba elocuentemente de los hechos. A su lado Adrik y Aleck explicaban los datos que Tristán no tenía, incluso explicaron las cosas que pasaron hace casi siete años, en casa de Mikahil. Lo del ataque previo a eso, que fue la razón que nos llevó a Rusia. Y muchas otras cosas del pasado, yo quería haber explicado todo, pero me di cuenta de que no tenía voz.
Las preguntas del cómo y los porqués no se hicieron esperar, muchos de los que no tenían conocimiento de algunas cosas seguían incrédulos, otros simplemente estaban en silencio.
—Sé que lo que les he pedido... lo que hicimos pone en riesgo a sus familias y amigos, sé que el haber traicionado a Frederick fue doloroso para todos... pero, esto se hizo por el Consejo, para alejarnos de todos ellos —las miradas de casi todos los presentes se centraron en mí, podia sentir como me sudaban las manos, creo que no esperaban mi interrupción. —Él salvo la vida de toda la manada cuando tuvimos la amenaza de la Alianza, salvo muchas vidas cuando nos atacó la "reina de los Lobos" y siempre estuvo allí para aconsejarnos o para escuchar un consejo nuestro.
—Sabemos todo lo que nuestro señor Frederick ha hecho, pero nadie ha respondido la pregunta. ¿Por qué debemos seguir a una simple humana?
—Si no interrumpiera y escuadra atentamente, entonces quizá podría explicar.
Pude ver la sorpresa en la cara de muchos, creo que fue más por el tono de voz que usé, que por lo que le dije.
—Me disculpo señora Vasíliev.
—Bien, continuando con lo que estaba. Frederick es un líder nato, él no pidió eso, no lo quería, pero siempre estuvo allí cuando se requería. Yo viví cada día de esos, cada minuto a su lado, le ayude a tomar decisiones difíciles... al igual que todos lo traicione, de la peor manera posible. Respondiendo a su pregunta, soy humana, sí. Soy simple, no. Y esto lo sé porque sus dioses decidieron enviar a un espectro para mi protección personal.
Apenas la frase termino de salir de mis labios y las preguntas, y discusiones no se hicieron esperar. Los entendía, entendía perfectamente sus temores, su reproches, todo ello, lo peor es que no podía responder ninguna de sus preguntas puesto que desconocía las respuestas. De pronto todo eso se volvió abrumador, ya no quería pensar, ni estar allí, solo necesitaba...
¡Mierda! Lo necesitaba a él.
Pero no podía acudir a él, yo misma le había roto el corazón por última vez.
¡Oh Frederick, lo lamento tanto!
Sentí las lágrimas salir de mis ojos sin poder controlarlas, esto para ellos se reflejaría como debilidad, pero esta vez me valía un maldito y reverendo pepino. Mis lágrimas eran por todo lo que me había pasado desde que descubrí el secreto del Vulpak, de todas las personas que trataron de alejarme de él, y que al final, la persona que nos separó definitivamente fui yo.
Estaba ensimismada en mis pensamientos, escuchando a lo lejos la discusión, cuando a mi lado paso Záitsev, y se lanzó sobre la mesa gruñéndoles a todos, como el Alfa que solía ser. Eso me trajo de nuevo a la realidad, si permitía que él se mostrara en su forma humana podría ser peligroso, pero quizá solo él pudiera hacerles entender lo que yo no podía.
—No... por favor, no lo hagas —. Me puse de pie, aprovechando el silencio que su gruñido había provocado en la habitación. —No puedes.
Záitsev se volvió a mí, acerco su enorme cabeza lobuna a la mía.