Direcciones.
Después de dejar a Alekssandra en territorio de Verona, nos dirigimos al avión. Meylan iba inusualmente callada, era extraño ella siempre estaba parloteando sobre algo o alguien. Pero esta vez iba en silencio, toda ella parecía haberse retraído hacia su interior.
—¿Por qué noqueaste a Aleck?
No hubo respuesta, subimos al avión y este se puso en marcha un par de minutos después.
—Señor, ¿Por qué usted y la señora Vasíliev no tiene un vínculo de sangre?
¿Primero no habla y ahora sale con esto? Mejor que se quede callada.
—Porque no quise atarla a mí, en ese omento las cosas estaban mal en la manada y después de lo que había vivido con Gabriel, no quería que se repitiera la historia con ella.
—¿Puedo saber cómo es que tiene un vínculo con ese Lobo?
—Una bruja lo hizo, ellos no fueron consientes. ¿Por qué?
—Solo curiosidad.
Sabía que estaba mintiendo, pero lo dejé pasar.
—¿Había necesidad de que noquearas a Aleck?
—Si.
—¿Por qué?
—Porque no entendía que debía quedarse fuera, quería interrumpir la sanación de su propia Alfa y eso lo pone en riesgo a usted, no podía permitirlo bajo ningún concepto.
—Gracias, pero, ¿Por qué estas tan callada?
—Solo no tengo ganas de hablar.
—Meylan, sin utilizar mi poder en ti... ciento una perturbación en ti, ¿Qué ocurre?
—No lo sé señor, pero en cuanto lo descubra será el primero en saberlo.
—Bien.
Después de eso no dijimos más, al volver a casa dormimos un poco y comimos algo. Nos reuniríamos con el resto para la selección final del consejo, para ello sería necesario reunir a la mayoría de los miembros de la manada. Sobre todo a los que habían pasado la segunda selección, y que eran potenciales miembros de un consejo que en sí mismo daba miedo tener.
Estábamos reunidos en la oficina de Ewha, quien no estaba muy feliz de estar compartiendo su oficina porque constantemente estábamos interrumpiéndolo.
—¿Ya tiene una idea de cómo aran esa última selección?
La pregunta de Ewha atrajo nuestra atención, no aun no teníamos idea.
—Sabes bien que no.
—Mi Luna me dio una idea.
Luna, su esposa y compañera de vida.
—¿Qué idea? —interrogo Meylan.
—Hacerlos que participen en un Circulus deorum.
El silencio en la sala era sepulcral, en siglos no se había vuelto a usar el Circulo de los Dioses.
—Si uno de ellos falla, será no solo su fin, será el fin de toda su descendencia— comento Ty, con miedo en su voz.
—Sí, que sepan que si le fallan a la manada perderán más que un título.
La frialdad en las palabras de Ewha me tomo por sorpresa.
—Estás hablando de niños, mujeres inocentes —reprocho Meylan.
—¿Todos los que murieron a manos de Isidro y su maldito consejo no eran inocentes? Una traición así merece un castigo igual.
—En realidad es la mejor idea que se ha dado para esta última etapa, y creo que Ewha tiene razón. De modo que así será, se enfrentarán al círculo de los dioses.
Una vez que di la orden, comenzamos a preparar las cosas para ese evento, no se les revelaría nada hasta solo unos minutos antes. Porque era la mejor forma de asegurarnos que irían, que no renunciarían antes de comenzar. La idea de Ewha muchos la tomarían como algo terrible, pero era lo mejor. No jurarían por mí, por ellos, tendrían que hacerlo por la manada.
El mismo coliseo que se había utilizado para la noche de SAN Isidro, se utilizaría en esta ocasión. En el centro del escenario se colocaría el círculo de los dioses, este ritual era distinto al que hubimos hecho. En este caso si requeriríamos de sangre, de nuestra sangre para hacer el llamado, y sobre todo para que sirviera como tributo a los siete dioses.
Mi temor se acrecentaba conforme pasaban los días, ellos todos en mi manada eran Lobos. Yo, no por lo menos no en una forma decente. ¿Qué pasaba si los dioses rechazaban mi tributo? ¿Qué pasaría si ellos me rechazaban? Si, quizá a estas alturas era absurdo tener miedo, pero eso no evita que lo sienta.
Todo el mundo estaba emocionado por el evento, se aria el próximo fin de semana que coincidía con la luna nueva. En realidad este tipo de círculos no importa la hora del día, o el lugar para conjurarlo, pero dado que para nosotros la luna representa más que un cometa, pues decidimos que sería ese día.
En el escenario del coliseo se instalaron los siete pilares o megalitos de hielo negro, en realidad eran de cristal tintado, pero eran antiguos, enormes y pesados, muy pesados. Cada pilar terminaba en una cúpula puntiaguda, vistos juntos como deben estar era algo maravilloso. En el suelo como dicta la tradición de los dioses, los pilares se unen con un círculo de sal. Dentro de este se dibujan los símbolos de cada uno de los dioses, estos irán cubiertos por un tipo de acrílico líquido, donde se endurecerán y quedarán para la posteridad... creo.