Confusión.
Mis días han sido confusos desde que Aleck me dijo que me ama. ¿Esperaba eso? No, nunca lo espere ni lo imagine.
Lo cierto es que me confundió su beso, me dejó pensando muchas cosas con sus palabras, pero sobre todo emocionalmente. Antes de volver a la manada salí con muchas personas, quería llenar ese vacío que su ausencia me había dejado. Tuve relaciones largas, relaciones de una noche, incluso relaciones de un solo rato. Ninguna de ellas me brindo lo que buscaba.
El tiempo que pase junto a Aleck, aun compartiendo su mente con un Lobo. Me hacía sentir tranquila, me hacía sentir parte de algo. Muchas noches su sola compañía me hacía sentir que aún era parte del mundo, hacía que el dolor que sentía se alejara. Le tomé mucho cariño, le conté cosas que nadie sabía, cosas que hasta ahora creo a Frederick no sabe de mi pasado.
Sin embargo, él no lograba que ese vacío desapareciera en su totalidad, solo me confortaba. El hecho de que ahora, crea que siete algo por mí me confunde. No quiero lastimarlo, incluso cuando él mismo dice que es consiente que amo a Frederick. La cosa es que no quiero traicionar a uno y lastimar al otro, en el sentido que esto sea.
Todos los días desde esa noche en mi desayuno coloca una rosa negra, no sé cómo lo hace o de donde la trae, pero aquí esta. La acompaña de una carta, un poema o chocolates. Se antepone a lo que necesito, siempre adelantándose, creo que esa es una de las ventajas que él obtiene del vínculo de sangre que nos une. En realidad, esa es una forma de hacer trampa.
En ocasiones su presencia me intimida, pero lo hace por la forma en que me mira, como me toca, cuando coloca su mano en mis hombros o en mi espalda. La forma en que mantiene a los que cree me "molestan" a raya, incluso Adrik lo molesta diciéndole que parece un perro faldero. Dudo que su hermano sepa la mitad de lo que en realidad le ocurre a Aleck, ni yo solo porque ahora sale con eso de que me ama.
—¿Estas lista?
—¿Qué nadie te enseño a tocar la puerta, Aleck?
Se supone que esta tarde me reuniré con la hija de Tristán, ella me entregara una lista de los posibles candidatos para formar un nuevo Consejo. Apenas Salí de bañarme, y ponerme la ropa, antes de que el sabueso este me maté del susto.
—Yo toque.
—No, no lo hiciste.
—Lo hice, pero no escuchaste.
—¡Aleck!
—¿Qué?
Entro a la habitación cerrando la puerta tras de sí.
—Deja de mirarme así.
—¿En qué forma te miro?
—Como si estuvieras viendo un jugoso filete.
Su sonrisa se ensancho ante mi respuesta, en realidad estaba poniéndome nerviosa.
—No era mi intención que te sientas como un delicioso bocadillo—. Se disculpó, pero la arrogante sonrisa que apareció en sus labios, me indico que mentía.
Le di la espalda y me dirigí a mi tocador a cepillar mi cabello, Aleck no abandono la habitación.
—Creo que tendré que llevarte a entrenamiento canino acelerado, tus modales están empeorando, ya te pareces a Adrik.
Sentí un vuelco en mi estómago cuando lo escuché reír.
—Eso dices, pero así te gusto.
Casi me atraganto con mi propia saliva.
—Estas muy impertinente el día de hoy.
—Pero no lo negaste.
¿Qué? ¡Mierda! Tenía razón, no lo había negado lo que dijo. Levante mi rostro al espejo, sentía mía mejillas arder. Me encontré con su mirada atravesó del espejo, estaba en silencio, solo observando mi reacción.
—Aleck... por favor, yo...
—Sé que lo amás, no estoy luchando contra ello. No quiero remplazarlo, ni quiero sacarlo de tu vida.
Sus palabras me pusieron más nerviosa de ser posible, sentía como me temblaban las rodillas, y mi corazón latía más rápido. Sin duda, él también lo sabía. Me puse de pie, tratando de poner distancia entre nosotros, pero en esa habitación era imposible. Me pare frente a la ventana, el sol apenas estaba levantándose.
—¿Qué quieres de mí?
—Quiero que me permitas estar a tu lado, que me dejes entrar en tu corazón, quiero que compartas conmigo el tiempo que tenemos disponible —respondió acercándose a mí.
—¿Cuánto tiempo será eso? No quiero lastimarte, Aleck.
Aleck se paró detrás de mí, rodeándome con sus brazos en un cálido abrazo.
—El tiempo que la vida quiera darnos, el hoy, sin importar el mañana.
—¿Qué pasara cuando él se entere?
—No le temo, si es necesario lo enfrentare.
Me giré entre sus brazos para verlo a los ojos, en esa mirada había la misma determinación que alguna vez vi en los ojos de Frederick.
—No... él puede matarte... si esto será a costa de la vida de alguno de los dos… entonces es mejor que te alejes de mí.
—No.
—Aleck...
—Si quieres que te prometa, que en el momento que Frederick se moleste porque estas a mi lado, no voy a hacerlo.