Nacidos entre las sobras - Sueños Oscuros, Libro 2

Capítulo treinta y ocho

Tiempos.

Encuentro primero.

Todo el maldito día estuve sumamente nervioso, no es como si el verla me volviera loco. Era el hecho de que alguien de la manada pudiera rastrearla, o que el idiota retrasado novio que tiene la siga. Yo no podría detener a los Lobos, de querer arrancarle la piel. Y estaba seguro como lo que era, que yo no me iba a detener para arrancarle la cola de un mordisco.

Eso me ayudaría a mantener mis manos limpias...

Apenas pude me desaparecí, dejé clara la advertencia de que nadie podría estar a kilómetros de esa propiedad, si se acercaban lo sabría. La casa había sufrido modificaciones, que yo había mandado hacer. Por dentro había dejado de ser igual, lentamente el rastro de los Von der Rosen estaba desapareciendo. Por el momento no sabía si conservaría esa propiedad, quizá sólo era mejor deshacerse de todo lo que me seguía haciendo ser Frederick.

Mis pensamientos fueron cortados por el sonido de la puerta principal, seguido de unos pasos que llegar o a la sala de estar. Yo sabía que era ella, su aroma era más dulce de lo que recordaba, pero percibía una nota discordante. Tuve que luchar contra todo lo que soy para no sacar mis garras y, destruirlo todo.

—¿Podrías evitar tener sexo con tu novio cuando vengas a verme?

Mi pregunta salió más brusca de lo que pretendía, al notar su silencio es que decido volverme para verla.

—No planeaba incomodar a nadie con mi vida personal, si tanto te molesta tapa tu nariz.

—¿Qué? Me rompes el corazón y después vienes a entrellarme en la cara tu "idilio ", ¿Puedes ser más prudente?

—¿Tu hablando de prudencia? Por lo menos yo no te envío fotos, lo que tú hiciste. Con cuatro o cinco mujeres distintas, eres un cínico.

—¡Hey! Yo era el herido, no tú.

Sus mejillas se tiñeron de rojo.

—De acuerdo, lo lamento. Podemos comenzar de nuevo, por favor.

—Ok.

Ella camino hasta colocarse frente a mí.

—Hola Grigori.

—Hola Alekssandra.

—¿Podemos comenzar?

—Toma asiento.

Le indiqué señalando el sillón tras ella, yo me senté lo más alejado posible, me era muy difícil no saltar sobre ella.

—¿Cuál es tu plan Alekssandra?

—Que me ayudes a detener el tiempo en mi cuerpo.

—¿Inmortalidad?

—Si eso me da el tiempo para estar con los míos, sí.

—¿Cómo pretendes que are eso si estas saliendo con ese callejero?

—¡Aleck no es un perro callejero!

—Yo no le dije "perro".

—¡Basta Frederick!

Bien eso si rompió mi estado de tranquilidad.

—Le recuerdo que ese no es mi nombre, señora Vasíliev, por favor respete eso... o ¿Le gustaría que yo le llamara por otro nombre?

Ella se sonrojo visiblemente, y seguramente era más por enojo que por pena. Yo sentía que esto era una muy mala idea a varios niveles, pero era algo que tenia que hacerse, ella no tenia él tiempo que nosotros teniamos.

—Bien, señor Grigori. Pero usted respete mi relación con....

—Ni de broma —la interrumpí.

—¿Perdón?

—No corazón, aun no te perdono, pero no voy a respetar que te revuelques con es callejero, solo porque tienes que entretenerte con alguien mientras no me tienes en tu cama.

—¡Eres un...

—¿Hijo de puta? —la interrumpí de nuevo. —Sí, pero no viniste a hablar de mí, ¿Por qué te urge hacer el cambio?

—Bipolar... porque... siento que algo está pasando dentro de mí, y no puedo detenerlo.

Ok, momento de ponernos serios, la forma en que lo dijo me alarmo.

—¿Qué cosas, Alekss?

—Todo comenzó cuando ataque a la Zorra esa.

—¿Qué ocurrió?

—Yo estaba desarmada, y solo pensé "necesito algo para defenderme" y una daga tintada apareció en mi mano, estaba caliente al tacto.

Todo esto gritaba "PON TU MALDITA ATENCIÓN EN ESTO"

—Alekssandra, ¿Ocurrió algo antes de ese evento?

—No, nuca... Aleck... cuando estaba en coma, el día en que recordé todo, Aleck vino a mí. Me ayudo a romper las barreras de los Cazadores desde dentro, después me transfirió parte de su poder.

—¿Él hizo qué?

No quería gritarle, ella no era la culpable, pero esto era una estupidez. Aleck, solo la puso en peligro, y era un serio peligro, esto la llevaría a la muerte en poco tiempo.

—Me transfirió poder —respondió en un hilo de voz.

Su miedo fue como un balde de agua helada, me senté junto a ella tomando su mano.

—Existe una razón por la cual los Humanos carecen de magia o poder, y Aleck lo sabía.

—¿Cuál es?




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