Nacidos entre las sobras - Sueños Oscuros, Libro 2

Capítulo cuarenta

Promesa.

Alekssandra se había quedado dormida después de tanta tensión emocional, había sido una mañana reveladora. Row y ese tal Aarón estaban sentados en la sala, Yurik y Meylan no tardaban en llegar. Baje las escaleras y me reuní con ellos, el chico me veía con curiosidad, como si me estuviera analizando, o fuese un bicho raro.

—¿Qué? —le gruñí sentándome junto a Row.

—Disculpe señor Záitsev, es solo que...

—Habla niño.

—Soy más viejo que usted señor.

—¿Qué tanto?

—Casi tengo la edad de Yurik.

Eso si que me sorprendio, el tipo se veia mucho mas joven que yo.

—Bastante viejo… pero ¿Qué ocurre?

—Cuando Aleck se entere, ara todo lo posible por aléjalo de la mi señora. Incluso será capaz de volver a la manada en su contra, alegando que usted "abuso" de la fragilidad de ella.

Sus palabras hicieron que la sangre se subiera a mi cabeza, destrozaría a Aleck antes de que se acercara a ella.

—Debe dejarla ir, solo por el momento.

Volví mi rostro para ver a Row.

—¿Cómo puedo hacer eso? Ella lleva en su vientre a mi hija.

No supe de donde salió es, pero fue una certeza. Y nadie me iba a hacer que cambiara de idea, ella era mi cachorrita.

—¿Pretende unir a la manada de nuevo? ¿Después de todo lo que ha pasado?

—No, la manda... no va a unirse de nuevo, aun cuando pasen siglos. Ustedes son lo mejor de nosotros, quitando a Aleck de la ecuación.

Los tres reímos un poco aligerando la tensión.

—Mi niña Alekssandra no querrá irse de su lado.

—Lo sé, yo no puedo dejarla ir Row... hemos pasado por tanto, la amo... ellas son mi vida entera.

—Pero tendrá que hacerlo, por el momento... quizá exista la manera de que ella vuelva con usted, sin afectar a las mandas. He incluso, puede que sepa como romper el vínculo de sangre entre ellos.

—¿Sabes del vínculo, Aarón?

—Sí señor, Aleck me lo contó hace tiempo.

Bien, eso facilita las cosas.

—¿Cuál es tu plan pequeñín?

El plan de Aarón era complejo, he involucraba a personas que no debían saber de él. Pero sobre todo, se requería que Alessandra no se enterara. Eso sería romperle el corazón una vez más, pero eso era algo que no estaba dispuesto a hacer... había una manera de hacerle saber las cosas, pero para ello tendría que usar mi lado Cazador, sumergirla en uno de esos sueños oscuros. Lo que iba a hacer no sería doloroso para ella, ni peligrosos, pero... ¿Qué pasaría conmigo cuando accediera a esa parte de mí que he mantenido oculta?

¿Cómo volvería si no logró mantener esos demonios en su lugar?

Finalmente, cualquier sacrificio valía la pena por ellas, no sé cómo es que tengo esas certeza, pero sé que así es. Záitsev no ha abandonado la habitación donde está Alekssandra, está dormido al pie de su cama. Se que tiene sus sentidos alerta, no hemos hablado, pero ahora más que nunca debía quedarse con ella.

Decidí pasar las últimas horas con ella, Row y Aaron estuvieron de acuerdo en esperar a Yurik y Meylan. Subí a la habitación, Alekssandra aún estaba durmiendo. Záitsev volvió a su forma humana, se veía molesto.

—¿Vas a apartar la de tu lado, verdad?

—Es necesario.

—Eso es una mierda, ella es tu mujer y esos son tus hijos.

—Lo sé.

—No te entiendo, este es el momento perfecto para volver con ella, a ella —me grito.

—No si sigue atada a Aleck, ella debe estar a mi lado, pero no con una cadena en su cuello que tira en otra dirección.

El semblante de mi padre no cambio, él estaba furioso.

—Esas son...

—Él no la dejara libre, sin importar que se compruebe que ese bebe es mío... ese vínculo con ella lo volverá loco, y la arrastrara a su locura.

—¿Lo mejor será dejarla ir a su lado?

—No —respondió Alessandra, un tanto adormilada, la conversación la había despertado.

—Los dejare para que hablen.

Záitsev salió de la habitación, pero se quedó detrás de la puerta, odia ver la sombra de su cola.

—No vas desacerté de mi como si fuera un perro.

—No amor, esto es más complicado.

—No, no lo es... yo abdicare.

—¿A favor de quién? Adrik con una unión de la que nadie debe saber hasta que ella sea mayor, o de Dante, cuya propia mujer, muchos creen que aún es Latente. ¿Aleck?

—Ok, en este momento no...

—Sí, algún día. Primero aremos la conversión de ustedes —le dije mientras me sentaba a su lado y ponía la mano en su abdomen. —Dejaremos que él crea que tiene el control, debes permitirme encontrar la manera de romper el vínculo que los une y que ambos salgan vivos.




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