Nacidos entre las sobras - Sueños Oscuros, Libro 2

Capítulo treinta y cinco

Amores.

Cuando le vi entrar a la casita, casi salto a sus brazos, pero sabía que eso sería un problema por ello me encerré más bajo la chamarra que alguna vez le perteneció. Desde la llamada que le había hecho, donde me decía que él no había sido, estaba aterrada, temblaba de la nada. Tenía miedo de que los Cazadores hubieran encontrado una nueva manera de volverme loca, no quería odiarlo.

Me sorprendió más el ver como sus "amigos" le trataban, eso no estaba bien, nada bien. Pero él siempre estuvo tranquilo, respondiendo lo más calmado posible. Se comportó mil veces mejor de lo que creí, y sobre todo que todos ellos. Cuando por fin accedió a ayudarme, sentí un alivio inmenso. Sabía que ahora todo estaría bien.

Al despertar me encontraba sola en el sofá, envuelta en una manta. Sabía que Aleck había tratado de destruir el puente que nos unía, también que no lo había hecho por mala intención. Supe que había liberado a los Cazadores atrapados en la mente del gemelo, y que los llevo al valle de la muerte, donde esperarían su juicio, finalmente ellos morirían. Según me dijo había sido en gran medida por lo que les había hecho, y el resto lo había hecho él.

Tenía que dejarles muy en claro eso, él merecía respeto.

Me estiré sintiéndome de maravilla, entonces salí de la casa y me encontré con todos allí afuera, excepto Aleck. Iris corrió a rodearme con sus brazos, enterrando su cabeza en mi cuello.

—Pensé que esos malditos habían vuelto —susurro.

—Lo hicieron, pero él los ha liberado.

Los jadeos fueron sonoros, todos sabían que solo había una forma de liberar a un Venántium.

—Lo importante es que estas bien —dijo Patricia abrazando a Dimitri.

—¿Dónde está Aleck?

—Lo llevamos a una habitación en el castillo, esa pequeña que acompañaba al señor Záitsev lo dejo "en coma", él insistía en entrar para asegurarse de que estabas bien, pero ella se lo impedía. Trato de apartarla usando su magia, pero ella le dio una golpiza tremenda, nadie se metió porque ella ni siquiera se esforzó —dijo Cross señalando el castillo.

—¿Dónde está él?

—Apenas termino, se fue.

Ok, eso dolió y mucho. Solté a Iris y comencé a caminar en dirección al castillo dispuesta a encontrar a Aleck, pero cambié de idea.

—Quiero a todos los que me acompañan en la biblioteca, y asegúrense que el señor Aleck Slavik está allí de pie.

Sin esperar respuesta seguí caminando, me dirigí al área de sanación. Buscando a alguien, quería simplemente quería hablar. Necesitaba sacar todo esto de mi sistema, necesitaba llorar por lo que tuvimos. Por todo aquello que añoraba y no sabía si algún día podría tener de nuevo o recuperar, quizá de todos en este encontraría a alguien que me entendería.

Cuando llegue a un "consultorio" la Sanadora estaba viendo una película, en la pantalla el protagonista le rompía el corazón al galán, dejándolo por otro aun cuando le amaba, solo porque esto era lo que salvaría a su familia. Sentí un vuelco en mi corazón, no me percate que lloraba y la imagen de la pantalla se congelo, hasta que ella me rodeo con sus brazos y me hizo entrar a la habitación.

Después de no sé cuánto tiempo por fin me tranquilice lo suficiente, como para poder secarme los ojos y limpiar mi nariz.

—Perdóname, es que...

—Tenía que dejarlo salir o estallaría de otra manera, no tiene nada de que disculparse.

Me tomo por sorpresa su tono cariñoso, era igual al de una madre consolando a su hijo.

—Es que es tanto, que no sé por dónde comenzar.

—¿Puede ser desde el principio?

—Bien...

Cuando termine de hablar no solo mis ojos estaban llenos de lágrimas, también los de ella. Nos quedamos en silencio por un largo rato, tenía que darle tiempo para que procesara todo lo que le había revelado, lo bueno, lo malo, lo agradable y lo que no. Cuando sentí que estaba lista para decir algo, tres golpes en la puerta nos interrumpieron.

—Adelante mi señora —dijo la Sanadora.

La puerta se abrió y entro Verona, la Oscura.

—Dhoti ¿Puedo hablar con la señora Vasíliev?

—Claro, la veré después señora.

Sin decir más Dhoti nos dejó solas.

—Sé que lo que paso esta noche estuvo mal, sobre todo por el hecho de cómo le trataron. Pero debes comprenderlos, ellos...

—No, la forma en que ellos le trataron no tiene disculpa alguna. No importa si están en sus días, si lo que comieron les hizo daño. Nada justifica que le odien, solo porque nosotros lo traicionamos, fuimos nosotros los que fallamos, nosotros le hicimos un daño terrible. Él pudo eliminarnos a todos, como los traidores que éramos, y sin embargo nos dejó marchar.

—¿Por qué no les dices eso? —dijo medio interrumpiendo mi respuesta.

—Ellos no tiene derecho a... ¡Espera! ¿Qué?

—Recuérdales lo que Grigori hizo por ellos, lo que les unió como una familia, que ahora está pasando por una de sus más severas crisis.

—Pero no recuperaremos eso jamás.




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