Nacidos entre las sobras - Sueños Oscuros, Libro 2

Capítulo treinta y nueve

Destino.

Era la décima vez que me reunía con Grigori, toda la casa olía a incienso y plantas extrañas. Era un gusto dulce, amanerado, y en ocasiones floral, era como si fuera una combinación de tres aromas. Pero era un aroma delicioso, los contra, se me impregnada en la piel. Habíamos estado drenando energía, en cada ocasión era más rápido. Me sentí bien, pero no me sentía como yo. Según me había dicho, las cosas para mi conversión a estaban casi listas, de modo que dentro de poco sería uno de ellos. Eso me aterraba, ¿Qué pasaría si todo salía mal?

Mal era el lugar donde me encontraba en este momento... a horcajadas sobre la cadera de Grigori, con mis manos en su pecho y mis labios tocando los suyos. De pronto me empujo, haciéndome caer sobre la colchoneta de entrenamiento.

—¿De qué se trata esto? ¿Acaso te deja insatisfecha?

Sentí como mis mejillas se tiñeron de rojo.

—No va de eso Grigori, solo quería...

—¿Qué querías comprobar Alekss? Querías saber si aún me pones caliente? Sabes malditamente que sí, no entiendo…

—Solo quería volver a sentirte... te echo de menos todos los días, más cuando estoy con él.

Ok, eso no debí decirlo. Me puse de pie, acomodando mi ropa.

—Alekssandra, debes entender dos cosas. La primera, si vuelves a estar conmigo... no pardas volver con él. La segunda, si te permito hacer el amor conmigo y volver con él, te estoy rebajando a mi nivel.

—Entonces no volveré con él.

La expresión en el rostro de él me desconcertó, era neutra, no había emoción alguna.

—¿Le aras saber tu decisión?

—Si.

—No voy a tolerar que estés con otro al mismo tiempo.

—Yo tampoco, y mira que tienes esa maldita costumbre. Primero Patricia y luego esa Zorra.

—Lo lamento.

—Eso ya quedo en el pasado, lo importante aquí es el presente.

Grigori avanzo los pasos que nos separaban, estaba solo a un par de centímetros de mí.

—¿Quieres comenzar de nuevo conmigo a tu lado?

Sentí como los latidos de mi corazón se aceleraba, mi respiración comenzó a ser desigual. Tenía una sola cosa clara, amaba a este Lobo con todo mí ser. Habíamos pasado demasiadas cosas juntos, ambos habíamos tomado decisiones equivocadas, que nos llevaron a donde estábamos hoy.

Sentí una punzada en mi abdomen bajo, toda la semana había tenido molestias. Quizá algo de lo que comí me hizo daño, pero esto me sirvió para recordar algo.

—Entiendo que no quieras, finalmente solo soy una comezón que deseas rascar.

La molestia en su voz me hizo volver a la realidad.

—No Lobito bobito, no estoy negándome. Solo me duele un poco el estómago, creo que algo que comí me sentó mal.

—¿Quieres que te lleve con los Sanadores?

—No, solo es un dolor ligero de estómago.

—Espera... ¿Me dijiste Lobito bobito?

—Eh... ¿Sí?

—¡Eso es peor que si me hubieras dicho Fredy!

—¡No!

Ambos comenzamos a reír, cerro los últimos centímetros entre nosotros y me abrazo. Escondió su cabeza en mi cuello, apretándome a él. La sonrisa murió cuando sentí sus labios en mi cuello, fue dulce, delicado. Su respiración se hizo más profunda, sus manso se volvieron más posesivas. La tensión entre nosotros era eléctrica, siempre bastaba una chispa para comenzar el fuego.

—Di que eres mía, Alekss.

—Lo diré, solo si vuelves a ser Frederick... aunque sea solo para mí.

Me libero de su abrazo y se alejó un poco de mí.

—Lo lamento Alekss, no puedo volver a ser él.

—¿Por qué?

—Por que como Frederick, perdí demasiadas personas que eran importantes, la gente que amaba tomo decisiones sobre mi vida, y porque no es quien soy... Mi padre Grigori y mi madre Henrriette me llamaron Grigori, creo que es tiempo que sea ese hijo que no tuvo oportunidad de ver crecer, meter la pata y convertirse en Alfa.

La tristeza en su voz atrajo mi atención, tenía razón en todo lo que había dicho, la gente que él amaba lo había traicionado, tomando decisiones por él. De igual forma había perdido, era justo que le permitiéramos tener el reinicio que necesitaba. Pero eso sería perder una parte de le hombre que conocí, ¿No?

—Bien... entonces deberé conocerte como Grigori. Pero sin importar como te llames, siempre he sido tuya.

Esta vez yo me acerque a él y lo abrase, tuve que pararme de puntitas para alcanzarlo, uniendo mis labios a los suyos. El me tomo por la cintura y me levanto, rodee su cadera con mis piernas y el me sostuvo por el trasero. La ropa de deporte que traíamos me dejaba sentir la piel de sus brazos, eran suaves y musculosos.

Hice un camino de besos desde sus labios hasta su cuello, me encantaba besarlo en esa zona, se le erizaba cada bello de su piel.

—Corazón, si sigues haciendo eso, no llegare a la habitación... y tengo la intención de estrenar esa cama contigo.




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