Nacidos entre las sobras - Sueños Oscuros, Libro 2

Capítulo treinta

Padre.

Me desperté un poco desorientado, sintiendo unas muy frías manos recorrer mi pecho. Al girar mi cabeza me encontré con unos labios rosados sonrientes, unos ojos verdes y un cabello rubio.

¿Quién carajos era esta mujer?

Humana, no Loba.

—Buen día querido.

—No.

—¿No es un buen día?

—No soy tu querido.

Ella se sentó dejándome ver su torso completamente desnudo, y me di cuenta porque la había escogido... ¿Anoche?

—Pero...

—Solo fue una noche para distraernos —. La interrumpí levantándome de la cama, me dirigí al baño.

La mujer entro detrás de mí, me abrazo pegando su pecho a mi espalda, dirigiendo su mano a mi sexo.

—Podríamos convertir esta noche en algo más...

—No, no soy de relaciones de dos días.

—¿Pero podríamos pasarla muy bien todo el tiempo?

—No dulzura, tu noche termino. ¿Necesitas transporte o te puedes ir a pie?

Después de que dije eso se alejó como si mi piel quemara.

—Puedo irme sola.

Me metí a la ducha, dejando que el agua caliente se llevara todo. Estos últimos días o meses había estado realmente fuera de control. Lo peor de todo es que lo sabía, y no pensaba hacer nada por detenerme. Salí de la ducha media hora después, y comencé a vestirme. Todo esto era porque no quería pensar, no quería sentir, no quería recordar.

—Seguramente si vemos este lugar con luz negra, será un cuadro abstracto.

De haber sido un gato, habría llegado hasta el techo.

—Záitsev, ¿Qué mierda estás haciendo aquí?

No me sorprendió la ira en mi voz, o el tono en que salieron las palabras de mi garganta.

—Vine a pasar unas vacaciones con mi hijo.

—No me llames así, yo no soy tu hijo.

—Pues según me entere, usas mi apellido ahora.

Solo eso me basto para saltar a su yugular, aunque en realidad sabía que eso ya lo esperaba. De modo que estampe mi puño izquierdo en su estómago, y el derecho en su rostro. Él retrocedió solo un par de pasos, pero no se defendió.

—¿Esto es por darle ideas a Alekssandra o por brindarle los recursos para hacerlo? —lo ataque nuevamente, pero esta vez sí bloqueo y repartió golpes. En un giro que dio, me arrojo lo suficientemente lejos de él.

—¿Cuál es tu coraje Grigori? ¿Qué ella trato de sacarte de su vida cuando no podía recordarte? O Qué tu permitiste que los miembros del Consejo usurparan su lugar, Tu no defendiste a tu alma, a tu compañera, tú le diste la espalda a tu Alfa.

—Yo no...

Con cada palabra que salía de su boca mi ira iba en aumento.

—No tuviste el valor de tomar a tu mujer y mandar a esos hijos de puta a la mierda, tú no le diste opción, tú eres el culpable de lo que te pasa.

Sentía como toda mi sangre se agolpaba en mi cabeza, cerré las manos en puño, dispuesto a destruir todo.

—No, ella me traiciono.

—Tú metiste a una mujer extraña a tu casa, y peor aún la metiste a la cama que compartías con ella, ¿Qué esperabas?

Sentí todas mis emociones incrementarse, no quería aceptar que él tuviera razón. No quería ser su hijo, no quería pensar en que yo fui quien le fallo primero, la culpe por los hombres con los que trato de tener una relación. Llenar el vacío que sentía, porque no me recordaba.

—¡Sera mejor que guardes silencio!

—¿O qué? ¿Vas a matarme? Por favor, te reto a intentarlo.

La furia que sentía estaba a punto de explotar, un cumulo de emociones momentos, todo lo que nos había pasado en los últimos meses. Era algo que no podía contener, mi respiración era ruda, me lastimaba la garganta, sentí cada musculo de mi cuerpo tensarse. Esto iba a pasar tarde o temprano, y no iba a ser nada bonito...

No otra vez.

—¡Basta! —. Grite liberando toda la presión que sentía en mi cuerpo.

La explosión de energía era como un torbellino que levantaba arena de dos colores, esta se entremezclaba, pero aun podían verse el negro y el blanco. Fue expandiéndose alrededor de nosotros a una velocidad vertiginosa, Záitsev de pronto ya no estaba allí. Volví a verlo hasta que todo acabo. Me sentía débil, cansado, muy, muy cansado.

Me dejé caer en mis rodillas, tratando de hacer que mi cuerpo funcionara normalmente. Los pensamientos y emociones que habían estado atacándome, simplemente desaparecieron. Agradecía a los dioses por este descanso de mi vida, así era cada vez que esto había pasado. Záitsev entro en la habitación de nuevo, en las manos traía un vaso de agua.

—¡Mierda! —murmuro Záitsev.

Recorrí la habitación con la mirada, todo lo que una vez había existido allí como la cama, los sillones, el closet, los cuadros, etc. Todo estaba hecho pedazos, como si hubiéramos tomado una motosierra y hubiéramos estado jugando a ver quién sacaba más palillos del mobiliario de la habitación.




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