Despertar.
Me siento distinta, y es porque soy distinta. Siento la energía, el poder en mis venas. Es un poder único, escucho murmullos a mí alrededor, pero no sé de qué se trata. No quiero hacer caso, solo quiero, necesito aprender de este poder. Es tal, es tanto que siento que puedo destruirlos a todos... puedo destruirlos a todos.
Pero algo está pasando, ciento una fuertes presión en mi cerebro... es él. Por él estoy aquí, es el único motivo por el que hice todo esto, siempre ha sido él. Desde que supe de su existencia, siempre ha sido él, y es mío. Destruiré a cualquier ser que intente quitármelo, es por él que estoy aquí siempre será solo por él. Los aromas que llegan ami nariz me confunden un poco, lavanda, rastros de humedad del jardín, el aroma de cada flor fuera de la caza.
Puedo escuchar el latido de cada corazón que esta ami alrededor, algunos laten con demasiada fuerza, hacen demasiado ruido. Mi piel se siente extraña, la sabana al rose de mi manos, es algo que no puedo definir, esa poniéndome nerviosa. Eso hace que sienta como se esta despertando algo, una corriente en mi interior, algo visceral, hay algo que debo proteger, pero no se que es...
—Alekssandra mírame— Esa no era su voz.
¿Qué? No... yo...
—Anima mea, mírame.
Oh si, estaba a mi lado, el seguía aquí.
Alguien tomo mi brazo, pero su tacto era distinto, no era él. De un impulso salte a su yugular, podía ver como se marcaba a través de su piel, como si sus venas se pintaran sobre su piel clara. Pero no pude llegar a este, unos fuertes brazos me sostuvieron, eran como grilletes que me inmovilizaban.
—Los destruiré, los destruiré a todos...
—Duerme.
La orden fue tan clara y tan fuerte dentro de mi cabeza, que segundos después todo se puso negro.
Treinta y siete horas antes .
Me siento muy nerviosa, en un par de horas nos reuniremos con Grigori y su gente para la conversión, pensé que este día no llegaría. Esto cambiara mi vida y la de ambas manadas para siempre, ya no vivirán con él temor de perder a su compañero por el tiempo. Por el momento será un secreto, pero lo aremos público, solo entre nuestra gente.
Eso fue lo que acorde con él, es que no era una situación fácil, decirle al mundo que los Lobos tienen el secreto de la longevidad, que la "inmortalidad" era algo posible. Eso solo pondría en riesgo a muchos de los Lobos, pero sobre todo a los Humanos, aunado él hecho de que esto solo lo podía realizar el Alfa descendiente de la línea original.
Aunque no entiendo bien eso, Yurik es primo de Grigori, ¿No debería ser descendiente en línea directa del padre de los Lobos? Adrik quiso explicarme eso, pero no entendí una sola palabra. Salvo, poder, sangre, elección, vida y muerte... pero no en ese orden, ni en ese contexto.
En fin, estoy en la biblioteca, acabo de cortar la llamada que tenía con Grigori. Todo por culpa del perro de Aleck, se está volviendo un fastidio desde que supo lo del embarazo. Hasta quiere escoger los nombres, ¿Qué no sabe que mi bebe ya tiene nombre? ¿Qué ese nombre se lo dio su padre? No, no lo sabe, y en ocasiones quiero gritárselo.
—Después de la conversión llevaremos a cabo la ceremonia de vinculación, para que nuestros hijos crezcan en un círculo familiar estable
¿Qué demonios dijo? ¿Qué ceremonia?
—Espera, ¿Por qué demonios tomas decisiones sin consultarme?
—Es lo que se tiene que hacer Alekssandra.
—No, no es lo que se tiene que hacer.
—Los Lobos no aceptaran a una madre soltera.
—¿Disculpa? ¿Dijiste los Lobos o esto es por ti? ¿Qué carajos te ocurre Aleck?
—Lo lamento, no era mi intención que eso se escuchara así, pero respetan más a una pareja que a un Lobo solo con cachorros.
—Si seguramente son Humanos hablando y no Lobos cuidando de los suyos, porque eso se escuchó como algo que hace mi raza, no la tuya. Y no voy a vincularme contigo, aun cuando de ello dependa mi vida o la de mis hijos.
—¿Los pondrías en riesgo?
—Destruiré a cualquiera que les toque un solo pelo, pero no me voy a sacrificar a vivir a tu lado por nadie.
—Escúchame bien niña tonta...
—Respeta a mi señora o yo mismo cortare tu garganta.
La orden letal salió de los labios de su propio hermano, Aleck se quedó callado y salió de la habitación.
—En ocasiones no reconozco a mi hermano —. Respondió entrando a la habitación.
—La vida lo ha cambiado.
—Si, en alguien que ni él mismo reconoce.
—Temo por mis hijos a su lado, no lo quiero cerca de ellos.
Le confesé mientras él serraba la puerta de la biblioteca, dándonos privacidad.
—No son de mi hermano, ¿Verdad?
¿Qué caso tenía mentirle a Adrik?
—No.
—El padre es él, ¿Cierto?
—Si.
—Aleck debería saberlo.